
El Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) ha vuelto a encender las alarmas sobre la seguridad nuclear en Europa. Su director general, Rafael Grossi, anunció este viernes que se encuentra en negociaciones con las autoridades de Rusia y Ucrania para restablecer el suministro eléctrico externo en la central nuclear de Zaporizhzhia, la mayor de Europa, que lleva diez días funcionando únicamente con generadores de emergencia.
Grossi explicó que existen propuestas “detalladas” para reparar la infraestructura dañada. “Ambas partes han dicho que están preparados para llevar a cabo las reparaciones necesarias en sus respectivas partes de la línea de frente. Pero para que esto ocurra, la situación de seguridad en el terreno debe mejorar para que los técnicos puedan llevar a cabo su trabajo vital sin poner en peligro sus vidas. Estoy en continuo contacto con altos funcionarios rusos y ucranianos para alcanzar este importante objetivo tan pronto como sea posible”, declaró.
Dependencia de generadores y riesgos de seguridad
Desde el 23 de septiembre, la planta opera desconectada de la red eléctrica tras la caída de la última línea de 750 kilovoltios en la zona controlada por Rusia. Se trata de la décima interrupción desde el inicio de la invasión rusa en febrero de 2022, aunque, según Grossi, esta pérdida de energía es “de lejos la más duradera”.

Actualmente, la central obtiene energía de ocho generadores diésel de emergencia que garantizan funciones críticas como la refrigeración de los reactores y el combustible nuclear. Otros doce generadores permanecen en reserva y hay suficiente combustible para al menos diez días, con suministros adicionales llegando a diario. Grossi señaló que, por el momento, estos sistemas están funcionando “sin problema” y con “abundante combustible de reserva”.
Sin embargo, el director general advirtió de la gravedad de la situación: “Para la seguridad nuclear, esta es una situación muy grave. Pido a ambas partes que hagan lo necesario para prevenir un empeoramiento mayor. Es una cuestión de voluntad política, no de si es técnicamente posible, que lo es”.
Aunque los seis reactores de Zaporizhzhia están apagados desde 2022, el peligro de una pérdida total de energía persiste. Sin refrigeración, el combustible nuclear podría sobrecalentarse y desencadenar una fusión con liberación de radiactividad, un escenario que Grossi calificó como inaceptable.
La central, en poder de Rusia desde marzo de 2022 y ubicada en una zona de intensos enfrentamientos, se ha convertido en un punto crítico del conflicto. Las autoridades ucranianas y rusas suelen cruzarse reproches sobre ataques en las inmediaciones de estas instalaciones, donde hay de forma permanente un equipo de expertos del OIEA. La actual desconexión se produjo tras daños causados por actividad militar a apenas 1,5 kilómetros de la planta.
(Con información de EFE/EP)
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