
Donald Trump volvió a ponerle fecha límite a la negociación para finalizar la guerra en Ucrania. El presidente de Estados Unidos declaró este jueves que, en un plazo de dos semanas, espera que quede claro si los esfuerzos diplomáticos en curso pueden abrir un camino hacia la paz.
“Lo sabremos en dos semanas, de una manera u otra”, dijo en una entrevista con el programa The Todd Starnes. “Pasado ese tiempo, quizás tengamos que adoptar un enfoque diferente”, añadió, sin precisar qué significaría ese giro.
El mensaje, emitido tras varios días de intensa actividad diplomática, reitera un recurso retórico recurrente en Trump: la fijación de plazos cortos para resolver crisis complejas. Ya en mayo había anunciado un horizonte similar para evaluar la disposición de Vladimir Putin a negociar. En ambos casos, las promesas se han diluido sin resultados tangibles, mientras la guerra iniciada en febrero de 2022 continúa devastando Ucrania.
Las palabras de Trump llegaron después de una reunión con Putin en Alaska, el pasado viernes, y de un encuentro el lunes en la Casa Blanca con el presidente ucraniano Volodímir Zelensky y un grupo de líderes europeos. El encuentro en Anchorage fue el primero que el mandatario ruso mantenía en territorio occidental desde el inicio de la invasión, y, pese a las expectativas, no produjo avances concretos. El Kremlin exige que Ucrania ceda territorios ocupados, como Donetsk y Crimea, una posición rechazada de plano por Kiev.
Zelensky, al salir de su cita en Washington, acusó a Moscú de eludir el diálogo directo. “Rusia está tratando de evitar la necesidad de encontrarse, no quiere acabar con la guerra”, afirmó. La respuesta rusa, en cambio, buscó culpar a Kiev: el Kremlin denunció que Ucrania solo busca “garantías de seguridad incompatibles con nuestras demandas”. Este cruce revela lo que ya es evidente para la comunidad internacional: el obstáculo principal para cualquier acuerdo sigue siendo la negativa de Moscú a abandonar sus pretensiones territoriales.
Trump, fiel a su estilo, osciló entre el lenguaje diplomático y las insinuaciones de presión militar. Al mismo tiempo, alentó a Ucrania a pasar a la ofensiva: “Es muy difícil, si no imposible, ganar una guerra sin atacar a un país invasor”, declaró.
En Europa, los intentos de encarrilar la cumbre de Washington derivaron en discusiones sobre las garantías de seguridad que Ucrania exige como condición mínima para cualquier paz. Varios líderes defendieron que se establezca un esquema similar al artículo 5 de la OTAN, donde un ataque a un miembro es considerado un ataque contra todos.
El trasfondo es una guerra de desgaste en la que Ucrania, pese al apoyo occidental, sigue pagando un precio desproporcionado. Según Naciones Unidas, millones de desplazados internos y cientos de miles de víctimas marcan el costo humano de la invasión. Rusia, lejos de actuar como un interlocutor dispuesto, ha intensificado sus ataques contra infraestructura energética y zonas civiles, en violación del derecho internacional humanitario.
El Kremlin insiste en presentar sus operaciones como “defensivas”, pero la realidad es la ocupación de territorios soberanos y el uso del hambre y el frío como armas de guerra.
Mientras tanto, en Washington, legisladores republicanos y demócratas han coincidido en que cualquier acuerdo que sacrifique la integridad territorial de Ucrania sería inaceptable.

Sin embargo, el presidente estadounidense plantea el riesgo de ofrecer concesiones a Putin en un momento en que la presión internacional debería concentrarse en responsabilizar a Rusia por crímenes de guerra y en reforzar el apoyo militar a Kiev.
En Moscú, en tanto, la propaganda oficial insiste en presentar a Putin como un líder dispuesto al diálogo, aunque siempre sobre la base de hechos consumados en el campo de batalla. Esa estrategia busca ganar tiempo, consolidar la ocupación y desgastar la voluntad de los aliados occidentales. Ucrania, consciente de ello, rechaza de plano cualquier negociación que implique renunciar a su soberanía.
El presidente Zelensky lo resumió con crudeza al recordar que Rusia no ha mostrado señales genuinas de detener la guerra: “No quieren la paz, quieren legitimarla a su manera”, dijo tras la cumbre en Washington.
La dinámica que se abre ahora es incierta. Si en dos semanas no hay avances, Trump podría optar por endurecer la presión. Rusia, por su parte, parece dispuesta a prolongar la guerra mientras perciba que puede resistir las sanciones económicas y mantener la iniciativa militar.
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