
Los gobiernos de Tailandia y Camboya acordaron reunirse el lunes en Malasia para buscar una salida negociada al enfrentamiento armado que mantienen desde hace cuatro días en su frontera compartida, según anunció el domingo el ministro de Exteriores malasio, Mohamad Hasan.
En declaraciones a la agencia estatal Bernama, Hasan informó que el primer ministro interino de Tailandia, Phumtham Wechayachai, y el primer ministro camboyano, Hun Manet, llegarán por la noche a Kuala Lumpur, donde participarán en conversaciones mediadas por Malasia. El país actúa como presidente rotatorio de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), organización a la que pertenecen ambos Estados.
El anuncio llega en medio de combates persistentes a lo largo de la línea fronteriza, donde continúan los ataques cruzados con al menos 34 muertos, decenas de heridos y miles de desplazados.

“Ambas partes han solicitado que Malasia actúe como mediador. Confían en nuestra imparcialidad y han coincidido en que ningún otro país debe involucrarse en este asunto”, afirmó Hasan, quien también indicó que aguarda una llamada del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, interesado en conocer cómo puede contribuir Washington a la resolución del conflicto.
El presidente de EEUU, Donald Trump, afirmó el sábado que había mantenido conversaciones telefónicas con los dos líderes y que ambos habían aceptado “reunirse de inmediato y negociar rápidamente un alto el fuego”. Según escribió Phumtham Wechayachai en redes sociales, solicitó a Trump que transmitiera a Camboya el deseo de Tailandia de iniciar cuanto antes un diálogo bilateral.
Desde el lado camboyano, la portavoz del Ministerio de Defensa, Maly Socheata, acusó el domingo a las fuerzas tailandesas de efectuar incursiones con “armamento pesado”, incluyendo bombas de racimo y aviones de combate. A su vez, el portavoz adjunto del Ejército tailandés, Ritcha Suksuwanon, denunció que Camboya atacó con artillería en las provincias tailandesas de Surin y Ubon Ratchathani.
El secretario general de la ONU, António Guterres, manifestó su disposición a “contribuir a cualquier esfuerzo que conduzca a una solución pacífica” y expresó preocupación por la escalada militar en la región.

El conflicto actual revive una disputa territorial histórica entre ambos países, centrada en desacuerdos sobre la delimitación de la frontera, un problema que ya provocó choques armados entre 2008 y 2011. La tensión se reactivó en mayo, cuando un soldado camboyano murió en un intercambio de disparos.
El primer ministro malasio, Anwar Ibrahim, propuso el viernes un alto el fuego inmediato como primer paso hacia una desescalada. La reunión prevista en Kuala Lumpur será la primera instancia formal de negociación desde el inicio de la nueva crisis, y se espera que sirva para establecer un canal diplomático directo entre ambas partes.
A pesar de las gestiones diplomáticas, la situación humanitaria en la zona fronteriza se deteriora. Miles de civiles han sido desplazados, y los organismos de ayuda enfrentan dificultades para acceder a las áreas afectadas debido a la intensidad de los combates.
En medio de un frágil equilibrio regional, el rol de Malasia como mediador será clave para determinar si esta nueva crisis podrá contenerse por la vía diplomática o si derivará en una confrontación de mayor escala.
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