
El Gobierno de Taiwán instó este miércoles a sus veteranos de guerra a no participar en el desfile militar que el régimen de China celebrará el próximo 3 de septiembre en Beijing con motivo del 80º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial. La advertencia se produjo luego de que Beijing anunciara su intención de invitar a ex combatientes del Kuomintang (KMT), partido que gobernó China antes del triunfo comunista en 1949 y que hoy forma parte de la oposición política en la isla.
La conmemoración tendrá lugar en la Plaza de Tiananmen y busca resaltar el papel de las fuerzas chinas en la victoria sobre Japón durante la contienda. Sin embargo, para el Ejecutivo taiwanés, la invitación a veteranos del KMT es parte de una estrategia política más amplia.
“El Gobierno de la República de China fue quien lideró la guerra de resistencia contra Japón. Esa victoria no fue obra de la República Popular China, lo cual es incuestionable”, declaró el ministro de Defensa de Taiwán, Wellington Koo, en una rueda de prensa ofrecida este miércoles. “China emplea de forma constante este tipo de guerra cognitiva y guerra de opinión pública para dividir a Taiwán”, añadió, según declaraciones recogidas por la agencia estatal CNA.

La Segunda Guerra Mundial coincidió con la guerra civil china (1927–1949), en la que nacionalistas del Kuomintang y comunistas liderados por Mao Zedong se enfrentaban por el control del país. Ambos bandos acordaron una tregua para combatir juntos la invasión japonesa, pero retomaron las hostilidades tras la rendición de Japón en 1945. La guerra concluyó en 1949 con la proclamación de la República Popular China en Beijing, mientras el gobierno nacionalista liderado por Chiang Kai-shek se retiró a la isla de Taiwán, donde sigue vigente bajo el nombre de República de China.
Desde entonces, la isla opera con un gobierno propio y sistema democrático, pero no ha sido reconocida por Beijing, que la considera una provincia rebelde. En ese contexto, los actos conmemorativos sobre el conflicto con Japón han adquirido una dimensión simbólica y política considerable, en especial ante la creciente tensión en el Estrecho.
En respuesta a la iniciativa china, el Ministerio de Defensa taiwanés anunció que organizará sus propias actividades conmemorativas este año bajo el lema “resistir la agresión, proteger el hogar”. Estas ceremonias incluirán la participación de veteranos de guerra y familiares de soldados caídos, “como forma de reconocer su determinación de resistir la agresión”, afirmó Koo.
El funcionario también exhortó a la población a no caer en lo que calificó como una campaña de manipulación histórica por parte de Beijing. “Pedimos a nuestros compatriotas y especialmente a los militares retirados que no se dejen seducir por estas iniciativas”, señaló.

Según la agencia oficial china Xinhua, el desfile del 3 de septiembre contará con una amplia representación de tropas del Ejército Popular de Liberación y se espera que participen delegaciones extranjeras. El evento se presenta como parte de los esfuerzos del régimen chino por reforzar la narrativa nacionalista y consolidar su versión del papel de China en la derrota del imperialismo japonés.
En Taiwán, sin embargo, las autoridades insisten en que el rol decisivo en esa guerra fue desempeñado por las fuerzas de la entonces República de China, establecida en Nankín y liderada por Chiang Kai-shek. Ese argumento ha sido utilizado en los últimos meses por el Ejecutivo como parte de su estrategia para reforzar la identidad nacional y advertir sobre las ambiciones militares de Beijing.
“El recuerdo de aquella guerra es una lección clara: cualquier intento de agresión será resistido con determinación”, sostuvo recientemente el presidente William Lai, quien ha reiterado el compromiso de su administración con la defensa de la soberanía taiwanesa. Para el actual gobierno, el legado de la Segunda Guerra Mundial no solo es un punto de memoria histórica, sino también un instrumento político en su discurso contra el expansionismo chino.
Hasta ahora, no se ha confirmado públicamente si algún veterano taiwanés planea asistir al desfile de Beijing, pero las autoridades han dejado clara su postura oficial: abstenerse de participar en actos organizados por un gobierno que no reconoce la soberanía de la isla.
(Con información de EFE)
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