
Gadi Mozes, de 80 años, fue liberado el pasado 31 de enero por los terroristas de la Yihad Islámica en el marco de la tregua entre Israel y Hamas. Sin embargo, el reconocido activista por la paz del kibutz Nir Oz pasó 482 días secuestrado en Gaza, sin noticias de su familia y sin certeza alguna de si volvería a su país.
“No sé si puedo transmitir la sensación de miedo, de terror” con la que vivía, comenzó recordando en una entrevista con el Canal 12 israelí en la que narró sus días en manos del enemigo.
Mozes fue secuestrado en su casa por “tres gorilas, dos con pistolas y el tercero con un cuchillo en la mano” que, entonces, se encargó de dejar en claro que “no somos Hamas, somos la Yihad (Islámica Palestina) (...) como si importara si te mata la Yihad o Hamas”, ironizó el israelí.

A continuación, fue llevado por la fuerza hasta la Franja de Gaza, donde estuvo retenido en diez lugares distintos, incluidas las inmediaciones del Complejo Médico Nasser en Khan Younis y una escuela en la misma zona, donde las imágenes de los desplazados eran desgarradoras.
Sus secuestradores, contó, lo llamaban “Hajj” y le daban de comer dos veces al día, generalmente unos panes pita con arroz. En ocasiones, al darle los alimentos, les preguntaba la hora y, en base a ello, estudiaba la sombra del sol que entraba por la pequeña ventana de la habitación en la que estaba.
Convertir la pared en un improvisado reloj “me llevó unos seis meses”, comentó, antes de sumar que, ante la incertidumbre de no saber que pasaría con él y con su familia “me mantuve en guardia todo el tiempo, concentrado únicamente en que no me hagan daño, en cómo sobrevivir”.
“Me calmaba a mí mismo, me decía ‘esto se arreglará solo’”, dijo aunque reconoció, sin embargo, que “en retrospectiva, era una ilusión. En realidad, no me calmaba. Los captores trataron de deprimirme, trataron de romperme (...) Todo lo que me ocurrió fue maltrato psicológico”.

De hecho, tal era el miedo que le infundían los terroristas que, ni siquiera el momento de su liberación, le dio un alivio.
Antes de ser entregado a la Cruz Roja, Mozes recordó que los terroristas lo llevaron a un cementerio y lo pararon frente a una fosa, donde, pese a que lo obligaron a grabar un video, no pudo más que pensar en todos los seres queridos que pudo haber perdido durante la incursión del 7 de octubre.
“La profundidad del miedo, la profundidad de la desconexión del mundo, la profundidad de lo desconocido, es imposible de transmitir. Estaba temblando. Tenía mucho miedo delante de esa fosa”, dijo.
A continuación, los terroristas lo subieron a un auto para dejarlo en manos de los trabajadores humanitarios. Sin embargo, todo el trayecto estuvo acompañado por cientos de miles de palestinos, que rodeaban el vehículo con armas y gritos.
“El ruido era ensordecedor. Lo que se veía en televisión no era nada. Empujaban y el auto se balanceaba”, recordó, antes de destacar que finalmente logró sentir alegría plena al reencontrarse con su familia, horas más tarde.
Ya en Israel, Mozes continúa con su compromiso por la paz y vela, principalmente, el regreso de todos los civiles que siguen en manos de los terroristas, en el mismo clima de miedo e incertidumbre en el que él vivió.
“Conozco muy bien el sufrimiento y la tortura a la que se enfrentan todas las personas que estuvieron allí y han regresado, las que murieron y las que siguen en el lugar”, dijo al Canal 12.
Así, señaló que “lo que me urge son mis amigos que siguen ahí” dado que “sé muy bien que soy el único anciano que sobrevivió y regresó con vida”, aunque aseguró que la recuperación de sus vecinos del kibutz, que también fueron víctimas del enemigo, es otra de sus prioridades.
En ese sentido, reprochó al primer ministro, Benjamin Netanyahu, que no haya visitado aún Nir Oz y que, de hecho, haya rechazado muchas invitaciones a hacerlo.
“Nadie debería tener que invitarlo, debería ser el primero en venir. Gente de todo el mundo viene a nosotros y quiere ayudar... quizás nuestro Gobierno, ¿también pueda ayudarnos?“, cuestionó.
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