Los viajes espaciales estimularon la creatividad humana incluso en materia de innovación gastronómica. Los cosmonautas entrenados para permanecer un mínimo de seis meses en la Estación Espacial Internacional (ISS) necesitan ingerir al menos 2,800 calorías en un día, según los científicos de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA). Y, como se sabe, las condiciones de la vida con gravedad cero son muy particulares. La alimentación se convierte en un problema.
El primer desafío fue dar sabor y textura variados a la comida espacial, pues en la década de 1960 solo había pequeños tubos con purés de distintos alimentos, como carne o papa. Eran tan desagradables al gusto que, al regreso de las misiones, los astronautas devolvían muchas de las provisiones con las que habían dejado la Tierra.

La solución llegó con los alimentos deshidratados por medio de la congelación. El método ayudó a preservar mejor los sabores y mantener intactos los nutrientes dentro de los empaques. La nueva generación de comida espacial también conquistó el mercado en años posteriores.
Guisos deshidratados, los aportes de la comida espacial
Tanto la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) de Estados Unidos como el programa espacial de la ex Unión Soviética, hoy Rusia, realizaron modificaciones a los alimentos para que los astronautas pudieran ingerir lo necesario y soportar la misión. Muchas de esas creaciones están hoy en los supermercados.
Entre la comida espacial que se popularizó entre el público se destacan los tomates secos, antaño propios de la cocina mediterránea y hoy ingrediente gourmet de cualquier buena ensalada, y frutas secas como manzanas, peras o bananas que también eran patrimonio de algunas cocinas regionales y hoy se ofrecen globalmente como snacks saludables para reemplazar los elaborados con harinas procesadas y azúcar. Los guisados de pollo en lata y la carne deshidratada que hoy se vende en gasolineras y supermercados también fueron parte del menú espacial.

Desde el jugo artificial de naranja Tang hasta la gran variedad actual de bebidas en polvo para rehidratar hay una línea recta, al igual que desde los cubos de fruta de los cosmonautas hasta las barras alimenticias frutales que hoy concentran una manzana y 20 arándanos en 35 gramos (1.2 onzas). Otros alimentos espaciales que ganaron popularidad fueron el cóctel de camarón rehidratable y las barras Pillsbury (Space Food Stick), ricas en proteínas de sabor dulce, precursoras de la ola de barras de energía.
Al final del programa Gemini, en 1966, Estados Unidos se esforzó en el diseño de alimentos en respuesta a la pérdida de peso de los astronautas durante los viajes. Comían prácticamente por fuerza de voluntad, porque las provisiones anteriores (en general cubos insípidos, de textura desagradable al paladar) eran vistas casi como una medicina contra la desnutrición, no como comida.

Con el lanzamiento del Apolo 11, en 1969, los cosmonautas comenzaron a degustar comidas más fieles a las de la Tierra. Debido a los envases al vacío que conservan mejor los alimentos, el sabor del pollo, carne y verduras se conservaba intacto, al igual que los valores nutricionales. Este paso fue decisivo para empaquetar ensaladas de atún, huevo, sándwiches, tocino y espagueti.
Las mejoras en los alimentos deshidratados volvieron a incorporarlos al menú espacial, algo que los científicos siempre buscaron por una sencilla razón: al retirar el agua de la comida, se frena el crecimiento de microorganismos que podrían contaminarla. También la industria de la alimentación general incorporó las mejoras, y de allí han salido la sopa y el puré instantáneos, los hongos secos para exquisitas salsas o las hierbas en frasco habituales en las cocinas.
El agua caliente es la clave para la alimentación espacial

Aunque la variedad del menú cambió con los años, el método para preparar platillos permaneció: desde el proyecto Gemini, la NASA buscaba una forma eficaz de rehidratar los alimentos y el agua caliente apareció como el mejor candidato para un proceso que debía realizarse en el espacio. En el programa Apolo, la agencia descubrió que el agua caliente, además, permitía aumentar el repertorio de comida espacial: el resultado de este hallazgo permitió a los astronautas del Apolo 8 cenar pavo y salsa de carne en la Navidad de 1968.
Las nuevas combinaciones aumentaron hasta crear un menú espacial de 72 alimentos en la primera estación de Estados Unidos, Skylab, que orbitó la Tierra de 1973 a 1979. En las instalaciones, los astronautas ya contaban con dispensador de agua caliente, cocina y horno de microondas.

En la actualidad, los alimentos continúan con el proceso de deshidratación y necesitan de agua caliente para consumirse en el espacio. De esta forma, la NASA logró que la comida tuvieran una vida útil de alrededor de un año, pues la estancia mínima en la Estación Espacial Internacional, lanzada en 1998, es de seis meses.
Los cosmonautas usan un recipiente con agua para rehidratar la comida. Conectan esta herramienta en los paquetes de alimentos que fueron deshidratados por congelación. Una vez que terminan la infusión, pueden comenzar a ingerir sus alimentos sin peligro a perder los nutrientes que necesitan en sus tres comidas al día.

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