
Varios países de la Unión Europea, liderados por Alemania y Países Bajos, presionan para que el bloque defina a las Guardias Revolucionarias de Irán como organización terrorista. De concretarse, el sangriento brazo armado del régimen iraní se sumaría a la lista negra que ya incluye Al Qaeda, el Estado Islámico y Hezbollah.
“Estudiaremos cómo podemos incluir también a la Guardia Revolucionaria en la lista de organizaciones terroristas”, adelantó a finales de 2022 la ministra alemana de Asuntos Exteriores, Annalena Baerbock.
Países Bajos, con una histórica tradición de defensa a los derechos humanos, secunda la iniciativa.
Y ahora, según adelantó Le Monde, la idea se instaló en Bruselas cuatro meses después del comienzo de la sangrienta represión por parte del régimen contra las manifestaciones del pueblo desencadenadas tras la muerte de la joven kurda Mahsa Amini a manos de la Policía de la moral.

“Políticamente, ha llegado el momento de ponerse duros. Debemos ser firmes sin romper las relaciones golpeando a una organización situada en el corazón del sistema”, declaró una fuente diplomática a Le Monde.
La iniciativa de Alemania y Países Bajos es una respuesta a las Berlín, multitudinarias manifestaciones en las capitales europeas en solidaridad con los manifestantes antigubernamentales de Irán, donde un movimiento desencadenado por la muerte de Mahsa Amini de 22 años bajo custodia de la policía de la moralidad evolucionó hasta convertirse en un desafío a la República Islámica.
Irán suma ya 16 condenas a muerte y cuatro ejecuciones en un intento de detener las protestas que sacuden el país desde septiembre, a pesar de los llamamientos internacionales para que anule las sentencias de manifestantes.
Tras la fuerte represión policial que ha provocado cerca de 500 muertes y casi 20.000 detenidos desde la muerte de Amini, los tribunales no paran de emitir sentencias en unos juicios calificados como farsas” e “injustos” por Amnistía Internacional (AI).

Esta semana, el comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria de Irán, Hosein Salamí, advirtió a la revista francesa Charlie Hebdo que recuerde lo que le ocurrió al escritor Salman Rushdie, quien fue atacado más de 30 años después de la publicación de una novela en la que “insultó al islam”.
“Aconsejo a los franceses y directores de la revista Charlie Hebdo que miren lo que le pasó a Salman Rushdie”, dijo Salamí
El escritor británico de origen indio sufrió un ataque a puñaladas en el que perdió la vista en un ojo en Nueva York en agosto de 2021 por haber “atacado el islam” en su novela “Los versos satánicos”, publicada en 1989.
El ayatollah iraní Ruhollah Khomeini emitió una fatua pidiendo el asesinato de Rushdie en 1989 y de cualquier persona implicada en la publicación del libro, lo que obligó al escritor a pasar años en la clandestinidad.
Sangriento brazo armado del régimen
La fuerza del régimen de Irán nació en 1979 tras la Revolución Islámica que depuso al Sha de Persia e instauró el actual régimen teocrático dirigido por los ayatolás.
También conocida como pasdaran (“guardianes” en farsi), esta fuerza paramilitar fue pensada como una rama de las Fuerzas Armadas de Irán encargada de proteger precisamente el régimen teocrático y la república islámica, a diferencia del rol más tradicional de protección de fronteras del ejército, la marina y la fuerza aérea.
Su existencia está amparada en el artículo 150 de la Constitución de Irán, y se trata de una de las formaciones más poderosas del estado persa y una de sus más políticamente motivadas.
Se cree que actualmente cuenta con más 120.000 miembros destinados a unidades terrestres, navales y aéreas, y la Fuerza Quds, que es su división de operaciones en el extranjero. Además, controla a las milicias Basij, que suman otros 90.000 miembros.

Sus efectivos combatieron como unidades paramilitares en la guerra entre Irán e Irak entre 1980 y 1988; en la guerra civil en el Líbano entre 1975 y 1990 y durante la invasión israelí de 2006; y más recientemente en las guerras civiles en Siria y en Irak. Específicamente en el conflicto sirio iniciado en 2011, se han convertido en uno de los principales aliados del régimen del dictador sirio Bashar al Assad y una de las razones por las que éste no ha caído.
Su vinculación como patrocinador del terrorismo y su rol desestabilizador acusado por Estados Unidos, que en 2019 la designó como organización terrorista, están relacionados a las acciones de la Fuerza Quds, que dirige precisamente las operaciones iraníes en Siria, Irak, Afganistán y el Líbano, entre otros países. En este rol, la Fuerza Quds apoya y entrena a los grupos terroristas Hezbollah en el Líbano, y Hamas y Yihad Islámica en la Franja de Gaza, además de las milicias hutíes en Yemen y a distintos grupos chiitas en Siria y Afganistán.
El grupo también está vinculado al desarrollo del programa atómico iraní y su costado militar.
Pero más allá de estas actividades, la fuerza es una organización compleja que mantiene roles sociales, económicos, políticos y militares, controlando mediante una brutal represión y numerosas violaciones a los derechos humanos a la sociedad iraní, y exportando los principios de la Revolución Islámica al extranjero.
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