
Tal como si se tratara de una iniciativa inspirada en uno de los episodios más recordados de la serie antológica de ciencia ficción Black Mirror, el gobierno del presidente XI Jinping se encuentra cerca de implementar un polémico sistema de rating personal sobre sus ciudadanos, que busca reforzar la supervisión estatal existente y llevarla a nuevos niveles de la mano de la inteligencia artificial.
Expertos ya han calificado a esta propuesta de utilización de big data como abuso de poder, parte de un desarrollo basado en el reconocimiento facial que hoy ya permite a los ciudadanos chinos retirar dinero de los cajeros automáticos, registrarse a los vuelos en un aeropuerto y pagar por bienes y servicios con solo utilizar el rostro.
El gigante asiático se ha convertido en el líder mundial de esta tecnología emergente, pero los usos que se les dará a este tipo de avances a partir del año 2020 ya han comenzado a hacer sonar las alarmas de los defensores de los derechos humanos alrededor del mundo.

En las ciudades del futuro el reconocimiento facial será parte de la rutina diaria de millones de personas, pero su potencial a futuro podría extenderse, incluso, a lo que las personas piensan, con las obvias implicaciones a nivel de libertades que esto tendrá.
El reconocimiento facial ya es capaz de "leer" las emociones y es tal vez por eso que el gobierno planea utilizar esta tecnología biométrica para intensificar aun más la presión autoritaria sobre sus ciudadanos.
El ambicioso plan consiste en desarrollar una red nacional de monitoreo, ya operativa en varias de las ciudades más grandes, basada en el reconocimiento facial. Será utilizada para monitorear a sus más de 1.4 mil millones de habitantes de formas nunca antes vistas.
El sistema de "créditos sociales" se basará en una puntuación personal que medirá como las personas se comportan, cuan confiables son, y qué tanto cumplen con las normas y reglas impuestas por el partido Comunista.

Las posibilidades son infinitas, se podrán rastrear desde emociones hasta impulsos sexuales. Una amplia red cámaras de televisión de circuito cerrado, de las cuales 170 millones ya se encuentran operativas y otras 400 millones se instalarán en los próximos cuatro años, han sido instaladas con la supuesta finalidad de mejorar la seguridad de los ciudadanos.
Los detractores al polémico sistema aseguran que aquellos que se oponen al régimen estarán bajo constante supervisión, con todas sus actividades siendo monitoreadas 24 horas al día, 7 días a la semana.
Entre otras cosas, podrá rastrear la actividad online de las personas, además de qué compran, ven o dicen en la esfera digital. Todos estos aspectos se compaginarán y servirán para establecer un número personal que será la puntuación con la que cada ciudadano tendrá que vivir día a día.
Aquellos con bajos ratings serán penalizados y hasta podrían llegar a ser incluidos en una lista negra que, entre otras trabas, les impediría tomar vuelos domésticos debido a su "bajo crédito". Más de 12 millones de personas ya tienen prohibido viajar en avión dentro del territorio chino.
Las autoridades ya utilizan el sistema de reconocimiento facial para nombrar y exponer de forma pública a aquellas personas que no siguen los parámetros de comportamiento impuestos por el partido reinante, incluso cuando se trata de ofensas menores como cruzar la calle a mitad de cuadra.
Los agentes de policía ya se encuentran probando unas gafas de sol equipadas con cámaras que permiten reconocer rostros y gestos para ayudarlos a identificar a personas buscadas en tiempo real.
Las minorías étnicas en China podrían ser el principal blanco de un nuevo estado totalitario apalancado en la tecnología de reconocimiento facial. Expertos citan el caso de la excarcelación en masa más grande del mundo que está teniendo lugar hoy día en territorio chino y que afecta a la minoría musulmana denominada Uigur de Sinkiang, con más de un millón de sus integrantes que se estima viven bajo condiciones de abuso en los distintos centros de detención clandestinos.
El sistema ya permite identificar a los individuos blanco del estado y alertar a las autoridades si estos se alejan más de 300 metros de su hogar. En el futuro el gobierno planea sumar más datos al sistema y usarlo como una herramienta para imponer controles todavía más restrictivos sobre minorías separatistas.
El mismo estará completamente operativo en 2020, lo que hará de China el primer estado totalitario digital del mundo, con las implicaciones que esto tiene sobre una potencia que busca convertirse en el nuevo líder supremo a nivel global.
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