
Cuando un paisaje queda marcado por el fuego, el entorno no solo cambia en la superficie. El suelo, la vegetación y los flujos invisibles que sostienen a los ecosistemas también se reorganizan. En ese proceso, algunos efectos pueden dar la impresión de una recuperación rápida, aunque detrás existan dinámicas mucho más complejas y frágiles.
Los incendios forestales pueden incrementar temporalmente los caudales de ríos y arroyos durante los meses más secos, pero este efecto no perdura en el tiempo, según un estudio de la Universidad de Columbia Británica. La investigación, realizada en el Valle de Okanagan y publicada en Forest Ecosystems, evidencia que los cambios en las fuentes hídricas tras un incendio son transitorios y dependen de factores locales y del proceso de recuperación del ecosistema.
Cambios temporales en caudales y su explicación
El estudio se basó en mediciones de caudales entre julio y septiembre, después del deshielo y antes de las lluvias otoñales. Mediante análisis químicos, el equipo rastreó el origen del agua en cuencas afectadas por incendios recientes y en áreas sin disturbios, observando que las primeras presentaron mayores caudales durante el verano. Sin embargo, este aumento mostró diferencias entre zonas y años, lo que impide definir un patrón general.

El monitoreo de los caudales en la época seca es crucial, pues determina el acceso a agua para consumo humano, agricultura y vida silvestre, además de ser clave para enfrentar olas de calor y sequías. Este fenómeno cobra especial relevancia ante el avance del cambio climático, que incrementa la frecuencia de incendios y la demanda de agua.
Shixuan Lyu, doctorando a cargo del estudio, explicó que el trabajo profundiza en los mecanismos detrás del aumento temporal. La reducción del número de árboles tras el incendio disminuye la evaporación y permite un mayor aporte de deshielo tanto a los arroyos como a los depósitos subterráneos, lo que explica el repunte temporal de los caudales estivales.
Efectos variables y límites del fenómeno
El supervisor del proyecto, Adam Wei, señaló que los caudales bajos representan el mayor desafío para comunidades, cultivos y ecosistemas acuáticos. Comprender cómo el incendio modifica el equilibrio entre deshielo, aguas subterráneas y pérdida de agua a la atmósfera resulta esencial para diseñar estrategias adaptadas a cada cuenca en un clima más cálido.
Ambos investigadores destacan que no existe un patrón generalizable: las cuencas responden de forma variable tras un incendio y las soluciones deben ajustarse al contexto local. Durante la recuperación del bosque, algunos arroyos pueden mantener caudales superiores a los previos al incendio, aunque este efecto depende de la velocidad de restauración del ecosistema y no es permanente.

La Universidad de Columbia Británica advierte que interpretar el aumento de caudal como una “nueva fuente de agua” es un error. Lyu aclara que se trata de una alteración en los tiempos y rutas del ciclo hidrológico, no de un incremento estructural de los recursos hídricos. Por ello, es fundamental mantener la vigilancia a largo plazo sobre estos procesos.
Estrategias adaptativas frente al cambio climático
La investigación subraya la importancia de estrategias flexibles y estudios continuos para gestionar el recurso hídrico en un contexto de calentamiento global, donde confluyen sequías, incendios y olas de calor. Las alteraciones observadas requieren un monitoreo constante y una adaptación específica a cada cuenca y ecosistema.
El aumento de caudal tras un incendio es una alteración pasajera, no una solución duradera frente a los desafíos del manejo de recursos hídricos en condiciones extremas. Mantener la vigilancia y adaptar las estrategias locales será clave ante los nuevos riesgos ambientales que plantea el cambio climático.
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