
Durante los primeros seis meses desde que California legisló a favor de facilitar la propia eutanasia a los pacientes con enfermedades terminales que la soliciten, se emitieron 191 recetas de medicinas letales y 111 personas las utilizaron, según un informe del Departamento de Salud Pública del estado, publicado el 27 de junio.
De los 111 individuos que decidieron terminar con sus vidas debido a un mal sin cura, el 87,4% tenían más de 60 años y el 83,8% estaban internados y/o recibían cuidados paliativos.
Sherry Minor contó a Los Angeles Times la historia de su esposo John Minor, quien sufría cáncer de pulmón terminal y la morfina no menguaba su dolor. El psicólogo de 80 años le dijo a su mujer que no podía seguir mucho más.

Les costó conseguir un médico que los ayudara, aun con la ley en plena vigencia: todavía el conocimiento no está tan difundido como en Oregon, donde este derecho existe desde 1998. Por fin lo lograron: "Fue un alivio enorme", dijo la mujer. "Se sintió mentalmente más cómodo".
Una vez que tuvieron las medicinas a su disposición, pasaron algunas semanas pero llegó el momento: John Minor reunió a su familia y tomó las píldoras en septiembre. "John hizo lo que era correcto para él", dijo Minor. "Murió en paz y no en agonía, y mantuvo el control. No se sintió aterrado ni desvalido".

En total se presentaron 258 solicitudes (que según la ley se hacen mediante dos pedidos en persona, con al menos quince días entre el primero y el segundo) y 173 médicos firmaron las 191 recetas iniciales, 60 para mujeres y 51 para varones.
Entre los pacientes que no utilizaron sus recetas se cuentan, además de aquellos que todavía esperan la ocasión, 21 que murieron sin lograr recurrir a la eutanasia, por complicaciones de su mal subyacente.
La enfermedad mayoritaria entre los solicitantes fue el cáncer con opciones de tratamiento agotadas: 65%. De ellos, la quinta parte sufría cáncer de pulmón, seguidos por pacientes de cáncer de mama en casi la misma proporción, cáncer de páncreas y cáncer de próstata. En cuanto a otras familias de enfermedades, el segundo grupo más numeroso de los solicitantes de ayuda para morir fueron pacientes con enfermedades neurodegenerativas, 20%.

La participación de los médicos es completamente voluntaria: quien no quiere prescribir medicinas letales no lo hace, simplemente deriva al paciente. Cuando un médico acepta hacerlo, es necesaria la evaluación de un segundo médico, y ambos profesionales deberán estar de acuerdo en que al o a la paciente no le quedan más que seis meses de vida y que tiene sus facultades mentales intactas como para tomar esa decisión.
Las cifras en California son más bajas que en Oregon: las muertes asistidas fueron 6 por cada 10.000, contra 37,2 cada 10.000. Sin embargo, son similares a las que se registraron en Oregon durante los primeros tiempos de esta legislación.
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