
Un análisis de sangre a centenarios suizos reveló la presencia de 37 proteínas vinculadas a un envejecimiento más lento, lo que sugiere que ciertos mecanismos biológicos clave permanecen activos incluso en edades extremas, según una investigación publicada en la revista Aging Cell.
Este hallazgo, realizado en el marco del estudio SWISS100, el primer proyecto de investigación suizo a gran escala dedicado a los centenarios, realizado por la Universidad de Ginebra (UNIGE) y la Universidad de Lausana (UNIL), apunta a que el secreto de una longevidad excepcional podría residir tanto en factores moleculares como en hábitos de vida saludables, dado que solo el 0,02 % de la población suiza supera los 100 años.
El equipo dirigido por Karl-Heinz Krause, profesor honorario de la Facultad de Medicina de la Universidad de Ginebra, comparó tres grupos poblacionales: 39 centenarios (de 100 a 105 años, el 85 % mujeres), 59 octogenarios y 40 personas entre 30 y 60 años.
Los análisis identificaron que, en el caso de estas 37 proteínas, los centenarios poseen un perfil proteico similar al de individuos más jóvenes, especialmente en marcadores asociados al estrés oxidativo, cuyo nivel es significativamente inferior respecto a los octogenarios y la media geriátrica.

Karl-Heinz Krause explicó: “Los octogenarios permiten un análisis más detallado de la evolución de ciertos marcadores sanguíneos a lo largo de su vida y ayudan a distinguir el envejecimiento normal del excepcional que experimentan los centenarios“.
Según los autores, el número global de personas mayores de 85 años y centenarios aumentó sustancialmente en el último medio siglo y continuará aumentando debido a mejoras en el estilo de vida y avances médicos.
“Para 2050, la población europea de 85 años o más se duplicará y el número de centenarios en todo el mundo alcanzará casi cuatro millones”, afirmaron y advirtieron: “Este creciente número de individuos muy mayores representa un desafío demográfico global, ya que el envejecimiento es el mayor factor de riesgo para trastornos crónicos y mayor vulnerabilidad", por lo que destacaron la importancia de impulsar los avances en la investigación sobre el envejecimiento.
Las proteínas halladas en la sangre de los centenarios

Los científicos midieron 724 proteínas en el suero sanguíneo, incluyendo 358 marcadores de inflamación y 366 marcadores cardiovasculares, dos áreas clave para la longevidad.
“De estas 724 proteínas, 37 mostraron un resultado realmente sorprendente", destacó Flavien Delhaes, investigador del Departamento de Fisiología Celular y Metabolismo de la Facultad de Medicina de la UNIGE y primer autor del estudio.
“En nuestros centenarios, los perfiles de estas 37 proteínas se asemejan más a los de las personas más jóvenes que a los de los octogenarios. Esto representa aproximadamente el 5 % de las proteínas medidas, lo que sugiere que los centenarios no escapan completamente al envejecimiento, sino que ciertos mecanismos clave se ralentizan significativamente".
El resultado más marcado se observó en cinco proteínas relacionadas con el estrés oxidativo causado por los radicales libres, que proviene principalmente de dos fuentes: la inflamación crónica, donde los glóbulos blancos los producen para defender el cuerpo, y las mitocondrias disfuncionales que liberan estas moléculas, cuya sobreproducción se vuelve perjudicial.

“¿Los centenarios producen menos radicales libres o tienen una defensa antioxidante más potente?”, se preguntó Karl-Heinz Krause. “La respuesta es muy clara: los centenarios tienen niveles significativamente reducidos de proteínas antioxidantes clave. A primera vista, esto parece contradictorio, pero en realidad indica que, dado que el nivel de estrés oxidativo es mucho menor en los centenarios, tienen menos necesidad de producir proteínas antioxidantes para defenderse”.
Otras proteínas identificadas en los centenarios muestran niveles similares a los de individuos jóvenes en funciones como la regulación de la matriz extracelular, el “cimentado” fundamental de los tejidos del cuerpo humano.
Algunas podrían tener además un rol protector frente al cáncer, mientras que varias implicadas en el metabolismo de grasas y glucosa se incrementan con la edad de manera notable en octogenarios y mayores, pero permanecen relativamente estables en los centenarios.

También destaca la baja presencia de la interleucina-1 alfa, una proteína inflamatoria, y una conservación óptima de la DPP-4, responsable de degradar GLP-1, hormona central en el control de insulina y blanco de tratamientos modernos contra la diabetes y la obesidad.
Delhaes agregó: “Degradando el GLP-1, la DPP-4 contribuye a mantener niveles de insulina relativamente bajos, lo cual podría protegerlos frente al hiperinsulinismo y el síndrome metabólico”.
Y completó: “Este es un mecanismo contradictorio que sugiere que los centenarios mantienen un buen equilibrio glucémico sin necesidad de producir mucha insulina". Por lo tanto, la longevidad parece estar relacionada con una salud metabólica finamente regulada, donde el metabolismo se optimiza en lugar de intensificarse.
Genes y longevidad

El proyecto SWISS100 —dirigido por Daniela Jopp, profesora de la Universidad de Lausana— es el primer estudio a gran escala sobre personas que han alcanzado los cien años en Suiza y aborda la longevidad desde cuatro vertientes: sociología, psicología, medicina y biología.
La comparación con el grupo de octogenarios es clave: permite distinguir entre los patrones propios de un envejecimiento normal y aquellos excepcionales asociados a una longevidad fuera de lo común. A largo plazo, estos resultados podrían abrir las puertas a nuevos enfoques terapéuticos para combatir la fragilidad en la población de edad avanzada.
“Por ahora, nuestro estudio destaca la importancia de un estilo de vida saludable, en el que todos podemos influir. Dado que el componente genético de la longevidad es solo del 25%, el estilo de vida durante la edad adulta es un factor clave: nutrición, actividad física y relaciones sociales. Por ejemplo, comer una fruta por la mañana puede reducir el estrés oxidativo en sangre a lo largo del día. La actividad física ayuda a mantener la matriz extracelular en un estado más juvenil. Evitar el sobrepeso también ayuda a mantener un metabolismo saludable, similar al observado en personas centenarias", concluyeron los autores.
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