
El Universo guarda escenas que parecen salidas de la imaginación, pero que en realidad explican procesos físicos decisivos. Una de ellas surgió gracias al Telescopio Espacial James Webb, que detectó una galaxia con forma de medusa que vivió hace unos 8500 millones de años.
Ese objeto, conocido como ESO 137-001, aportó pruebas nuevas sobre cómo los entornos cósmicos extremos transformaron galaxias enteras mucho antes de lo que indicaban las teorías.
“Estos datos nos proporcionan una visión poco común de cómo se transformaron las galaxias en el universo primitivo”, sostuvieron los investigadores de la NASA que supervisa el afamado telescopio espacial.
La imagen mostró una galaxia con un disco relativamente normal, pero con enormes colas de gas que se extendieron hacia el espacio como tentáculos. Ese detalle no solo resultó llamativo desde el punto de vista visual. También ofreció una ventana directa hacia un mecanismo que define el destino de las galaxias.
El hallazgo surgió tras el análisis de una región del cielo conocida como campo COSMOS, un sector que los astrónomos eligieron por su limpieza visual. Allí, el equipo identificó una galaxia medusa que nadie había registrado antes.
“Estábamos analizando una gran cantidad de datos de esta región del cielo tan estudiada con la esperanza de detectar galaxias medusa inéditas. Al principio de nuestra búsqueda de datos del JWST, detectamos una galaxia medusa lejana e indocumentada que despertó un interés inmediato”, declaró Ian Roberts, miembro del equipo científico.

El descubrimiento resultó importante por una razón clave. Esa galaxia existió cuando el universo tenía poco más de un tercio de su edad actual. En ese período, los cúmulos galácticos todavía se encontraban en formación. Los modelos indicaban que esos entornos todavía no ejercían suficiente presión como para arrancar grandes cantidades de gas. Sin embargo, la evidencia mostró lo contrario.
“El primero es que los entornos de los cúmulos ya eran lo suficientemente hostiles como para despojar a las galaxias, y el segundo es que los cúmulos de galaxias podrían alterar considerablemente sus propiedades antes de lo esperado”, explicó Roberts.
Ese resultado cambió el marco conceptual. Significó que la transformación de las galaxias comenzó antes y de forma más violenta.
La presión invisible que arranca el combustible de las galaxias

Para entender la importancia del hallazgo, es necesario comprender qué convierte a una galaxia en una medusa. El fenómeno ocurre cuando una galaxia atraviesa un cúmulo lleno de gas extremadamente caliente y difuso. Ese medio no está vacío. Funciona como un fluido que ejerce presión sobre la galaxia en movimiento. Ese proceso recibe el nombre de desprendimiento por presión dinámica o ram pressure stripping.
El efecto actúa como un viento cósmico. A medida que la galaxia avanza, el gas que contiene se desprende y forma largas colas. Ese gas cumple un rol central. Constituye la materia prima para crear nuevas estrellas. Cuando desaparece, la galaxia pierde su capacidad de formar generaciones futuras de astros.
Las observaciones revelaron además otro fenómeno sorprendente. Dentro de las colas surgieron regiones brillantes donde nacieron estrellas nuevas. Eso implicó que la formación estelar continuó incluso fuera del cuerpo principal de la galaxia. La escena completa ofreció una imagen directa de una transformación en marcha.
La combinación de telescopios que permitió reconstruir el fenómeno

El James Webb no trabajó solo. Otros instrumentos aportaron piezas clave para entender el proceso. El Telescopio Espacial Hubble captó la estructura general de la galaxia. El Very Large Telescope registró el hidrógeno presente en las colas. Y el Atacama Large Millimeter submillimeter Array detectó el gas molecular frío, el componente esencial para la formación de estrellas.
La combinación permitió construir el mapa más detallado de este tipo de sistema. Las imágenes mostraron corrientes de gas complejas que se extendieron a lo largo de grandes distancias. También revelaron regiones donde el gas colapsó y formó nuevas estrellas, conocidas como bolas de fuego.
El análisis permitió determinar la dirección del movimiento de la galaxia dentro del cúmulo Norma, un conjunto masivo de galaxias. Ese dato aportó una pieza adicional al rompecabezas. Confirmó que la galaxia cayó hacia el centro del cúmulo, donde las condiciones resultaron más extremas.
La comparación con la Vía Láctea resultó ilustrativa. Nuestra galaxia habita una región tranquila, lejos de esos entornos violentos. ESO 137-001, en cambio, atravesó una zona hostil que cambió su destino.
El descubrimiento no solo permitió observar una galaxia llamativa. También ofreció respuestas a un misterio antiguo. Los astrónomos sabían que muchas galaxias en cúmulos dejan de formar estrellas. Esas galaxias se convierten en estructuras inactivas, conocidas como galaxias muertas.
La causa exacta no resultaba clara, pero la observación aportó evidencia directa de uno de los mecanismos responsables. Cuando el gas desaparece, la galaxia pierde su combustible. Y así, sin materia prima, la formación estelar termina y ese proceso transforma lentamente la galaxia.

“Otro es que todos los desafíos mencionados podrían haber influido en la formación de la gran población de galaxias muertas que observamos hoy en los cúmulos de galaxias. Estos datos nos proporcionan una perspectiva excepcional sobre cómo se transformaron las galaxias en el universo primitivo”, apuntaron los expertos. Ese punto cambió la interpretación general. Indicó que el entorno jugó un papel más decisivo del que se pensaba.
Una ventana al pasado que redefine la evolución cósmica
La observación de ESO 137-001 aportó algo que los científicos rara vez obtienen. Una visión directa de un proceso clave en el momento en que ocurrió. La luz captada viajó durante miles de millones de años antes de llegar al telescopio. Eso permitió observar la galaxia tal como existió en el pasado.
Ese tipo de observaciones funciona como una máquina del tiempo. El hallazgo también confirmó el poder del James Webb. Su capacidad para detectar objetos distantes permitió estudiar períodos inaccesibles para telescopios anteriores.
El resultado abrió nuevas preguntas. Si los cúmulos resultaron más violentos antes de lo esperado, muchas otras galaxias podrían haber sufrido el mismo destino. Eso implicaría que la historia del universo incluyó episodios de transformación más intensos.
El equipo científico planea nuevas observaciones. Cada una aportará datos adicionales sobre el comportamiento del gas, la formación de estrellas y la evolución galáctica. ESO 137-001 dejó de ser solo una curiosidad visual. Se convirtió en una prueba clave que obligó a revisar las teorías sobre la evolución del cosmos.
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