
Un reciente estudio revela que hablar al volante puede generar una demora significativa en los movimientos oculares y en los reflejos necesarios para evitar accidentes. Esta investigación, publicada en la revista científica PLOS ONE, evaluó de manera detallada cómo el acto de conversar afecta la capacidad de reacción de los conductores ante situaciones imprevistas.
A diferencia de escuchar música o un audiolibro, la acción de hablar exige un esfuerzo cognitivo adicional, que se traduce en una reacción más lenta frente a estímulos visuales. De acuerdo con el estudio, los conductores que dialogan mientras manejan presentan demoras tanto en la detección como en la respuesta a los peligros en la vía.
De acuerdo con Discover, las pruebas muestran que incluso el uso de sistemas manos libres no elimina este efecto negativo. Los investigadores destacan que estos pequeños retrasos, aunque parezcan insignificantes, pueden acumularse y aumentar el riesgo de accidentes de tráfico.

Según los expertos, el fenómeno obedece a cómo el cerebro procesa y distribuye la atención cuando debe responder preguntas o buscar información durante una conversación. El esfuerzo mental que demanda hablar provoca una alteración en los mecanismos que controlan los movimientos oculares, lo que representa el primer paso crítico para reaccionar ante un imprevisto en la carretera.
Conversar al volante: el impacto en los movimientos oculares
Shintaro Uehara, profesor asociado de la Universidad de Salud Fujita en Japón y autor principal del estudio, explicó: “Estos resultados indican que las demandas cognitivas asociadas con hablar interfieren con los mecanismos neuronales responsables de iniciar y controlar los movimientos oculares, que constituyen la primera etapa crucial del procesamiento visomotor durante la conducción”.
El experimento, según precisó Discover, contó con la participación de 30 voluntarios adultos que realizaron una prueba visual en un entorno controlado. Los participantes debían fijar la vista en un objetivo que aparecía de forma aleatoria en distintas direcciones. Los investigadores midieron la rapidez y precisión de la respuesta bajo tres condiciones: mientras hablaban, mientras escuchaban audioclips y en silencio absoluto.

Durante la fase de conversación, los voluntarios respondieron preguntas de cultura general como “¿Cuál es la capital de Italia?” o “¿Qué color de camisa usaste ayer?”. En la fase de escucha, solo debían prestar atención a fragmentos de una novela japonesa. El grupo de control no tuvo ningún estímulo adicional.
Resultados claros: retrasos significativos solo al hablar
Los resultados fueron contundentes. Los 30 participantes mostraron demoras en los tres tipos de movimiento ocular evaluados cuando respondían preguntas. El tiempo medio de reacción ante el estímulo visual fue de 279,7 milisegundos durante la conversación, frente a 260,4 milisegundos mientras escuchaban y 261,3 milisegundos en silencio.
Las diferencias fueron aún más notorias en los tiempos para mover la mirada y estabilizar los ojos: 260,1 milisegundos y 1.226,5 milisegundos respectivamente al hablar, contra 141,5 y 493,2 milisegundos al escuchar, y 160,8 y 548,9 milisegundos en la condición de control.

De acuerdo con el artículo, estos hallazgos evidencian que hablar —y el esfuerzo mental para buscar respuestas— afecta los movimientos oculares y puede demorar la reacción ante peligros, como la presencia repentina de un peatón. Los investigadores puntualizan que la lentitud en el movimiento visual no es la única causa de reflejos disminuidos al conducir, pero sí un factor relevante.
Los especialistas mencionan, además, otro fenómeno conocido como “ceguera por falta de atención”. Según el estudio, “una reacción de frenado puede demorarse incluso cuando un conductor mira las luces traseras del vehículo de adelante, debido a una codificación visual obstaculizada por la distracción de la atención”.
Seguridad vial y celulares: el riesgo persiste
El estudio señala que aún existen preguntas sin respuesta, como el umbral exacto en el que la carga mental interfiere con los reflejos y los movimientos oculares. Los autores aclaran que no está claro si el principal problema reside en el acto de hablar o en el esfuerzo mental que implica la conversación.

La investigación se desarrolló en un entorno simulado, sin vehículos reales. Sin embargo, otros trabajos confirman que el uso del teléfono móvil incrementa el riesgo de colisiones. De acuerdo con investigaciones publicadas en BMJ, manipular un celular durante la conducción puede cuadruplicar la probabilidad de sufrir un accidente, incluso con dispositivos manos libres.
El objetivo de estos estudios es contribuir a un debate más informado sobre la seguridad al conducir. Los autores esperan que sus hallazgos sirvan para promover prácticas más seguras y alentar a los conductores a reflexionar sobre los riesgos de conversar mientras están al volante.
Conclusiones y perspectivas para la seguridad vial
Los resultados subrayan la importancia de evitar cualquier actividad que requiera respuestas verbales durante la conducción. Si bien escuchar un audiolibro no mostró efectos negativos sobre los reflejos visuales, hablar sí los deteriora de manera medible. Los datos confirman que incluso breves distracciones cognitivas pueden tener consecuencias graves en la seguridad vial.
La comunidad científica continuará investigando los mecanismos detrás de estos retrasos y su impacto real en el tráfico. Por el momento, la recomendación implícita es clara: limitar las conversaciones al volante puede salvar vidas y reducir los accidentes en las carreteras.
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