
Un reciente estudio encabezado por investigadores de King’s College London propone que los paneles solares ubicados en el espacio podrían revolucionar el sistema energético europeo, aportando hasta el 80% de la energía renovable necesaria para 2050. Esta propuesta, basada en un modelo detallado del sistema eléctrico de 33 países europeos, utiliza una innovadora tecnología desarrollada por la NASA, capaz de captar la luz solar en órbita y transmitirla directamente a estaciones terrestres, donde se convierte en electricidad.
Ventajas sobre la energía terrestre y reducción de costos
Uno de los principales desafíos de la energía renovable instalada en tierra —como la solar o la eólica— es su intermitencia: depende de condiciones climáticas y de la hora del día, lo que obliga a invertir en costosos sistemas de almacenamiento y a mantener fuentes dependientes de combustibles fósiles para garantizar el suministro. El sistema de paneles solares basados en el espacio (SBSP), según el modelo, permitiría reducir el uso de baterías a menos de un tercio respecto al escenario actual y, además, abarataría el coste total del sistema eléctrico europeo hasta en un 15%.
La clave reside en el diseño tipo helióstato de estos paneles espaciales: espejos reflectores recogen la luz solar fuera de la atmósfera durante las 24 horas del día, y la energía se transfiere por haces dirigidos hacia la Tierra, donde se distribuye directamente a la red. De esta manera, se garantiza un suministro continuo y predecible, algo muy difícil con energías terrestres tradicionales. “La energía renovable para reemplazar los combustibles fósiles es la acción más importante que estamos realizando como humanidad”, afirmó Wei He, investigador principal de la publicación.

Interrogantes tecnológicos y riesgos a considerar
Aunque las ventajas son evidentes, el equipo de King’s College London no oculta los desafíos y riesgos que implica este salto tecnológico. Por un lado, la instalación y el mantenimiento de paneles solares en órbita son operaciones extremadamente caras, y el éxito del proyecto dependerá de futuras reducciones en los costes tecnológicos. Además, el estudio advierte que su modelo aún no incluye factores cruciales como la congestión orbital, posibles interrupciones en la transmisión de energía, ni problemas asociados al envío seguro de haces de energía desde el espacio a la Tierra.
Wei He reconoce: “Hay riesgos como el exceso de paneles solares en el espacio, que podría provocar colisiones o daños por desechos espaciales”. Estos temores no son menores; la congestión en las órbitas bajas y medias de la Tierra ya es motivo de preocupación para la industria satelital mundial debido a la proliferación de satélites de comunicaciones y la creciente amenaza de basura espacial.
Cooperación internacional y precedentes globales
Aunque aún está en fase de proyección, la implementación de SBSP podría aprovechar la experiencia de Europa en proyectos multinacionales. El estudio sugiere que la tradición de colaboración transfronteriza del continente —tanto en el intercambio de electricidad como en iniciativas espaciales a través de la Agencia Espacial Europea— sería un factor clave para una posible plataforma de paneles solares espaciales gestionada centralizadamente.
Otros países ya están avanzando en este campo. Japón, según Wei He, ha integrado el desarrollo de SBSP en su estrategia espacial nacional y en su objetivo de emisiones netas cero, mostrando así que la idea no solo es viable, sino que ya se explora a nivel real.
Europa, con su infraestructura y capacidad técnica, podría seguir el mismo camino para reducir la dependencia del gas y avanzar hacia una matriz energética mucho más limpia y estable.

Una oportunidad para transformar el modelo energético
Los investigadores consideran que el momento es ideal para que Europa apueste por los paneles solares en el espacio. Si bien la rentabilidad no se alcanzaría hasta cerca de 2050, esta tecnología representa una alternativa posible para asegurar una oferta continua y a gran escala de energía renovable, disminuyendo notablemente las preocupaciones por la variabilidad climática y la fragmentación de recursos en tierra.
“Ahora es el momento”, concluyó Wei, destacando que, si bien existen desafíos tecnológicos y logísticos todavía sin resolverse, el potencial para transformar la matriz energética del continente y alcanzar los ambiciosos objetivos de descarbonización nunca ha sido mayor.
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