
Durante décadas, la imagen del neandertal como un cazador implacable y casi exclusivamente carnívoro ha prevalecido tanto en la divulgación científica como en la cultura popular. Pero una nueva investigación, citada por New Scientist, desafía esta visión al sugerir que la dieta de estos antiguos homínidos era mucho más diversa y compleja.
Los altos niveles de isótopos de nitrógeno detectados en sus huesos, tradicionalmente atribuidos a un consumo masivo de carne, podrían tener otra explicación: la ingestión regular de larvas y alimentos vegetales.
Esta hipótesis no solo reescribe parte de la historia alimentaria prehistórica, sino que también obliga a reconsiderar la interpretación de los datos científicos sobre nuestros antepasados.
La hipótesis tradicional: neandertales como hiper-carnívoros
Durante años, los análisis de isótopos de nitrógeno en restos óseos sustentaron la idea de que los neandertales eran grandes consumidores de carne. El método se basa en la proporción de dos isótopos estables (nitrógeno-14 y-15), que aumenta a medida que los organismos ascienden en la cadena alimentaria. Los carnívoros suelen presentar ratios más altos de nitrógeno-15 que los herbívoros.
Sin embargo, los estudios mostraban que los neandertales tenían ratios incluso superiores a los de grandes depredadores como leones y hienas. Así se consolidó la narrativa del “hiper-carnívoro”, centrado en la caza de grandes presas.

“Así se instaló la idea de que los neandertales eran estos hiper-carnívoros muy enfocados en la caza mayor”, explicó Melanie Beasley, investigadora de la Universidad Purdue, en declaraciones recogidas por New Scientist.
A pesar de ello, esta interpretación ha sido cuestionada. Los huesos de Homo sapiens prehistóricos presentan niveles similares, mientras que los expertos insisten en que una dieta compuesta solo por carne magra resulta inviable a largo plazo para los humanos.
“En realidad, no es físicamente posible sobrevivir solo con carne. Morirías de lo que los primeros exploradores llamaron ‘inanición del conejo’”, advirtió Beasley. El exceso de proteínas genera productos tóxicos como el amoníaco, imposibles de eliminar en grandes cantidades.
Una nueva perspectiva: larvas y plantas en la dieta neandertal
Ante esta visión clásica, surge la hipótesis de que los neandertales mantenían una dieta mucho más variada, en la que larvas y alimentos vegetales tuvieron un papel esencial. Beasley subraya que las larvas constituyen un recurso accesible, abundante y muy nutritivo. Hay evidencias de que su consumo ha sido común en muchas sociedades antiguas y, aún hoy, forman parte de la dieta en diversas regiones.
Entre los ejemplos actuales, se encuentran cazadores de renos que consideran ciertos tipos de larvas un manjar y las cultivan, o el casu marzu, un queso típico de Cerdeña que contiene larvas vivas y es considerado una delicadeza.
Estas prácticas indican que el consumo de larvas pudo ser frecuente entre los neandertales y otros grupos humanos prehistóricos.

Además, estudios recientes sobre el cálculo dental de neandertales han aportado pruebas directas del consumo de plantas, reforzando la idea de una dieta omnívora y diversificada. La presencia de restos vegetales en sus dientes contradice el mito de un régimen exclusivamente carnívoro.
El experimento en la “body farm”: carne descompuesta, larvas y los isótopos de nitrógeno
La clave para evaluar esta hipótesis surgió en la “body farm” de la Universidad de Tennessee, donde se estudia la descomposición de cadáveres con fines forenses. Beasley, junto a John Speth (Universidad de Michigan) y Julie Lesnik (Universidad Estatal Wayne), investigó cómo la descomposición de la carne y la presencia de larvas afectan los ratios de isótopos de nitrógeno.
El equipo observó que, al descomponerse la carne, gases como el amoníaco se liberan, aumentando el nitrógeno-15. Sin embargo, este incremento en la carne descompuesta resultó ser ligero. El hallazgo más relevante fue que las larvas que consumen cadáveres presentan un aumento mucho mayor en los ratios de nitrógeno-15.
Estos resultados sugieren que el consumo de larvas podría explicar los altos niveles de isótopos de nitrógeno detectados en los huesos de neandertales y humanos antiguos, sin recurrir a la hipótesis de una dieta basada casi exclusivamente en carne.
“La evidencia aquí es bastante convincente: el consumo de larvas y similares explica la señal de ‘hiper-carnívoro’ que hemos visto en los estudios previos de isótopos fósiles”, afirmó Herman Pontzer, investigador de la Universidad Duke, citado por New Scientist.
Implicaciones y vigencia del mito paleolítico

Los hallazgos de este estudio modifican de forma directa la interpretación de la dieta neandertal y, por extensión, la de otros homínidos paleolíticos. Los altos niveles de isótopos de nitrógeno no deben atribuirse únicamente al consumo de carne, sino a una combinación de factores: almacenamiento, procesamiento y cocción de la carne, además de la ingesta de larvas.
Esta perspectiva también cuestiona los fundamentos de la llamada “paleodieta”, tendencia contemporánea que intenta emular los hábitos alimenticios prehistóricos. Según Beasley, quienes buscan una dieta verdaderamente paleolítica deberían considerar la inclusión de carne fermentada y larvas en su menú. “Todas las personas que quieren ser realmente ‘paleo’ deben empezar a pensar en fermentar su carne y dejar que las moscas tengan acceso a ella”, señaló la investigadora a New Scientist.
La información publicada por New Scientist revela que estos resultados abren nuevas vías para comprender la complejidad de la alimentación humana en el pasado y la necesidad de revisar las interpretaciones basadas únicamente en análisis químicos.
El estudio, aunque preliminar, ofrece una visión más matizada y realista de la dieta neandertal, alejándola del mito del cazador exclusivamente carnívoro y acercándola a la diversidad y adaptabilidad que definen a la especie humana.
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