
Aunque el agua embotellada no se deteriora con el tiempo, las fechas de caducidad impresas en sus envases han generado dudas entre los consumidores.
Según un estudio publicado en Live Science, el agua en sí misma no tiene componentes que puedan descomponerse, como azúcares o proteínas, lo que la hace inmune al proceso de expiración.
Sin embargo, las botellas de plástico que la contienen sí presentan un problema: con el tiempo, estos envases pueden liberar sustancias químicas que alteran el sabor y la calidad del agua.

De acuerdo con este estudio, la razón principal detrás de la inclusión de fechas de caducidad en las botellas de agua es la regulación gubernamental.
En muchos países, las leyes exigen que todos los productos alimenticios, incluidos los líquidos, lleven una fecha de vencimiento.
Aunque esta normativa no tiene un fundamento científico en el caso del agua, las empresas embotelladoras han optado por cumplir con estas disposiciones para evitar problemas legales.
Además, estas fechas también benefician a los fabricantes, ya que les permiten responsabilizar al consumidor si el agua almacenada durante años presenta un sabor desagradable.

El papel del plástico en la calidad del agua
El verdadero problema no radica en el agua, sino en el material de las botellas. Según la International Bottled Water Association (IBWA), más del 97% del agua embotellada se comercializa en envases de plástico, los cuales son ligeramente porosos.

Esta característica permite que gases del ambiente, como vapores de solventes o combustibles, puedan filtrarse y alterar el sabor y el olor del agua.
Aunque algunas marcas utilizan plásticos de mayor calidad para minimizar este efecto, estos materiales suelen ser más costosos.
Además, la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ha señalado que el agua embotellada no tiene una vida útil limitada, siempre y cuando se almacene en condiciones adecuadas.
Sin embargo, el deterioro del plástico con el tiempo puede liberar microplásticos y otros compuestos químicos al agua, lo que podría generar preocupaciones de salud.

Aunque la FDA no exige que las botellas de agua incluyan fechas de caducidad, muchas empresas continúan imprimiéndolas.
Según la IBWA, estas fechas suelen ser parte de un código que también incluye información sobre la planta de embotellado y la fecha de producción.
Este sistema facilita la gestión del inventario en los puntos de distribución y permite rastrear lotes específicos en caso de contaminación o errores en el proceso de embotellado.
Un caso particular ocurrió en el estado de Nueva Jersey, donde en 1987 se implementó una regulación que obligaba a las empresas a incluir una fecha de vencimiento de dos años en las botellas de agua.
Aunque esta norma fue derogada posteriormente por falta de evidencia científica, su impacto llevó a que muchas compañías adoptaran esta práctica de manera generalizada.
Cómo almacenar el agua embotellada de forma segura

Para evitar problemas relacionados con el deterioro del plástico, los expertos recomiendan almacenar las botellas de agua en condiciones óptimas.
Según la FDA, es fundamental mantenerlas en lugares frescos, alejados de la luz solar directa y de productos químicos o solventes que puedan afectar su calidad. Las altas temperaturas, por ejemplo, pueden acelerar la liberación de microplásticos y otros compuestos indeseados en el agua.
Aunque el agua embotellada no caduca, las fechas impresas en sus envases cumplen funciones regulatorias, logísticas y de protección para los fabricantes.

Sin embargo, el verdadero desafío radica en el material de las botellas, cuya degradación puede afectar tanto el sabor como la seguridad del producto, pero de igual manera el agua trae muchos beneficios para la salud, como la hidratación, regulación de temperatura corporal, eliminación de desechos, entre otros.
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