
El actor estadounidense Eric Dane, que es conocido por su participación en la serie Grey’s Anatomy, contó días atrás que le diagnosticaron esclerosis lateral amiotrófica, más conocida en español por su sigla ELA.
“Estoy agradecido de tener a mi querida familia a mi lado mientras navegamos por este nuevo capítulo”, dijo Dane, de 52 años.
ELA es una enfermedad que afecta las neuronas encargadas del control de los músculos voluntarios. Provoca una parálisis muscular progresiva, que lleva a la incapacidad para moverse, hablar e incluso respirar.

Un nuevo estudio, que fue realizado por investigadores de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de los Estados Unidos, pronosticó que los casos de ELA aumentarán. Fue publicado en Journal Amyotrophic Lateral Sclerosis and Frontotemporal Degeneration.
Los casos crecerán un 10% en menos de una década en ese país. Serían los 36.308 casos en el año 2030 frente a los 32.893 casos estimados en 2022, según esa proyección.
Por qué aumentan los casos de ELA

En diálogo con Infobae, la doctora Eva Feldman, directora del Centro de Excelencia en ELA de la Universidad de Michigan de los Estados Unidos, explicó que el incremento probable de los casos es “un problema global”. También alcanzará a la población de América Latina y el Caribe.
“El envejecimiento de la población es un factor de riesgo importante para ELA. Se trata de un factor no modificable, ya que las personas envejecerán. Es decir, a medida que la población crece y vive más tiempo, más personas desarrollarán ELA con el envejecimiento”, afirmó Feldman.
Pero también hay un factor de riesgo que podría controlarse mejor. “La investigación científica ha demostrado que la exposición a toxinas ambientales aumenta el riesgo de tener ELA”, subrayó.

“En nuestro estudio en Michigan, descubrimos que las toxinas, la contaminación del aire y los plaguicidas aumentan el riesgo y la gravedad de la enfermedad. Estas toxinas incluyen productos químicos agrícolas e industriales que podrían ser relevantes para América Latina y el Caribe”.
La científica reconoció: “Aún no hemos identificado todas las toxinas ambientales que aumentan el riesgo de ELA. Puede haber toxinas presentes específicamente en la región latinoamericana que aumenten el riesgo, pero se necesita investigación para identificarlas”.
A esos tipos de factores de riesgo -aclaró- “los llamamos modificables, ya que podemos restaurar el ambiente y, a su vez, reducir el número de casos de ELA”.
Cuál es la hipótesis sobre la población de América Latina

“En Latinoamérica, hay poca información epidemiológica. Es una región caracterizada por una mezcla de poblaciones europeas, amerindias nativas y africanas. Existen informes que describen un menor riesgo de desarrollar la enfermedad que en las poblaciones europeas”, comentó a Infobae la doctora Gisella Monachelli Gargiulo, investigadora del Conicet en el CEMIC, magíster en neuropsicofarmacología y especialista en neurología en la Argentina.

Existe la hipótesis de que “las poblaciones europeas comparten alelos comunes de riesgo, lo que podría aumentar la susceptibilidad a desarrollar ELA”, señaló.
Por el contrario, “las poblaciones mixtas o multiétnicas latinoamericanas podrían tener diferentes combinaciones de alelos que conduzcan a un menor riesgo de desarrollar la enfermedad”, acotó la investigadora, quien es miembro de la Sociedad Neurológica Argentina.
Cuáles son los primeros síntomas de ELA

Los primeros síntomas de la ELA pueden ser sutiles y variados. En general, las personas que desarrollan esta enfermedad experimentan una debilidad muscular progresiva, la cual puede comenzar en una extremidad, como una mano o una pierna, o en los músculos responsables del habla o la deglución.
A medida que la enfermedad progresa, los músculos del cuerpo se debilitan, lo que lleva a la parálisis. Además, algunos pacientes pueden experimentar calambres y espasmos musculares.
Qué hacer ante la suba de casos

Frente al pronóstico de aumento de casos, el estudio de los investigadores de los CDC, con Paul Mehta como primer autor, planteó tres recomendaciones importantes:
- Fomentar más investigación: Con más avances, la enfermedad podría volverse más manejable, mejorar la calidad de vida de los pacientes y, con el tiempo, permitir que vivan más tiempo.
- Reducir los riesgos ambientales. Se deberían identificar y mitigar las exposiciones.
- Mejorar el acceso a la atención médica especializada: Se deberían crear políticas que aseguren que los pacientes tengan acceso a clínicas con equipos de profesionales y ofrecer un tratamiento integral.

En la misma dirección, la doctora Feldman expresó que “afortunadamente la exposición a toxinas ambientales es un factor de riesgo modificable”. Por lo tanto, “una medida para la prevención de la ELA sería minimizar la contaminación del ambiente y reducir la exposición de las personas a las toxinas”.
Para las personas que trabajan con toxinas en sus empleos, el uso de equipos de protección personal (EPP) podría ayudar a minimizar la exposición.
También resaltó que “mejorar el tratamiento es un gran desafío. Muchos intentos no han tenido éxito”. Sin embargo, “grandes iniciativas que adopten nuevos enfoques y aprovechen nuevas tecnologías podrían ayudar a desarrollar nuevas terapias”, sostuvo.

Recientemente, la científica formó parte del grupo de trabajo de las Academias Nacionales de Ciencias, Ingeniería y Medicina (NASEM) para mejorar el manejo del trastorno en una década.
“Necesitamos un diagnóstico temprano y que los pacientes ingresen a clínicas específicas para la ELA que proporcionen lo que se llama atención multidisciplinaria”, mencionó.
El equipo debería estar integrado por un profesional médico y personal de enfermería que estén especializados en el trastorno.

También se deberían incluir terapeutas físicos y ocupacionales, terapeutas respiratorios y del habla, trabajador social, neumólogo y médico de rehabilitación, de acuerdo con el reporte que hizo el grupo de trabajo.
Los pacientes deberían tener acceso fácil a medicamentos conocidos, ensayos clínicos, intervención temprana para apoyar una buena respiración y nutrición, y al uso de bastones y sillas (de ruedas, elevadoras y específicas para baño y ducha).
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