
Hasta mayo de este año, la viruela del mono era una enfermedad infecciosa endémica en algunas regiones de África, pero no registraba circulación en otros países del mundo. Sin embargo el escenario cambió el 7 de mayo, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció la detección del primer caso de viruela símica en el Reino Unido. Rápidamente los contagios fueron en aumento hasta alcanzar la cifra de más de 77.000 pacientes confirmados en 109 naciones.
A seis meses de iniciado el brote actual, los expertos alertan que, como la viruela símica puede ser asintomática, los contagios podrían descontrolarse y extenderse a grupos vulnerables, incluida la población pediátrica. Los niños menores de 8 años deben considerarse un grupo de alto riesgo de desarrollar enfermedad grave de viruela del simio, según indicó un reciente estudio publicado en The Pediatric Infectious Disease Journal, la revista oficial de la Sociedad Europea de Enfermedades Infecciosas Pediátricas.
Los niños pequeños deberían convertirse en un objetivo clave para la vacunación contra la viruela símica si el brote se amplía en el mundo, según el ensayo “Viruela del simio: lo que los pediatras deben saber”, liderado por científicos Petra Zimmermann, de la Universidad de Friburgo, Suiza, Nigel Curtis, de la Universidad de Melbourne y el Instituto de Investigación Infantil Murdoch, Australia.

El estudio recopiló datos hasta agosto de este año, en ese momento se habían reportado casi 47.000 casos de viruela símica a nivel global. De estos, solo 211 fueron en niños y adolescentes menores de 18 años. Sin embargo, los expertos destacaron que “en el brote actual, el virus de la viruela del simio parece haberse propagado en gran parte por contacto sexual u otro contacto cercano. Queda por determinar el papel de otras vías de transmisión, incluso a través de gotitas y superficies y objetos contaminados”.
Si bien la mayoría de los casos registrados de viruela símica son “autolimitados”, con una erupción que progresa y se resuelve en 2 a 4 semanas, los síntomas pueden también pueden ser leves o estar ausentes, lo que da redunda en casos asintomáticos no diagnosticados que aumentan la posibilidad de propagación de la enfermedad.

Los expertos señalaron que, a pesar de la baja incidencia de la enfermedad en la población pediátrica registrada hasta ahora, existe un riesgo latente de desarrollar enfermedad grave: “Los niños tienen una mayor tasa de hospitalización y una mayor mortalidad, incluso en países de altos ingresos”, precisó la doctora Zimmermann y y el doctor Curtis, autores principales del ensayo.
“Basado principalmente en datos de países de bajos ingresos, los niños menores de 8 años corren un mayor riesgo de complicaciones, incluidas infecciones bacterianas potencialmente graves. Los pequeños también pueden tener un mayor riesgo de complicaciones relacionadas con rascarse y propagar la infección a otras partes del cuerpo, incluidos los ojos”, indicaron en su artículo.
Casos de alto riesgo de viruela del mono
Hasta el momento, no existe un tratamiento específico para la viruela símica en casos graves y grupos de alto riesgo, como los niños menores de 8 años y/o con enfermedades de la piel preexistentes. Además, otros grupos vulnerables son las embarazadas y los pacientes con inmunocomprometidos.

Los investigadores indicaron que, en estos casos de riesgo, las opciones de tratamiento incluyen medicamentos antivirales como tecovirimat, que es activo contra los ortopoxvirus; e inmunoglobulina vaccinia (VIG), utilizada para tratar las complicaciones de la vacunación contra la infección. No obstante, “ninguno de estos tratamientos ha demostrado ser eficaz contra el virus de la viruela del simio en humanos en ensayos clínicos, y actualmente solo se recomiendan después de consultar con las autoridades sanitarias nacionales”, subrayaron los científicos.
Debido a que la vacunación contra la viruela de rutina se suspendió después de que se erradicó la enfermedad en 1980 en el mundo, la gran mayoría de la población no recibió una dosis contra la infección. La FDA aprobó un nuevo tipo de vacuna (MVA-BN) para la prevención de la viruela del simio, pero no ha sido “autorizada ni evaluada rigurosamente” en niños, según remarcaron los investigadores. Además, aún aunque se desconoce la duración de la protección en adultos.
Por todo esto, sumado a la falta de datos actuales y la posibilidad de propagación de los contagios a los grupos de más riesgo, entre ellas los de más riesgo, los doctores Zimmermann y Curtis concluyeron que “si el brote actual se extendiera a los niños, las autoridades deberían estar preparadas para implementar rápidamente la vacunación de este grupo de edad”.
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