Carles Grau Sivera
El Cairo, 7 sep (EFE).- A 25 años del 11S, los atentados que conmocionaron al mundo y que pusieron a Al Qaeda en el foco, la organización terrorista se ha tenido que adaptar para garantizar su supervivencia mediante la descentralización de su red, compuesta por varios grupos con aspiraciones que van más allá de la ideología islamista.
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El 11 de septiembre de 2001, tras varios años de minuciosa preparación, dos aviones comerciales secuestrados por integrantes de Al Qaeda se estrellaron contra las Torres Gemelas, provocando su derrumbe, la muerte de unas 3.000 personas y una profunda transformación en las dinámicas sociales y geopolíticas del mundo.
Para aquel entonces, la organización fundada a finales de la década de 1980 mantenía un santuario en Afganistán amparado por los talibanes, contaba con una estructura centralizada y un liderazgo claro: el del multimillonario saudí Osama bin Laden.
"La Al Qaeda que llevó a cabo el 11S ya no existe en esa forma. La que sobrevivió se vio obligada a convertirse en algo mucho más disperso: un centro debilitado rodeado de organizaciones regionales cada vez más arraigadas en sus propios conflictos locales", explica a EFE el especialista en terrorismo y radicalización Suwaid al Abkal.
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El analista recuerda que esta mutación no solo fue una estrategia a largo plazo, sino que "la consecuencia de los daños infligidos tras el 11S", como la invasión estadounidense de Afganistán en octubre de 2001 y el asesinato o dispersión de su liderazgo, que forzaron la descentralización de una Al Qaeda que limitó sus ataques en Occidente.
"Esto hizo que fuera más difícil de destruir, pero la supervivencia tuvo un coste: la pérdida de control", afirma Al Abkal, que recuerda cómo la rama de la organización en Irak terminó dando origen al Estado Islámico (EI) en 2014.
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Y es que mientras que Al Qaeda era considerada una organización más elitista dentro de la ideología salafista yihadista que generaba impacto con atentados espectaculares en el extranjero, el EI logró mayor visibilidad con su propaganda agresiva, su brutalidad y conquistas territoriales tanto en Irak como en Siria.
Al Qaeda se tuvo que adaptar y se convirtió en "una red con diferentes ramas", explica a EFE Sergio Altuna, investigador senior en el Programa sobre Extremismo de la Universidad George Washington, que afirma que eso ha contribuido a que la organización "sea hoy más pragmática, más calculadora y más paciente".
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Así, la red está compuesta por Al Shabaab, en Somalia y el Cuerno de África; Jamaat Nusrat al Islam wal Muslimin (JNIM), en Malí y la región del Sahel; Al Qaeda en la Península Arábiga (AQAP), en el Yemen: o Al Qaeda en el Subcontinente Indio (AQIS), que opera en zonas del sur de Asia como Pakistán, la India, Afganistán o Bangladés.
Sin embargo, el experto en movimientos extremistas Ahmed Lamloum recuerda el valor que representó el 11S para el grupo: "Logró que todos los gobiernos del mundo le prestaran atención y se benefició enormemente de ello, ya que lo ha utilizado como parte de su maquinaria de propaganda y reclutamiento de nuevos miembros".
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Al Qaeda ha sobrevivido pese a las muertes del carismático Bin Laden y del pragmático Ayman al Zawahiri (ambos asesinados por EE.UU. en 2011 y 2022, respectivamente), que priorizaron el espectáculo y la doctrina como esencia de una organización que ahora sobrevive con Seif al Adel al frente, un líder poco conocido y centrado en el largo plazo.
Altuna afirma que los objetivos de Al Qaeda no han cambiado en estos 25 años, pero sí sus métodos para conseguirlos, por lo que la organización "se ha convertido en un actor capaz de establecer vínculos con organizaciones y otros actores que no necesariamente comparten su ideología" pero sí un "enemigo común".
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"La principal amenaza de Al Qaeda reside precisamente en su capacidad para aprovechar conflictos y dinámicas locales y convertirlos en espacios de implantación", dice el analista, que destaca la "importante autonomía local" de la red tanto en el Sahel como en Yemen, donde sus ramas "buscan construir relaciones con las comunidades".
Al Abkal añade que el peligro de las ramas en África es que ya no se limitan a atacar a Estados débiles, sino que "están aprendiendo a competir con ellos por la autoridad", ya que el JNIM tiene la capacidad de imponer bloqueos o gravar actividades económicas, al igual que Al Shabaab en Somalia.
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De esta forma, Al Qaeda ya no solo demuestra que puede infligir violencia, sino que puede recaudar impuestos, regular los desplazamientos, imponer normas e incluso infiltrarse en el sistema de los Estados, algo que hace que "desmantelar estas organizaciones resulte especialmente difícil".
"Una bomba demuestra que una organización puede matar. Un sistema tributario, un puesto de control y un tribunal demuestran que puede perdurar", sentencia Al Abkal. EFE
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