Praga, 19 ago (EFE).- La presa de Orlík, uno de los principales destinos veraniegos de la República Checa, afronta una sequía histórica que ha dejado el embalse en mínimos, ha obligado a retirar las embarcaciones de recreo con grúas y amenaza con comprometer el caudal del río Moldava a su paso por Praga.
"No se pueden sacar los barcos en coche, porque estos no llegan al agua", afirmó a EFE un veraneante, que observa desde la ladera esta situación atípica creada por la ausencia de lluvias, tras un invierno muy seco que ha sido la tónica del año. En la presa ya es habitual ver embarcaciones varadas en el barro.
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En condiciones habituales, los propietarios pueden acceder con sus vehículos hasta la orilla para retirar sus embarcaciones, pero el acusado descenso del agua ha dejado al descubierto el lecho del embalse e impide que los coches lleguen hasta el agua, obligando a sacar los barcos con grúas.
"Falta agua, unos 11 o 14 metros", afirma este veraneante al comparar la situación actual con la habitual, y señala con la mano los restos de un viejo puente que ha aflorado tras el descenso del nivel hasta cotas preocupantes.
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Este embalse, que forma parte de la red de presas del río Moldava y es el que tiene mayor volumen de agua retenida en el país, se encuentra en uno de los niveles más bajos que se recuerda, y sigue perdiendo agua, a un ritmo de un metro de altura por semana.
El problema es que, debido a la sequía, a Orlík llegan menos de 14 metros cúbicos de agua por segundo, mientras que la presa debe mantener un caudal de salida que se libera principalmente por la noche para generar electricidad y garantizar en Praga un mínimo de 47 metros cúbicos por segundo, frente a los 150 habituales.
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Esos 47 metros cúbicos son el umbral de sequía en la estación de medición de Praga-Malá Chuchle, y el caudal mínimo que la autoridad que regula la red de presas del Moldava mantiene.
Si sigue descendiendo el nivel, Orlík no podrá soltar más agua por sus compuertas y eso podría obligar a abrir la presa de Slapy, más cercana a la capital.
Una situación diametralmente opuesta a la vivida en agosto de 2002, cuando Praga y la parte occidental del país sufrieron una de las riadas más trágicas de su historia, ya que el caudal superó los 4.000 metros cúbicos a su paso por la capital, y quedaron inundados varios barrios, como Karlín, Holesovice y la Isla de Kampa, además del metro. EFE
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(Foto)(Vídeo)
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