
Funcionarios iraquíes reportaron el fallecimiento de tres combatientes de las Fuerzas de Movilización Popular y lesiones a cuatro personas adicionales a consecuencia de un ataque ocurrido en la provincia de Kirkuk, al norte de Irak. Según consignó la agencia estatal iraquí INA, el mismo día también se registró el impacto de un dron en las cercanías del Aeropuerto Internacional de Bagdad, además de una serie de ataques con drones en la región del Kurdistán, uno de los cuales alcanzó la vivienda del presidente de la región, Nechirvan Barzani, ubicada en Duhok. Estos hechos refuerzan el ambiente de tensión y violencia que persiste en varias zonas del territorio iraquí.
De acuerdo con lo publicado por INA y recogido por diversas plataformas internacionales, el conflicto se agudizó este sábado con la agresión directa contra la residencia privada de Nechirvan Barzani, en un acto atribuido a milicias afines a Irán. El ataque recibió una condena categórica por parte de las autoridades estadounidenses, quienes calificaron la acción como un “acto terrorista” y subrayaron que representa una afrenta a la soberanía e integridad territorial de Irak. El portavoz adjunto del Departamento de Estado de Estados Unidos, Tommy Pigott, difundió un comunicado en el que expresa: “Estados Unidos condena de forma inequívoca y enérgica los despreciables ataques terroristas perpetrados por milicias afines a Irán en Irak contra la residencia privada del presidente de la región del Kurdistán iraquí, Nechirvan Barzani”.
Pigott, según lo reportado por el medio estadounidense, también afirmó que estos hechos constituyen “un ataque directo contra la soberanía, la estabilidad y la unidad de Irak”. Las declaraciones del portavoz reflejan la reacción oficial de Washington tanto ante el ataque específico contra Barzani como frente a la evolución general de los hechos que afectan actualmente la seguridad de Irak, atribuidos a grupos respaldados por Teherán.
El comunicado del Departamento de Estado, citado por los principales medios estadounidenses, sostiene que “rechazamos categóricamente los actos terroristas indiscriminados y cobardes que Irán y sus aliados han desatado en la región del Kurdistán iraquí y en todo Irak”. La nota ratifica la postura crítica de Estados Unidos hacia las maniobras de Irán y los grupos armados aliados que operan en territorio iraquí, en un contexto internacional marcado por tensiones crecientes tras la ofensiva militar conjunta de Washington y Tel Aviv contra la República Islámica.
El medio Rudaw, de origen kurdo-iraquí, recopiló que desde el 28 de agosto, fecha en la que se iniciaron los bombardeos por parte de Israel y Estados Unidos sobre territorio iraní, se han contabilizado más de 460 incidentes violentos en el Kurdistán iraquí. Las milicias proiraníes presentes en Irak consideran a esta región un aliado estratégico de Estados Unidos, lo que ha intensificado la frecuencia y gravedad de los ataques en ese enclave del norte del país.
INA también informó que en las últimas horas se perpetraron seis ataques con drones en distintas zonas del Kurdistán iraquí. Entre ellos, uno impactó directamente en el domicilio del presidente Barzani en Duhok, mientras que se produjo otro incidente similar cerca de la terminal aérea de Bagdad, reflejando el alcance de la amenaza y la vulnerabilidad de las infraestructuras y altos cargos de la región.
Esta serie de agresiones se inscribe en el marco de una situación de alta inestabilidad, caracterizada tanto por el enfrentamiento entre potencias extranjeras y actores regionales como por la fragilidad de la seguridad interna iraquí. Según remarcó la agencia INA, la respuesta de Estados Unidos no se limitó a pronunciamientos diplomáticos, sino que ha adquirido importancia política por la reiterada acusación contra Irán y su entorno de respaldar la desestabilización interna en Irak.
Las cifras recogidas por Rudaw revelan que los ataques han ido en aumento, con el Kurdistán convertido en escenario principal de la violencia vinculada a rivalidades regionales e internacionales. Las autoridades estadounidenses sostienen que estas acciones buscan diezmar la seguridad y cohesión de Irak, mientras refuerzan su postura frente a las intervenciones de Teherán y sus aliados dentro del país.
El contexto descrito por los medios oficiales y kurdo-iraquíes sitúa los hechos recientes en una cadena de acontecimientos ocurridos tras la activación de operaciones militares en agosto, las cuales generaron de inmediato represalias y una oleada de actos armados. Washington insiste en denunciar la vulneración de la soberanía iraquí y asociar estos episodios con una estrategia más amplia de Irán para extender su influencia en la región y desafiar la presencia occidental.
Las repercusiones políticas y sociales de los ataques alcanzan no solo a figuras como Nechirvan Barzani, sino a la estabilidad de la región semiautónoma y el conjunto del Estado iraquí. Las fuentes mencionadas dan cuenta de los desafíos para contener la violencia e impedir nuevas escaladas, en medio de un clima de desconfianza y enfrentamientos reiterados entre múltiples actores locales y externos.
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