El OIEA indica que no hay aumento en niveles de radiación tras ataque israelí contra una planta de uranio en Irán

La agencia nuclear de Naciones Unidas aseguró que no detectó variaciones peligrosas fuera de instalaciones en Yazd tras el ataque en Irán, mientras investiga el hecho y llama a mantener la calma para evitar riesgos mayores

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Rafael Grossi, director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), instó públicamente al control y la moderación ante el reciente ataque dirigido a la planta de producción de óxido de uranio Shahid Rezayee Nejad, ubicada en la provincia de Yazd, Irán. Según el mensaje difundido por el organismo en sus canales oficiales, la entidad no ha detectado niveles peligrosos de radiación en el exterior de las instalaciones tras la ofensiva. Este pronunciamiento se realizó luego de que las autoridades iraníes informaron al OIEA sobre el incidente.

De acuerdo con lo publicado por el OIEA, la planta afectada en Yazd, conocida también como Ardakan, no muestra incrementos en los niveles de radiación fuera de su perímetro tras el ataque militar. El organismo precisó que ya se encuentra investigando el suceso, con el objetivo de recabar todos los detalles pertinentes y evaluar cualquier posible consecuencia para la seguridad nuclear. La organización internacional remarcó que el análisis inicial no reporta variaciones peligrosas, lo cual reduce de momento la preocupación por una emergencia de carácter nuclear más extensa.

El medio detalló, además, que el atentado contra la planta de “torta amarilla”, denominación que recibe el óxido de uranio concentrado, se suma a un segundo ataque en el complejo de agua pesada ubicado en la provincia iraní de Arak. Estos incidentes suscitaron atención internacional, tanto por la naturaleza de los blancos seleccionados como por el contexto de tensión regional en torno al programa nuclear iraní.

Según consignó el OIEA, las acciones militares tuvieron lugar en una coyuntura marcada por decisiones recientes de la administración de Estados Unidos. El país, liderado por el presidente Donald Trump, optó por ampliar el periodo de suspensión de ataques directos contra instalaciones energéticas de Irán. Este aplazamiento se fijó por un lapso de diez días, hasta el 6 de abril, tras una anterior moratoria de cinco días. Asimismo, trascendió que Estados Unidos emitió un ultimátum de 48 horas a las autoridades iraníes, exigiendo la reapertura del estratégico estrecho de Ormuz, un corredor clave para el transporte internacional de petróleo.

El OIEA, como autoridad mundial en el monitoreo del uso pacífico de la energía atómica y la seguridad nuclear, recalcó la importancia de evitar cualquier acción que pudiera desencadenar un accidente nuclear. El director Rafael Grossi reiteró este mensaje, enfatizando la necesidad de priorizar la estabilidad y la prevención de riesgos mayores en zonas donde existen instalaciones nucleares o de procesamiento de materiales radioactivos.

Según reportó el organismo, la información proporcionada por las autoridades iraníes tiene por fin mantener la transparencia y permitir al OIEA iniciar los procedimientos habituales de verificación e investigación. De acuerdo con los reportes citados, hasta la fecha no se han registrado consecuencias medioambientales graves detectables fuera de la zona atacada.

Tal como publicó el OIEA, el contexto de las hostilidades se caracterizó por la tensión entre estrategias militares y la diplomacia internacional en torno al programa nuclear iraní. El seguimiento que el organismo realiza tanto en Yazd como en otros complejos relacionados con el ciclo nuclear de Irán forma parte de su mandato para velar por la seguridad y la no proliferación de armas atómicas en la región.

El hecho de que no se hayan detectado incrementos de radiación de manera inmediata tras el ataque constituye un elemento relevante en la evaluación de los riesgos, aunque el organismo no ha descartado la posibilidad de anunciar medidas adicionales a medida que avance la investigación en curso. Las conclusiones preliminares del OIEA descartan, por el momento, amenazas directas a la población o al medioambiente fuera del complejo nuclear impactado, y la agencia internacional mantiene abiertos sus canales de comunicación con el gobierno iraní y otros agentes estatales con intereses en la región.