La primera mujer arzobispa de Canterbury asume el cargo recordando a las víctimas de los fallos en la iglesia

Durante su investidura, Sarah Mullally resaltó la importancia de no ignorar el sufrimiento causado por errores internos de la iglesia anglicana, destacó el compromiso con la verdad y pidió mantener la empatía hacia las personas afectadas por abusos recientes

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A poco de iniciar su mandato como la 106 arzobispa de Canterbury, Sarah Mullally puso el foco en el sufrimiento de quienes han sido afectados por los errores internos de la iglesia anglicana, resaltando la necesidad de no minimizar la magnitud del daño causado en el pasado. En su discurso de investidura, la nueva líder eclesiástica subrayó el compromiso con la verdad y la empatía hacia las personas perjudicadas por recientes casos de abuso, señalando que la búsqueda de justicia y acción debe permanecer como prioridad para la institución. Según consignó el medio, Mullally destacó la relevancia de mantener la solidaridad con las víctimas, integrando su situación en las oraciones y en la agenda de la iglesia.

Durante la ceremonia celebrada en la Catedral de Canterbury, a la que asistieron los príncipes de Gales, Guillermo y Catalina, Mullally dirigió un mensaje dirigido tanto a la comunidad eclesiástica como a la sociedad en general. El medio reportó que la arzobispa remarcó la necesidad de reconocer el sufrimiento no solo en contextos globales de conflicto, sino también en el entorno cercano, refiriéndose específicamente a quienes han experimentado daños dentro de las comunidades y estructuras eclesiásticas. “Llevamos a las víctimas y supervivientes en nuestros corazones y en nuestras oraciones, y debemos seguir comprometidos con la verdad, la compasión, la justicia y la acción”, afirmó, estableciendo el tono de su mandato.

Sarah Mullally pidió a los presentes rezar de manera constante por las personas que han sufrido a raíz de acciones, omisiones y errores cometidos por miembros de la propia iglesia anglicana. Según publicó el medio, la líder religiosa reiteró que la institución no debe “pasar por alto ni minimizar el dolor experimentado” por las víctimas, sugiriendo que el cuidado pastoral requiere una atención continua a las experiencias de daño que, en ocasiones, se han producido en el mismo seno eclesial. Su mensaje también incluyó una referencia a víctimas de acontecimientos internacionales, recordando el sufrimiento ocasionado por las guerras en Ucrania, Sudán y Birmania.

El nombramiento de Mullally se da tras la renuncia de Justin Welby en 2024, quien enfrentó numerosas críticas derivadas de su manejo de un caso de abusos dentro de la iglesia. Según detalló el medio, la elección de una figura como Mullally marca una etapa en la que las demandas de mayor responsabilidad y transparencia ocupan un espacio central. Mullally, quien hasta entonces ejercía como obispa de Londres desde 2018 y anteriormente fue obispa de Crediton en la diócesis de Exeter, accede al puesto de mayor rango en la Iglesia de Inglaterra en un contexto de elevada sensibilidad hacia el abordaje de los abusos y los mecanismos de prevención institucional.

El medio indicó que durante su sermón, Mullally dejó en claro que el dolor por los “fallos” internos de la iglesia no debe separarse de la conciencia por otras formas de sufrimiento que afectan al mundo. La líder religiosa interpretó la empatía y la búsqueda de verdad como obligaciones inseparables de la función eclesial. Las palabras de la arzobispa se encuadran en una iglesia comprometida en revisar sus propias faltas, mientras sostiene una valoración por la integridad y la protección de los más vulnerables en todas sus acciones.

Mullally, de formación previa en enfermería y reconocida por su participación activa en temas de protección y cuidado dentro de la iglesia anglicana, enfatizó en su primer discurso que la compasión y la justicia deben ser prácticas cotidianas, no solo ideales declarados en intervenciones públicas. El medio reseñó que la presencia de los príncipes de Gales en el evento reforzó la relevancia institucional del nombramiento y su impacto dentro y fuera de la comunidad religiosa.

La nueva arzobispa de Canterbury insistió en la necesidad de construir una comunidad donde las experiencias de sufrimiento no sean invisibilizadas ni restadas de importancia. Según informó el medio, su liderazgo comienza en medio de expectativas renovadas respecto al enfrentamiento abierto de los problemas históricos de la iglesia, la atención integral a las víctimas y la promoción de medidas concretas para evitar nuevos casos de abuso dentro de la institución. Mullally asumió públicamente el compromiso de mantener la mirada crítica sobre el interior de la iglesia al mismo tiempo que fomenta una actitud compasiva frente al dolor tanto próximo como distante.