Un estudio revela que consumir más alimentos ultraprocesados está relacionado con una peor salud ósea

Personas que ingieren productos industriales con alto contenido de sal, grasas y aditivos muestran menor densidad ósea y más probabilidades de fractura, según una investigación internacional que analizó datos de más de 160.000 participantes durante 12 años

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Datos aportados por el estudio internacional mostraron que las personas con bajo peso corporal, es decir, un índice de masa corporal menor a 18,5, y los individuos menores de 65 años presentaron peores indicadores de densidad ósea cuando mantenían un consumo elevado de alimentos ultraprocesados. Según consignó el medio The British Journal of Nutrition, los participantes de estos grupos presentaron una mayor tendencia a la disminución de la densidad mineral ósea y a sufrir fracturas de cadera. Esta investigación, realizada por equipos de la Universidad de Tulane en Nueva Orleans y la Universidad Sun Yat-sen en Shenzhen, involucró el análisis de más de 160.000 personas durante un seguimiento que se extendió a lo largo de 12 años.

El medio The British Journal of Nutrition publicó que el 55% de las calorías que consumen jóvenes y adultos provienen de alimentos ultraprocesados, según cifras del año 2023 recabadas por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). El promedio registrado en el estudio indica que los participantes ingerían alrededor de ocho porciones al día de este tipo de productos, que incluyen desde platos principales congelados hasta refrescos y galletas. Según el análisis de los investigadores, por cada 3,7 raciones adicionales diarias de productos ultraprocesados, el riesgo de fractura de cadera aumentaba un 10,5%.

La publicación resaltó que los artículos ultraprocesados abarcan artículos manufacturados con cantidades elevadas de sal, grasas, edulcorantes y otros aditivos, además de ser altamente calóricos y carecer, en gran medida, de alimentos integrales o ingredientes en su estado natural. El estudio citado por The British Journal of Nutrition subraya que estos productos forman parte habitual de la dieta en hogares de clase baja y media, y se encuentran de manera común en supermercados.

El coautor principal del estudio, Lu Qi, quien dirige la Cátedra Distinguida HCA Regents y se desempeña como profesor en la Escuela de Salud Pública y Medicina Tropical Celia Scott Weatherhead de la Universidad de Tulane, declaró que el seguimiento realizado durante más de una década permitió establecer una correlación directa entre la elevada ingesta de alimentos ultraprocesados y la disminución de la densidad mineral ósea en áreas específicas como el fémur superior y la región lumbar. Según recoge el medio, Qi enfatizó que este análisis representa la primera oportunidad en que se examina de forma directa este vínculo en humanos. Añadió que estudios previos vinculaban ya los alimentos ultraprocesados con problemas de salud ósea, pero la evidencia de este trabajo amplía el conocimiento en población general.

Entre los hallazgos destacados, se observó que la mayor capacidad digestiva de las personas más jóvenes podría permitir una absorción más eficiente de los ingredientes perjudiciales contenidos en los alimentos ultraprocesados. Asimismo, la baja masa corporal se identificó como un factor agravante, ya que las personas con bajo peso padecen un riesgo incrementado para la salud ósea, según afirma el estudio coordinado por las universidades mencionadas.

De acuerdo con lo consignado por The British Journal of Nutrition, esta línea de análisis se enmarca en una tendencia sostenida por investigaciones previas. Entre los antecedentes se incluye un estudio publicado en 2024 que asoció el alto consumo de alimentos ultraprocesados con una mayor probabilidad de sufrir osteoporosis, y otro trabajo de 2016 en el que madres gestantes y sus recién nacidos evidenciaron menor contenido mineral óseo cuando residían cerca de locales de comida rápida, potencialmente relacionado con una mayor exposición y acceso a este tipo de productos.

Lu Qi indicó a The British Journal of Nutrition que no sorprende la consistencia de los resultados puesto que la dieta juega un papel fundamental en el estado del tejido óseo, y hay una relación sistemática entre alimentos ultraprocesados y distintos problemas nutricionales. Recalcó que la salud ósea requiere de una nutrición adecuada, en la que los productos con alto nivel de procesamiento representan un factor que puede perjudicar la calidad de vida a largo plazo.

El medio también reportó los comentarios de Luigi Tozzi, subdirector de Safe Food Advocacy Europe (SAFE), quien sostuvo que los resultados de la investigación refuerzan las inquietudes presentes en la sociedad sobre el consumo de ultraprocesados. Tozzi señaló que la preocupación no carece de fundamento, ya que se apoya en una base científica sólida respaldada por datos independientes. Además, propuso que las políticas de salud pública deberían actualizarse para reflejar estos hallazgos, impulsando la prevención y recomendando la reducción en el consumo de productos ultraprocesados. Sugirió, además, la adopción de dietas orientadas hacia alimentos integrales y patrones alimenticios más saludables, en concordancia con la evidencia reunida tanto por el estudio internacional reciente como por diversos trabajos anteriores.

El texto publicado por The British Journal of Nutrition explicó que el seguimiento de los participantes del Biobanco del Reino Unido permitió analizar detalladamente la asociación entre la cantidad de alimentos ultraprocesados ingeridos y los marcadores de salud ósea. Los investigadores incluyeron en sus registros tanto la frecuencia como el tipo de productos consumidos, abarcando desde alimentos congelados procesados hasta bebidas azucaradas y refrigerios industriales, ya que la variedad y el alto consumo conjunto de estos artículos contribuyen de manera significativa a la ingesta calórica diaria y a la exposición a aditivos.

En el análisis, los especialistas advirtieron que el aumento de fracturas de cadera y la disminución en la densidad mineral ósea podrían representar consecuencias de salud pública que exigen tomas de decisión informadas, en particular por el impacto potencial sobre los sistemas médicos y la calidad de vida de las poblaciones afectadas, especialmente en menores de 65 años y personas con bajo peso. La base científica aportada por este tipo de investigaciones constituye un punto de partida para revisar hábitos alimentarios y orientar recomendaciones clínicas en relación con la dieta y la salud ósea.