Los países de la UE discrepan sobre el futuro del CO2 en los coches, con el barril a 100 dólares

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Bruselas, 17 mar (EFE).- Los países de la Unión Europea analizaron este martes por primera vez la propuesta de la Comisión Europea para rebajar del 100 % al 90 % el objetivo de reducción de CO2 exigido a coches y furgonetas nuevos en 2035, en plena escalada de precios del petróleo, con el barril por encima de los 100 dólares.

El intercambio buscó acercar posturas de cara a la negociación con el Parlamento Europeo sobre la regulación vigente.

La Comisión Europea propuso en diciembre rebajar del 100 % al 90 % la reducción de CO2 exigida en 2035 respecto a 2021, lo que permitiría seguir vendiendo coches de combustión si compensan parte de sus emisiones con biocombustibles o acero verde.

El Ejecutivo también abre la puerta a que continúen los híbridos enchufables y los eléctricos con autonomía extendida con un motor de combustión como generador, y suaviza objetivos para furgonetas.

Bruselas planteó impulsar la demanda con cuotas para flotas de empresa y crear una categoría de pequeños coches eléctricos europeos asequibles con menos cargas regulatorias e incentivos específicos, así como potenciar el 'Made in Europe'.

"El futuro será eléctrico", dijo el comisario europeo de Acción Climática, Wopke Hoekstra, en el debate ministerial, donde aseguró que hay una "transformación estructural en curso", pero argumentó las enmiendas que Bruselas quiere introducir en el reglamento porque "a veces tomamos ciertos rumbos que no nos permiten llegar a la meta en un tiempo adecuado".

Hoekstra, en todo caso, subrayó que la UE debe alejarse de los combustibles fósiles por razones climáticas, pero también para reducir su dependencia energética.

Con el petróleo a 100 dólares, los conductores europeos pagan al día 150 millones de euros adicionales para repostar, según cálculos de la organización Transporte y Medioambiente (T&E).

Un primer grupo de países no muy numeroso, donde se enmarcan Países Bajos, España, Dinamarca o Luxemburgo, no quiere rebajar la ambición del Pacto Verde y argumentan que lastraría la competitividad del motor en la carrera por la electrificación.

Las capitales más verdes avisan además de que la dependencia de los combustibles fósiles expone a la UE a una volatilidad muy tangible al calor de la escalada de precios por la guerra en el golfo Pérsico.

España, representada por el embajador adjunto ante la UE, Oriol Escalas, reclamó una "hoja de ruta clara, ambiciosa y predecible".

En esa misma línea, Dinamarca subrayó que las normas de CO2 no son el motivo de las dificultades de los coches europeos fuera de Europa ni del avance en el mercado único de las marcas chinas y Luxemburgo advirtió que "las dudas pueden espantar a los inversores".

Otros países, como Eslovenia, Grecia, Francia o Alemania, apoyan la propuesta de Bruselas, si bien París incide mucho en los criterios proteccionistas de "preferencia europea" para favorecer a la industria local y pide una trayectoria de reducción de emisiones más allá de 2035 para que los fabricantes tengan "visión a largo plazo".

Alemania, gran constructor europeo, apoya parte de la propuesta del Ejecutivo europeo, pero con matices. Quiere estudiar mejor el 'Made in Europe' que abandera Francia y es crítica con los supercréditos, que supondrían que cada turismo pequeño de cero emisiones contaría como 1,3 vehículos limpios para calcular topes de CO2 en las flotas vendidas.

Por último, un tercer bloque de Estados miembros, como Italia o Eslovaquia, exige más alivio para la industria. Roma, en particular, presiona para que se cree una nueva categoría de vehículos alimentados exclusivamente por combustibles sin CO2 como los 'e-fuels', lo que impulsaría el "desarrollo de nuevos carburantes".

"Tenemos que abrirnos, no buscar soluciones tapón, dar oxígeno a las empresas. No debemos ser los arquitectos de la decadencia sino motor de desarrollo", dijo el ministro transalpino Gilberto Pichetto Fratin.

Países Bajos expresó dudas sobre esa defensa de la "neutralidad tecnológica" pues podría generar "que haya dos infraestructuras en paralelo y que esto aumente los costes para todos".

Hungría aplaudió esa iniciativa por los combustibles neutros y sugirió que los requisitos de emplear "acero verde" que se plantean para que los constructores obtengan flexibilidades se amplíe también a otros materiales como el aluminio.

Chequia, más incisiva, pidió una "normativa realista" y abogó por "ajustar en profundidad" la legislación para dar más facilidades al motor de combustión después de 2035, en línea con Polonia, que considera que la revisión que se debate es "sólo el primer paso pragmático".

Los ministros volverán a tratar la cuestión en junio, con vistas ya a fijar posición, mientras que en paralelo la Eurocámara irá también celebrando debates internos para llegar a esa mesa de negociación.