Rubio se desdice y niega cualquier peso de Israel en las razones de EEUU para lanzar su ofensiva contra Irán

Rubio rechaza haber relacionado la reciente operación militar con intereses israelíes y enfatiza que la decisión, según sus palabras, obedeció a una estrategia propia para neutralizar posibles amenazas, mientras Trump se desmarca de condicionar sus acciones a aliados

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Al argumentar que la ofensiva militar desplegada recientemente contra Irán respondía a una “oportunidad única para tomar medidas conjuntas”, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, rechazó cualquier interpretación que sugiriera que la decisión estadounidense obedeció a intereses israelíes. Rubio sostuvo ante la prensa que, aunque reconoce que podrían “tergiversar” sus declaraciones, nunca vinculó la operación militar al deseo de Israel de atacar territorio iraní. Según detalló el medio original, el secretario estadounidense remarcó que la actuación estadounidense se determinó por una lógica estratégica propia que priorizaba la neutralización de posibles amenazas contra las fuerzas estadounidenses.

De acuerdo con la información publicada, Rubio negó haber afirmado, en ninguna ocasión, que la ofensiva estadounidense se produjo a raíz de las pretensiones militares de Israel. El responsable de la diplomacia estadounidense precisó que su respuesta a la prensa, referida a si la intervención respondía a presiones de Israel, fue un claro “no” y que, independientemente de lo que sucediera en la región, la decisión “tenía que suceder de todos modos”. Esta postura fue ejemplificada en la única mención directa a Israel durante su comparecencia, donde insistió en que la acción respondió a consideraciones de seguridad propias de Estados Unidos.

Sin embargo, la transcripción de las declaraciones del día anterior, publicada en la web del Departamento de Estado, registra que Rubio reconoció la previsión de un ataque israelí, anticipando que ello podría implicar represalias sobre fuerzas estadounidenses. Según expuso el medio, Rubio sostuvo en esas palabras: “Sabíamos que habría una acción israelí. Sabíamos que eso precipitaría un ataque contra las fuerzas estadounidenses. Y sabíamos que si no los perseguíamos preventivamente antes de que lanzaran esos ataques, sufriríamos más bajas”. El secretario de Estado añadió: “Nosotros, el presidente, decidimos que no nos atacarían primero”. Expuso al respecto que, ante la advertencia de que un proceder pasivo podría incrementar el número de víctimas, el presidente optó por la acción preventiva para evitar pérdidas mayores.

Al ser interrogado sobre si la ofensiva estuvo condicionada por el posible inicio de hostilidades por parte de Israel, Rubio reiteró su rechazo a esa lectura y aclaró que el ataque respondió a una decisión ya tomada previamente por el presidente estadounidense. “El presidente ya había tomado la decisión de actuar”, afirmó ante la prensa, subrayando que se buscó el momento que brindara la mayor probabilidad de éxito en la operación militar. Recalcó que la determinación del gobierno estadounidense estuvo enfocada en aprovechar una coyuntura favorable para llevar adelante acciones conjuntas y que la participación o el accionar de Israel no pesaron de forma determinante en la resolución adoptada.

En su intervención, Rubio argumentó que la administración estadounidense percibe al gobierno iraní como una amenaza debido a su programa de misiles, drones, actividades orientadas al terrorismo y ambiciones nucleares. Indicó que el escenario actual exigía neutralizar la capacidad de Irán para fabricar armas nucleares y retirar su arsenal estratégico, lo que justificó la decisión de atacar de manera preventiva. “Ahora era el momento de perseguirlos. El presidente tomó la decisión de perseguirlos, quitarles sus misiles, su Armada, sus drones, quitarles la capacidad de fabricar esas armas, para que nunca puedan tener un arma nuclear. Por eso el presidente tomó esta decisión”, expresó el secretario de Estado durante su encuentro con los medios, según reportó la fuente original.

Rubio sostuvo que, aunque hubo múltiples interrupciones durante su comparecencia con la prensa, la esencia de su mensaje fue subrayar que la iniciativa correspondió exclusivamente a la Casa Blanca, no a intereses de aliados extranjeros. Horas antes de estas declaraciones, el presidente Donald Trump también refutó la posibilidad de que la orden de ataque tuviera como finalidad anticiparse a una incursión unilateral israelí. Trump manifestó que la decisión se originó ante una supuesta intención de Irán de atacar primero, pese al contexto de negociaciones entre Teherán y Washington que se daban incluso la víspera de los ataques. “Puede que él mismo hubiera ‘forzado la mano’ de Israel”, señaló el presidente, aludiendo a que fue Estados Unidos quien incentivó la acción junto a su aliado y no lo contrario. Trump reconoció que Israel se encontraba preparado para una operación, calificando de “muy poderoso” el impacto de la acción conjunta, según destacó la cobertura original.

Las declaraciones del secretario de Estado estadounidense generaron reacciones en el plano internacional, particularmente desde Irán. El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araqchi, respondió señalando que Rubio “admitió lo que todos sabíamos: Estados Unidos ha entrado en una guerra por elección en nombre de Israel”. En su declaración, Araqchi agregó que la supuesta “amenaza” iraní nunca existió, adjudicando la responsabilidad por el derramamiento de sangre resultante tanto en Estados Unidos como en Irán a los partidarios de la política de “Israel primero”, una clara alusión al eslogan político promovido por Trump, “América primero”. Esta reacción se posiciona en un contexto de discrepancias sobre las verdaderas motivaciones tras la ofensiva militar y agrava las tensas relaciones entre Washington y Teherán.

El medio original resaltó que, pese al incremento de las críticas y la interpretación de que Estados Unidos habría impulsado acciones militares bajo la presión de su socio israelí, la administración Trump insisten en que la maniobra se planificó conforme a intereses estadounidenses. Ni Rubio ni Trump admitieron una influencia determinante de Israel y defendieron que la operación respondió a supuestas amenazas contra territorio y personal estadounidense a raíz de las tensiones en la región. Estos argumentos buscan contrarrestar las acusaciones de haber actuado en representación de terceros países y refuerzan la narrativa oficial de Washington sobre la autonomía de sus decisiones militares.

En el escenario geopolítico reciente, el impacto de la operación ha motivado el análisis tanto de autoridades estadounidenses como de observadores internacionales sobre las eventuales consecuencias en la ya frágil estabilidad regional. El desarrollo coincide con un periodo de negociaciones diplomáticas entre Estados Unidos e Irán que, según consignó la fuente, quedaron truncas apenas un día antes del inicio de la ofensiva. Las acciones estadounidenses han elevado la confrontación y suscitado cuestionamientos sobre la posible escalada del conflicto, así como la interpretación de la estrategia de la administración Trump respecto a sus alianzas en Oriente Próximo.