El Thyssen explora el impacto de la guerra de Ucrania en la vida cotidiana en 'Pedagogías de guerra'

Los trabajos de Roman Khimei y Yarema Malashchuk, presentados en el Museo Thyssen-Bornemisza, revelan cómo la violencia vinculada al conflicto ucraniano transforma la percepción y las rutinas, invitando a reflexionar sobre la vida bajo la amenaza constante

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El recorrido por la vida cotidiana de Kyiv entre bombardeos y la influencia directa y silenciosa de la violencia sobre la atención y las rutinas es uno de los ejes centrales de la muestra “Pedagogías de guerra”. El Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y la Fundación TBA21 presentaron la primera exposición individual en España de los artistas visuales ucranianos Roman Khimei y Yarema Malashchuk, cuyas obras exploran el modo en que la guerra afecta y transforma la percepción y experiencia diaria en Ucrania. Según informó el medio, la exposición puede visitarse desde el 3 de marzo hasta el 21 de junio en Madrid, con cuatro instalaciones audiovisuales creadas durante la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia.

La curadora Chus Martínez explicó, según consignó el medio, que la violencia sistémica, omnipresente y potenciada por las tecnologías mediáticas y sistemas algorítmicos, penetra la realidad cotidiana antes incluso de que pueda ser comprendida o nombrada. Los trabajos de Khimei y Malashchuk eluden la narrativa de la guerra como un evento singular y rechazan la presentación mediática habitual, que convierte el conflicto en un espectáculo constante. Toman distancia de esa visión para abordar cómo la guerra actúa como un sistema de entrenamiento que modifica el comportamiento de las personas y reorganiza su atención, alterando la experiencia colectiva e individual.

El montaje propone, detalló el Museo Thyssen, una lectura inspirada en la paradoja formulada por Bertolt Brecht, que diferencia entre la vivencia inmediata (Erlebnis) y la experiencia procesada y entendida (Erfahrung). Martínez apuntó que “el arte no transmite directamente la experiencia vivida; la convierte en una forma de comprensión”, resaltando el papel de la creación artística como medio para transformar y entender la realidad del conflicto.

Khimei y Malashchuk desarrollan su práctica en la intersección del cine, la performance y la observación social, superando el registro documental clásico. Trabajan a través de situaciones que, aunque ficcionadas, buscan mostrar cómo la violencia puede representarse y, al mismo tiempo, interiorizarse en contextos de enfrentamiento bélico. “Desde nuestra perspectiva de civiles, nuestros trabajos ofrecen un tiempo distinto al de los medios, que permite ralentizar la mirada e invita a la reflexión. Nos interesa cómo la guerra se infiltra en la vida cotidiana, cómo altera la percepción y cómo se forma la memoria cuando conviven, como es nuestro caso, la proximidad al conflicto y la distancia que debemos tomar como artistas”, afirmaron ambos artistas según publicó la fuente.

La exposición incluye cuatro videoinstalaciones formadas por imágenes escenificadas y documentos de habitantes reales de Ucrania. Estas obras borran la línea que separa la ficción del documental y buscan combatir los lugares comunes sobre las ciudades en guerra. Invitan al espectador a experimentar lo cotidiano de Kyiv y otras zonas ucranianas, cuestionando la distancia emocional y física que las imágenes televisadas a menudo establecen entre la audiencia y el fenómeno bélico.

La primera de las piezas, “The Wanderer (El caminante)” (2022), fue creada poco después del comienzo de la invasión y pertenece a la Colección TBA21. Esta obra utiliza la representación de los cuerpos de los artistas en posturas inspiradas por los cadáveres de soldados rusos en los Cárpatos, fusionándose con el paisaje. Retoma la referencia pictórica del famoso cuadro de Caspar David Friedrich “El caminante sobre el mar de niebla” (hacia 1817), y reflexiona sobre la apropiación del paisaje dentro de la estética colonial, poniendo en tensión la imagen romántica y sublime de la muerte frente al horror de la guerra real.

La referencia al colectivo artístico ucraniano Fast Reaction Group, compuesto por figuras como Sergiy Bratkov, Boris y Vita Mikhailov, Sergi y Solonsky, se hace presente a través de un guiño a su serie fotográfica “Si yo fuera un alemán” (1994). Aquellos trabajos reescenificaban las acciones de soldados alemanes en la ocupación de Járkiv durante la Segunda Guerra Mundial, mientras que Khimei y Malashchuk plantean un relectura crítica en torno a la postura alemana y europea frente al actual conflicto ucraniano, según explicó el medio.

En conjunto, los cuatro videoensayos subrayan el potencial del arte para sostener una reflexión colectiva en escenarios marcados por la normalización de la violencia. En opinión de los organizadores, la apuesta de la exposición es la experiencia directa, buscando el diálogo continuo entre cine y realidad social. El propósito es presentar el arte como un espacio político destinado al encuentro, en el que todas las personas puedan ser vistas en igualdad de condiciones y la paz permanezca como una práctica colectiva posible.

Las instalaciones demuestran que la violencia de la guerra puede permear profundamente la vida diaria, influir en la percepción y en la memoria de quienes viven bajo la amenaza constante. “Pedagogías de guerra”, según reportó el Museo Thyssen-Bornemisza, invita a los visitantes a reflexionar y a detenerse sobre la relación entre imágenes, tecnologías, guerra y rutina, abordando la transformación silenciosa pero poderosa que se produce cuando la violencia deja de ser un acontecimiento excepcional y pasa a formar parte de la vivencia cotidiana.