El relato de los ataques en Emiratos Árabes de un español en Dubái: "Nervios al principio, pero todo bajo control"

Un corresponsal español describe a Europa Press el temor e incertidumbre vividos por la comunidad expatriada tras los ataques con cohetes y drones, destacando la rápida intervención estatal, la alarma masiva y la actual calma en Dubái

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A la medianoche, un mensaje de alerta interrumpió el sueño de los residentes de Dubái con una advertencia urgente. La alarma, recibida simultáneamente en todos los teléfonos móviles, instó a la población a buscar refugio ante la inminente llegada de cohetes y drones. Este aviso masivo formó parte del operativo de emergencia desplegado tras los ataques desde Irán, que se produjeron como respuesta a una operación previa de Estados Unidos e Israel en territorio iraní. Según consignó Europa Press, la comunidad expatriada experimentó horas de incertidumbre y temor antes de la estabilización de la situación en la ciudad.

El corresponsal español Pablo, quien reside en Dubái desde hace varios años, detalló a Europa Press la secuencia de hechos tras el inicio de las hostilidades. Pablo explicó que en la mañana del 28 de febrero se escucharon explosiones que marcaban el inicio de los bombardeos. La llegada de ráfagas de cohetes y drones se produjo a intervalos de dos horas, alcanzando zonas residenciales, turísticas y hoteleras. Pablo subrayó que gran parte de los artefactos fueron interceptados en el aire, aunque algunos alcanzaron la superficie tras ser derribados, generando daños materiales, caos y una extendida sensación de miedo entre los residentes.

El periodista comunicó que, pese a la intensidad inicial de los ataques, las autoridades de los Emiratos Árabes Unidos transmitieron información en tiempo real, asegurando a la población que la situación estaba bajo control. Europa Press reportó que las autoridades pidieron a los ciudadanos mantener la calma y permanecer en sus domicilios. Esta estrategia buscó minimizar riesgos y evitar movimientos innecesarios mientras persistía la amenaza.

Pablo describió que el ambiente entre la población extranjera estuvo marcado por el nerviosismo y el temor ante la posibilidad de nuevos incidentes. Los testimonios recogidos por Europa Press indicaron que las respuestas de las familias variaron entre el confinamiento voluntario y el intento de normalizar la situación para los menores. Pablo relató su experiencia personal como padre, indicando que explicó a sus hijos que las explosiones eran fuegos artificiales, pues los niños percibían las detonaciones con preocupación y hacían preguntas sobre lo que estaba ocurriendo.

Durante las primeras horas posteriores a los ataques, la ciudad mostró escenas de pánico, con ciudadanos saliendo a las calles y muestras visibles de alarma. Con el paso del tiempo, y a medida que las fuerzas defensivas interceptaron la mayoría de los artefactos, la percepción de amenaza disminuyó progresivamente. Pablo remarcó a Europa Press que, transcurridas varias horas, la impresión general en Dubái era de normalidad relativa, sin previsión de daños personales importantes para la comunidad local y extranjera.

El análisis del periodista español recogido por Europa Press incluyó una valoración sobre las motivaciones del régimen iraní, al que atribuyó una estrategia basada en la venganza tras el ataque previo en su territorio. Pablo vinculó la persistencia de los bombardeos a una voluntad de generar el mayor daño posible. Sin embargo, destacó que la gestión estatal en Dubái se distinguió por la rapidez y eficacia en la transmisión de directrices y en la contención de la alarma ciudadana, considerando la actuación de las autoridades como ejemplar en cuanto a comunicación y manejo de la crisis.

El medio Europa Press detalló que los dispositivos de seguridad estatal funcionaron no solo para la interceptación de los drones y cohetes, sino también para garantizar la información constante y la prevención, elementos que contribuyeron a restituir la calma luego de las horas más tensas. Pablo vaticinó que la ciudad pronto recuperaría su ritmo cotidiano, asegurando que la sensación predominante, tras la fase más crítica, era de control y protección por parte de las autoridades locales.