Enero de 2026 fue el 5º más cálido registrado a nivel mundial pero el más frío en Europa desde 2010, según Copernicus

Las temperaturas inusuales marcaron el inicio de 2026 a nivel global con olas de frío intensas en el hemisferio norte y episodios de calor extremo e incendios en el sur, mientras Copernicus advierte sobre riesgos climáticos crecientes

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El informe publicado este martes por el Servicio de Cambio Climático de Copernicus (C3S), implementado por el Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (CEPMPM), destacó que olas de calor en el hemisferio sur desencadenaron incendios forestales especialmente peligrosos en Australia, Chile y la región de la Patagonia durante la segunda quincena de enero de 2026, provocando pérdidas humanas. A la vez, el mismo informe advierte el aumento de fenómenos meteorológicos extremos y alteraciones importantes en los patrones climáticos globales. Según reportó Copernicus, este enero marcó el quinto registro más cálido en la historia a nivel mundial, aunque Europa resistió el mes de enero más frío desde 2010, con una temperatura notablemente inferior a la media para la región.

Tal como señaló Copernicus, la temperatura media global del aire en superficie en enero de 2026 alcanzó los 12,95°C, lo que representa 0,51°C por encima de los valores habituales para el mismo periodo. En cambio, el continente europeo experimentó una temperatura media de -2,34°C; una cifra que queda 1,63°C por debajo del promedio normal para el mes, lo que resalta el contraste térmico entre distintas regiones del planeta. El medio detalló que en el hemisferio norte, amplias zonas enfrentaron intensas olas de frío; una corriente en chorro polar, descrita como serpenteante, canalizó aire gélido desde el Ártico sobre partes de Europa y Norteamérica.

Simultáneamente, el hemisferio sur vivió condiciones atípicas de calor extremo. El balance mensual de Copernicus subrayó que el calor registrado estableció un contexto favorable para la propagación de incendios forestales, tragedias que afectaron considerablemente a países como Australia, Chile y zonas de la Patagonia, con implicaciones fatales y daños materiales significativos. En el sur de África, un patrón opuesto: el fin de enero se caracterizó por lluvias particularmente intensas y persistentes, que ocasionaron severas inundaciones, especialmente en Mozambique, con graves consecuencias para la población y los medios de vida locales.

Comparando los datos de enero de 2026 con años anteriores, Copernicus precisó que este mes resultó 0,28°C más frío que el récord de enero de 2025, aunque todavía se mantuvo 1,47°C por encima del promedio determinado para el periodo preindustrial, que se sitúa entre 1850 y 1900. El análisis mostró que la mayoría de las regiones del planeta registraron temperaturas superiores a la media histórica, incluidas áreas extensas del Ártico, el oeste de América del Norte, el sur de Sudamérica, parte de África septentrional, Asia central, Australia y partes significativas de la Antártida.

De acuerdo con el informe de Copernicus, las áreas del Ártico sobresalieron como las que más aumentaron sus temperaturas en relación con los registros anteriores, con máximos térmicos detectados en la mayor parte del archipiélago ártico canadiense, la bahía de Baffin, Groenlandia y el distrito oriental de Rusia. En el mar, el informe indicó que la temperatura superficial promedio a nivel global fue de 20,68°C en enero de 2026. Este valor constituye el cuarto más alto para dicho mes desde el inicio de los registros, situándose 0,29°C por debajo del récord absoluto de enero de 2024. Algunas regiones del Atlántico subtropical y del noreste, sumando el mar de Noruega, alcanzaron valores de temperatura superficial sin precedentes para esta época del año.

El reporte, consignado por Copernicus, también examinó el estado del hielo marino polar. La extensión media del hielo marino en el Ártico durante enero fue inferior en un 6% respecto a la media, la tercera cifra más baja en la historia para ese mes. Mientras tanto, en la Antártida, la extensión mensual del hielo marino se encontró un 8% por debajo del promedio, aunque no se ubicó entre las diez más reducidas de los registros históricos de enero.

Las precipitaciones presentaron patrones contrastantes en el continente europeo. Copernicus informó que Europa occidental, meridional y oriental, junto con regiones como la península Ibérica, Italia, los Balcanes occidentales, Irlanda y el Reino Unido, vivieron lluvias más abundantes de lo normal, lo que derivó en numerosas inundaciones, daños materiales y afectaciones en la vida cotidiana. Por contraste, grandes zonas de Europa central, los Estados Bálticos, Finlandia, partes del oeste de Rusia, Escandinavia e Islandia observaron condiciones de mayor sequedad, alejándose de los promedios históricos de humedad para el invierno boreal.

En este contexto de múltiples extremos, Samantha Burgess, jefa estratégica de Clima en el CEPMPM, expresó al organismo: “Enero de 2026 fue un duro recordatorio de que el sistema climático puede provocar, al mismo tiempo, temperaturas muy frías en una región y calor extremo en otra”. Burgess remarcó también, según divulgó Copernicus, que “si bien las actividades humanas siguen impulsando el calentamiento a largo plazo, estos eventos recientes ponen de relieve que la resiliencia y la adaptación al aumento de los extremos son clave para preparar a la sociedad ante un mayor riesgo climático en el futuro”.

El balance de Copernicus concluyó que los fenómenos descritos constituyen un reflejo de las crecientes alteraciones en el comportamiento del clima terrestre. El análisis detallado no solo apunta al incremento de las temperaturas medias globales, sino también a la intensificación de los eventos climáticos extremos, desde olas de frío intensas hasta olas de calor e incendios, pasando por inundaciones graves. Según publicó el organismo, estos patrones indican la continuidad de una tendencia que preocupa a científicos y autoridades en todo el mundo, y que subraya la urgencia de estrategias que permitan reducir los impactos y aumentar la capacidad de reacción frente a los riesgos climáticos.