El color y la velocidad del chorro que sale de una máquina de café espresso ofrecen señales visuales sobre la calidad de la preparación y permiten ajustar tanto la molienda como la cantidad de café utilizada, optimizando así el sabor de la bebida final. Según informó El Comidista, la observación directa de la caída del café se presenta como una herramienta accesible para cualquier persona, con independencia de su experiencia en el uso de cafeteras, aportando una guía práctica para corregir desequilibrios en la extracción sin la necesidad de conocimientos técnicos ni de equipos especializados.
El medio El Comidista detalló que, aunque suele pensarse que el resultado de un espresso se debe únicamente a la calibración de la máquina o a la calidad del café, muchos de los problemas comunes, como un café demasiado aguado o excesivamente intenso, tienen su origen en la forma en que fluye el chorro del café al salir del portafiltro. Esta señal visible permite identificar rápidamente errores en la preparación, relacionados con la textura de la molienda o la cantidad de café utilizada en cada dosis. El proceso resulta válido para cualquier tipo de cafetera espresso, desde modelos automáticos sencillos hasta dispositivos manuales.
A partir de lo consignado por El Comidista, una caída del café demasiado rápida, similar a un chorro de agua sin resistencia, indica que la molienda del café se ha realizado de forma demasiado gruesa o que la dosis empleada es inferior a la recomendada. En estos casos, el resultado tiende a ser una taza ligera, de poca intensidad y con mayores notas ácidas. Para revertir este efecto se recomienda moler el café más fino o aumentar la cantidad utilizada, de forma que la resistencia del portafiltro sea la adecuada y se favorezca la extracción de sabores más complejos.
Por el contrario, si la caída ocurre de manera muy lenta, en forma de gotas o dando la impresión de que la máquina está bajo un esfuerzo significativo, el diagnóstico apunta a una molienda excesivamente fina o a un exceso de café compactado en el portafiltro. Esto suele derivar en un espresso oscuro, denso y con predominio de notas amargas. La solución pasa por emplear una molienda más gruesa o reducir la dosis de café, con el objetivo de alcanzar un punto de equilibrio que facilite la circulación del agua y evite la sobreextracción.
El medio también reportó otro fenómeno relevante: el cambio de color en el chorro durante la extracción, conocido como "blonding". Cuando el café comienza a fluir con un tono oscuro y cremoso que se aclara casi al final del proceso, se observa una extracción prolongada que puede arrastrar compuestos amargos no deseados. Interrumpir la extracción un poco antes o reajustar la molienda suele corregir este problema, logrando una bebida más balanceada en aroma y sabor.
Según publicó El Comidista, la duración recomendada de la extracción, situada en un rango de 25 a 30 segundos, se menciona frecuentemente por baristas debido a que en ese intervalo el café libera sus componentes en un orden específico: primero los aromas y ácidos, luego los matices dulces y el cuerpo, y al final, si la extracción se prolonga, los compuestos amargos. Si el café se extrae en menos tiempo, se limita a los matices ácidos y aromáticos, sin alcanzar la profundidad y el cuerpo características de un espresso óptimo. Una extracción demasiado lenta, en cambio, produce una taza pesada y amarga. No obstante, El Comidista aclara que no es indispensable medir el tiempo exacto, ya que la simple observación de la velocidad del chorro proporciona toda la información necesaria para determinar si el proceso se desarrolla adecuadamente.
La variabilidad entre cafés, tuestes y máquinas hace que no exista una receta universal válida para todos los casos. El Comidista enfatizó la importancia de la observación directa y la interpretación de las señales visuales del chorro para ajustar el espresso al gusto personal. De este modo, cualquier usuario puede mejorar notablemente su preparación cotidiana observando y modificando la molienda y la dosis de café de acuerdo con la respuesta visible de la máquina a cada cambio, sin que sea imprescindible poseer formación de barista ni dominar terminología especializada.
Esta estrategia consiste en adoptar una actitud atenta a los detalles del proceso, observando cómo interactúan los factores de molienda, dosis y tiempo de extracción en el resultado final. El medio reiteró que el simple hecho de mirar la caída del café constituye una herramienta eficaz para todos los usuarios de máquinas de espresso domésticas, permitiendo obtener bebidas más equilibradas y satisfactorias con mínimos ajustes, siempre guiándose por las señales visuales de la extracción.
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