
Beersheba (Israel), 19 jun (EFE).- Dentro de la ciudad de Bersheeba, en el corazón del desierto israelí, un misil de Irán impactó este jueves sobre el hospital de referencia de la región, el Soroka, en un día que sus habitantes describen como muy difícil para los judíos, árabes y cristianos que viven allí.
Pocas horas después del impacto, que solo dejó heridos leves ya que los pacientes y el personal médico se trasladaron hace días a lugares más seguros, voluntarios instalan una mesa con agua y fruta para los rescatistas y cualquiera que pase por la zona.
Entre ellos está Forrest, un estadounidense que estudia Medicina en Beersheva. "Ya sean judíos, árabes o cristianos, esto es muy difícil para todos. Estamos agradecidos de poder estar aquí y servir. Dios está protegiendo a Israel y manteniéndonos a salvo", comenta sobre el ataque a EFE.
Aunque desde el exterior los daños no son evidentes -solo algunas ventanas rotas en edificios adyacentes-, al ingresar al complejo los signos del impacto son claros: coches destrozados en las calles y, entrando a los edificios, techos derrumbados, agua acumulada en el suelo, cables sueltos y equipos médicos desplazados por la onda expansiva. Las zonas más afectadas se concentran en torno al centro oncológico.
"El Soroka nunca cierra"
El doctor Dror Dolfin, subdirector del hospital, afirma que había tomado precauciones durante la semana previa y trasladó a pacientes y personal a zonas más protegidas, lo que evitó consecuencias mayores.
Al final, los alrededor de 70 heridos lo fueron de forma leve, por vidrios y fragmentos lanzados tras la explosión, en su mayoría trabajadores del centro médico.
"Las áreas dañadas incluyen quirófanos, oftalmología, otorrinolaringología y urología. En las plantas superiores, algunas salas han quedado completamente destruidas. Tendremos que renovarlas desde cero", explica Dolfin.
A pesar del ataque, el hospital sigue operativo en las áreas no afectadas. "Somos el único centro de trauma de nivel uno en todo el sur. Un millón de personas dependen de Soroka. No hay otro lugar a dónde acudir en el (desierto del ) Néguev. El Soroka nunca cierra sus puertas", insiste Dolfin a los periodistas que han acudido a ver los daños.
"Lo principal ahora -añade- es que no caigan más misiles aquí. Dios quiera que no vuelva a impactar otro en Beersheva".
"Queremos vivir en paz"
Según la agencia oficial de noticias iraní (IRNA), el objetivo del ataque con misiles que impactó en el hospital era el cuartel general de comando e inteligencia del Ejército israelí, próximo a este centro médico, y de acuerdo con el periódico israelí The Times of Israel, la base militar más cercana al Soroka está a unos dos kilómetros de distancia.
El hospital permanecía este miércoles cerrado al público, lo que obliga a familiares y visitantes a esperar fuera, bajo el calor seco del verano. Ahmed, un residente árabe de Beersheva, llegó esta mañana para visitar a su primo, que estaba siendo operado.
"No pudimos entrar y nos quedamos sentados afuera, como pueden ver. Lo que está pasando no es bueno. Queremos vivir con respeto y paz entre Irán e Israel", afirma a EFE.
Otra familia, que llegó a Beersheva desde la ciudad de Rahat, a una hora de distancia, también aguardaba fuera del hospital. Uno de sus parientes se encontraba en una cirugía cerebral. "Esto es malo para todos: para los palestinos, para los judíos, para los drusos", comenta una de las mujeres.
Verónica Snoj
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