
Desde que el pasado miércoles se publicaron las primeras fotografías de la Princesa Leonor en bikini -durante una jornada de descanso en una playa cercana a Montevideo cuando el buque escuela Juan Sebastián Elcano pasó varios días atracado en la ciudad uruguaya a principios de marzo- no habíamos visto a la Reina Letizia.
Casualmente, su agenda oficial de la semana pasada tan solo incluía una visita a la Universidad de Granada el 1 de abril, martes, por lo que había una gran expectación por saber cómo se comportaría su Majestad en su reaparición pública tras las imágenes de su hija en traje de baño.
Diferentes medios de comunicación aseguran que dichas instantáneas habrían sentado fatal en Zarzuela. Al Rey Felipe VI, porque enturbiarían la intachable labor que está haciendo Leonor desde que comenzó su formación militar al dar la imagen de que estaría de vacaciones en lugar de en el crucero de instrucción de La Armada. Y a Doña Letizia, porque su hija no podría disfrutar de un plan tan cotidiano como darse un baño con sus compañeros guardamarinas en uno de los escasos ratos de ocio de los que dispone por la presencia de paparazzi siguiendo cada uno de sus pasos.
Sin embargo, si está enfadada no lo ha demostrado en absoluto, ya que en su reaparición al lado de Don Felipe en el Congreso de los Diputados para presidir el acto conmemorativo del "Día Internacional del Pueblo Gitano" -que se celebra este 8 de abril- se ha mostrado relajada y completamente al margen de las imágenes de la Princesa Leonor en bikini.
Un evento en el que la Reina ha vuelto a apostar por un look primaveral -después de la preciosa falda plisada tipo bailarina en beige con detalles rojos que estrenó hace una semana en Granada-, rescatando un diseño de Massimo Dutti que estrenó en 2022 y al que este martes ha dado una nueva oportunidad.
Un vestido midi en color negro con delicado estampado floral en beige, con manga larga ligeramente abullonada rematada en puño y romántica lazada al cuello versátil y perfecto para cualquier ocasión y que sienta a las mil maravillas.
Como complementos, Doña Letizia ha apostado por la armonía cromática y ha elegido unos zapatos con tacón kitten en el mismo tono que las florecillas del vestido de Magrit, y bolso tipo carteta con cierre metálico a juego. El broche de oro a un estilismo correcto pero con el que no ha deslumbrado como en otras ocasiones, el pelo suelto con ligeras ondas al agua que le favorecen y restan seriedad al conjunto.
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