
La Oficina para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (OCHA) ha confirmado que más de 100.000 personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares en el territorio de Masisi, en el noreste de República Democrática del Congo, por los combates entre el Ejército y las milicias del Movimiento 23 de Marzo (M23).
Esta nueva ola de desplazamiento se suma a una crisis humanitaria ya compleja: más de 2,8 millones de personas están actualmente desplazadas en Kivu del Norte, más de un tercio de la población de la provincia. Las mujeres y los niños son las primeras víctimas de estos enfrentamientos.
En su comunicado de prensa, el responsable humanitario adjunto de la misión de la ONU en el país, Bruno Lemarquis, ha condenado "enérgicamente" la violencia perpetrada contra civiles y actores humanitarios.
"Reitero que bajo ninguna circunstancia se debe atacar a civiles, trabajadores humanitarios o infraestructura civil crítica que brinde servicios esenciales a los civiles. Todas las partes en el conflicto deben respetar el derecho internacional humanitario y los derechos humanos", ha solicitado.
El M23 es un grupo rebelde integrado principalmente por tutsis congoleños que opera principalmente en la provincia de Kivu Norte. Tras un conflicto entre 2012 y 2013, se firmó un acuerdo de paz, si bien el grupo lanzó una nueva ofensiva a finales de 2022.
La situación ha provocado una crisis diplomática entre RDC y Ruanda por su apoyo al grupo, haciendo temer un conflicto a gran escala. Kigali, por su parte, acusa a Kinshasa de reprimir a los tutsis congoleños con apoyo de grupos como las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), fundado e integrado principalmente por hutus responsables del genocidio de 1994 en Ruanda.
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