
La sala El Cachorro, en Triana, acogerá el próximo miércoles a las 17,30 horas un nuevo acto público sobre el vertido "tóxico" al río Guadalquivir implícito según los ecologistas en el nuevo proyecto de explotación de la mina de Aznalcóllar (Sevilla) a manos de la entidad Minera Los Frailes, sociedad instrumental de la alianza empresarial conformada entre Grupo México y Minorbis para la reapertura de la famosa corta minera.
Se trata de un acto promovido por los colectivos ambientalistas, que vienen advirtiendo de que el proyecto de reapertura de la mina de Aznalcóllar, que cuenta ya con autorización ambiental unificada pero aún no con declaración de impacto ambiental; implica "verter un total de 85.520 millones de litros de aguas contaminadas con metales pesados, durante 18 años y medio, frente al estadio de la Cartuja", con destino al Estuario del Guadalquivir y con efectos a un entorno declarado como Zona de Especial Conservación de la Red Natura 2000.
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LA CATÁSTROFE DE 1998
Se trata, según los ecologistas, de metales como arsénico, cadmio, cobre, cromo, mercurio, niquel, plomo, selenio y zinc; considerando que "no se ha aprendido nada" de la devastadora catástrofe natural acontecida en 1998 como consecuencia de la fractura de la balsa de residuos de metales pesados del complejo minero de Aznalcóllar, explotado entonces por Boliden-Andaluza de Piritas S.A. (Apirsa).
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El Gobierno andaluz del PP defiende de su lado que la actuación cumple todos los parámetros medioambientales, negando dicho "vertido tóxico"; y la empresa dice prever "una estación depuradora de agua de última generación y una nueva red de infraestructuras para la gestión hídrica del proyecto"; pero los ecologistas avisan de que "a pesar del proceso de depuración, la carga contaminante máxima acumulada durante los más de 18 años que se propone autorizar descargaría en el Estuario del Guadalquivir cantidades totales muy elevadas de metales y metaloides potencialmente tóxicos".
LOS ARROZALES Y LA DESEMBOCADURA
"En ese tramo del río, hasta la desembocadura en Sanlúcar de Barrameda, se localizan las tomas de riego de las 36.000 hectáreas de arrozales y las zonas de cría de los alevines del caladero del Golfo de Cádiz, con lo que la contaminación por bioacumulación de metales pesados del pescado y mariscos capturados en esa zona podría ser significativa", vienen avisando los ecologistas.
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La reapertura de la mina, no lo olvidemos, cuenta con una inversión prevista de 316 millones de euros y la previsión de crear unos 2.000 empleos directos e indirectos, para la extracción de 45 millones de toneladas de sulfuros polimetálicos, es decir, cobre, zinc y plomo; durante al menos 17 años tras los tres primeros años de reacondicionamiento de la corta.
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