Luis Miguel Pascual
París, 26 oct (EFE).- Warren Zaïre-Emery no sorprende a nadie. El prodigio de 17 años ha destacado tanto desde su más tierna infancia que sus estelares actuaciones, como la que firmó este miércoles en Liga de Campeones contra el Milan, han dejado de impresionar.
Al menos de puertas para afuera, porque las dos asistencias y la imposición de fútbol que desplegó frente a los italianos, que le valieron el trofeo de hombre del partido, le colocaron en la retina de muchos aficionados del mundo.
Pese a su corta edad, el joven de Montreuil, un municipio aledaño al este de París, ha emergido como un elemento imprescindible en el esquema de Luis Enrique, que parece haber encontrado una pieza clave, similar al puesto que ocupaba Sergio Busquets en su etapa en el Barcelona y en la selección española.
La comparación es todavía prematura, pero todos los indicadores apuntan a que con Zaïre-Emery el PSG ha dado con una figura de talla llamada a marcar la historia del club.
Cuando se profundiza en su pasado, hay dos palabras que aparecen con profusión: precocidad y madurez.
Con cuatro años comenzó el niño a jugar en un club de la vecina Aubervilliers y, enseguida, su fútbol llamó la atención de los ojeadores del PSG, que en 2014 se lo llevaron a su centro de formación.
No le amilanó el desafío. En la previa de la final de la Copa de la Liga entre su club y el Lyon dejó boquiabierta a la grada del Estadio de Francia con un gol por toda la escuadra.
"Detrás de sus aíres tímidos y reservados, en el vestuario, tanto por su físico como por su evolución, teníamos la impresión de estar ante un jugador de 25 años", asegura el técnico Anthony Vivien, que por entonces se ocupaba de las categorías inferiores del PSG.
La precocidad y la madurez unidas le hicieron escalar etapas a un ritmo frenético, tanto en el club como en la selección, donde enseguida se convirtió en uno de los pilares de las jóvenes generaciones.
Participó en la Eurocopa sub-17 con 16 años en 2022 y, unos meses más tarde, se convirtió en el jugador más joven en debutar en primera división para el PSG, de la mano del técnico de la pasada campaña, Chritophe Galtier.
Zaïre-Emery todavía no tenía el peso y la fuerza que desarrolla en la actualidad y no se impuso en el equipo con la autoridad que ahora parece estar dándole Luis Enrique.
Pero ya la pasada campaña fue entrando paulatinamente en el equipo y dejando pruebas de que lo que apuntaba de niño y confirmaba de adolescente se iba afianzando a medida que ganaba edad.
Un signo de que genera enormes expectativas es que el célebre agente de jugadores Jorge Mendes batalló para llevarlo en su cartera. "Ese chaval al que has firmado es un extraterrestre", le dijo entonces su compatriota Vitinha, que ya se había codeado con él en los entrenamientos.
"Tiene una madurez fuera de lo común. Es un futbolista de talento, tiene una calidad técnica por encima de la media, una gran resistencia y un poder de aceleración, lo tiene todo", resumía sobre él Zoumana Camara, el entrenador de los sub-19 del PSG la pasada campaña, cuando todavía estaba a caballo entre ambos equipos.
Acabó el tiempo de las promesas. Pese a sus 17 años, Zaïre-Emery entró en otra dimensión brillando con luz propia en un duelo contra toda la historia que representa el Milan, por delante de jugadores como Kylian Mbappé o Rafael Leao.
"Lo hace todo bien, ataca, defiende, es agresivo, tiene una buena visión, marca goles y los da. Es un ejemplo para cualquier joven de París que quiera convertirse en jugador del PSG", aseguró Luis Enrique, generalmente poco dado a la adulación.
El técnico español no dudó en colocarle como titular para un duelo clave para su proyecto parisiense y eso pese a que unos problemas físicos le habían privado del duelo anterior contra el Estrasburgo y le habían impedido preparar en condiciones óptimas el partido de Liga de Campeones.
Pese a la lluvia de millones cataríes, nadie le ofrece tantas garantías en el centro del campo.
"Es poco habitual ver a un jugador tan joven brillar en ese puesto. Su límite es el cielo", aseguró el seleccionador francés sub-21, Thierry Henry, tras el partido contra los rossoneros.
Por ahora, Henry goza de su calidad y le ha convertido en capitán, aunque su superior jerárquico, Didier Deschamps, ya ha confesado que tiene un ojo puesto en sus espaldas.
Deschamps estaba anoche en las gradas del Parque de los Príncipes y a buen seguro que su nombre ganó enteros para la próxima convocatoria.
Luis Campos, el responsable deportivo del PSG, le ha convertido en un eje de su proyecto y la renovación de su contrato no es más que una cuestión de detalles. EFE
lmpg/apa
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