Minoría rusa de Letonia teme consecuencias de la guerra en Ucrania

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La guerra en Ucrania complicó aún más la situación de los rusohablantes de Letonia, que se debaten entre el apego a ese país que consideran su patria y su identidad cultural y lingüística.

Además, algunos temen convertirse en las "víctimas colaterales" del conflicto de Moscú.

"Con la guerra en Ucrania, la actitud de los letones hacia sus conciudadanos de habla rusa se deterioró considerablemente", se queja Vladimir Dorofeev, guía turístico de 48 años, aunque la mayoría de ellos no apoya esta invasión según las encuestas.

Ciudadano letón, rusohablante y casado con una letona, Dorofeev vino a participar en una reunión del pequeño partido Unión Rusa de Letonia, frente al Parlamento letón, en vísperas de las elecciones legislativas del sábado.

Un pequeño centenar de personas protestan contra una reforma que impone el letón como principal idioma de enseñanza, incluso en las escuelas donde los niños son mayoritariamente rusófonos.

"No a la asimilación", "Alto al genocidio lingüístico en Letonia", claman sus pancartas.

Según los sondeos, la Unión Rusa, acusada de contactos con el Kremlin, avanzó mucho en las intenciones de votación y podría entrar en el Parlamento.

Este partido supera así al moderado partido socialdemócrata Armonía, que llegaba regularmente a la cabeza de las legislativas sin haber podido nunca gobernar por estar aislado por las demás formaciones políticas del país.

- No ciudadanos -

La rusa Tatiana Efimova, de 40 años, especialista en logística y contabilidad, estima que "la guerra en Ucrania cambió el comportamiento con respecto a los rusoparlantes, sobre todo entre aquellos a quienes la Unión Soviética dejó un recuerdo doloroso".

Pero considera que es una situación normal. "Los letones prohíben el ruso porque quieren proteger su lengua, su nación, su identidad. Son pocos, por lo que es normal", detalla.

Ocupada por los caballeros teutónicos, los suecos, los polacos y luego los rusos, Letonia obtuvo su independencia en 1918, antes de ser anexionada entre 1944 y 1990 por la URSS.

Decenas de miles de letones fueron deportados, mientras que miles de rusos se instalaron allí durante este período. En la actualidad, los rusoparlantes constituyen alrededor del 30% de la población de este país báltico de 1,8 millones de habitantes.

Tras la restauración de la independencia en 1991, los letones decidieron construir su Estado en torno a su lengua e identidad cultural.

La ciudadanía se concedió únicamente a los habitantes anteriores a 1940 y a sus descendientes.

Desde entonces, también pueden llegar a ser letones los que aprueban un examen de lengua e historia letonas, pruebas difíciles para muchos hablantes de ruso, sobre todo entre los más mayores.

Algunos, incapaces o que se niegan a pasar ese examen, se convirtieron en "no ciudadanos". Reciben un "pasaporte para extranjeros" expedido por Letonia, donde no se indica ninguna ciudadanía.

"Los no ciudadanos" constituyen casi 10% de la población.  Se les niega el derecho de voto y no pueden trabajar en el sector público, como abogados, notarios o farmacéuticos.

La suerte de la minoría de habla rusa permitió con frecuencia al Kremlin ejercer presión sobre Letonia, que, a pesar de su pertenencia a la OTAN y a la Unión Europea, siempre ha estado preocupada por su vecino.

La guerra en Ucrania aumenta la preocupación de convertirse en una víctima de los planes expansionistas de Vladimir Putin.

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