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Un año después de las masivas manifestaciones casi nada ha cambiado en Irak

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En octubre de 2019, unas  masivas manifestaciones reclamaban el fin del sistema político iraquí, pero un año y 600 muertos después nada ha cambiado en Irak, que se hunde en una crisis política y social.

Las manifestaciones que estallaron el 1 de octubre de 2019 a escala nacional se acabaron transformando en un movimiento descentralizado que denunciaba el desempleo, la precariedad de los servicios públicos, una corrupción endémica y a una clase política más leal a Irán y a Estados Unidos que a los ciudadanos iraquíes.

El movimiento condujo a la sorpresiva dimisión del entonces primer ministro Adel Abdel Mahdi, el 1 de noviembre, que fue reemplazado tras meses de parálisis política por Mustafa al Kadhemi, quien prometió que incluiría las demandas de los manifestantes en su programa de gobierno de transición.

Pero, sobre el terreno, se ha conseguido bastante poco.

Kadhemi convocó elecciones anticipadas para el 6 de junio de 2021, casi un año antes de lo previsto por el calendario.

"Los manifestantes querían elecciones anticipadas y una nueva ley electoral. Estamos haciendo eso", declaró a la AFP Abdelhussein Hindawi, consejero de Kadhemi para las elecciones.

Pero, si bien el Parlamento aprobó una nueva ley electoral en diciembre, hay puntos clave como el tamaño de los distritos electorales o si los candidatos se pueden presentar de forma independiente o en listas, que todavía no se han fijado.

Y, aunque ha reiterado que no tiene ambición política y que solo será un primer ministro de transición, el propio Kadhemi parece estar preparándose para el combate electoral.

Varios diputados y miembros de partidos rivales dijeron a la AFP que los consejeros del jefe de gobierno están sondeando candidatos para las elecciones de 2021, esperando que él pueda revalidar en el cargo.

"Está atascado porque tiene que decidir dónde quiere estar", declaró Renad Mansour, un investigador del instituto británico Chatham House.

"¿Quiere ser primer ministro otros cuatro años y hacer política, o quiere cambiar algo ahora mismo?", pregunta.

- Con un pie aquí y otro allá -

Cuando llegó al poder, Kadhemi se comprometió a guiar al país a través de la grave crisis fiscal, afirmando que las arcas estaban "casi vacía" tras años de despilfarro y la caída de los precios del petróleo.

El Banco Mundial afirmó que el ratio de pobreza de Irak podría duplicarse hasta el 40% este año y que el desempleo juvenil, que se encuentra en el 36%, podría crecer más.

El ejecutivo de Kadhemi prometió en un primer momento reducir los sueldos públicos y las pagas de auditoría que reciben millones de iraquíes, pero luego dio marcha atrás ante las críticas suscitadas.

En agosto volvió a cambiar de rumbo, al contratar a cientos de personas para el Ministerio de Defensa, pero no a suficiente gente como para frenar las sentadas organizadas frente a otras oficinas gubernamentales pidiendo trabajo.

Por su parte, el ministro de Finanzas, Ali Allawi, no presentó a tiempo un "libro blanco" de reformas económicas que todavía está terminando -pese a que debía presentarlo a finales de agosto-, indicaron funcionarios iraquíes a la AFP.

Kadhemi también dijo que daría prioridad a la lucha contra el nuevo coroanvirus, que en mayo había matado a 100 personas.

Ahora, el balance de muertes roza los 9.000, y el Ministerio de Salud advierte que los hospitales podrían "perder el control" si el covid-19 continúa expandiéndose.

El primer ministro tiene pocos aliados en el Parlamento, pues sus referencias a los reclamos de los manifestantes fueron mal acogidas por los diputados pro-Irán.

"Tiene un pie en el bando de la élite y el otro en el bando de los antisistema. Al final, no satisface a nadie", señaló Mansour.

- "Es demasiado delicado" -

Kadhemi tampoco lo ha tenido fácil para cumplir su promesa de llevar ante la justicia los responsables de las muertes de casi 600 manifestantes y activistas desde el pasado octubre.

En septiembre, su gobierno anunció que las familias de las víctimas podrían solicitar una indemnización estatal, pero de momento la iniciativa no ha sido dotada de fondos.

Unas semanas después, el jefe de gobierno afirmó que se erigirá una estatua en la plaza Tahrir, epicentro de las protestas en Bagdad, y otra en la ciudad de Nasiriyah, en el sur, donde también se produjeron importantes manifestaciones.

"No recuerdo ninguna estatua entre nuestras peticiones del año pasado", escribió Ali, un joven manifestante del este de Bagdad.

Entretanto, la campaña de intimidación ha continuado, incluyendo el secuestro de un ciudadano alemán y el asesinato del consejero de educación y de gobierno Hisham al Hashemi en julio.

"Sabemos quiénes son los asesinos y dónde están, pero no podemos detenerlos o anunciar eso. Es algo demasiado delicado", declaró a la AFP un funcionario iraquí, que pidió el anonimato.

Los ataques con cohetes contra misiones diplomáticas y convoyes militares han ido en aumento, y las amenazas de los grupos extremistas contra Kadhemi cada vez son más claras.

Muchas de esas facciones pertenecen a la red paramilitar, subvencionada por el Estado, Hashed al Shaab, y el hecho de que no haya podido controlarlas han hecho que Kadhemi parezca "débil", según Mansour.

"No hay nadie en Irak capaz de arreglar este desafío, y desde luego no un hombre que cree en un cambio progresivo lento con el contexto violento que hay en la actualidad", sostuvo.

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