El esquema, identificado por Cazadores de Fake News como “Hispan Online”, se apoya en al menos 14 canales de YouTube cuyos contenidos no están publicados de forma abierta, sino como anuncios “no listados”. Este mecanismo permite insertar los videos en la experiencia cotidiana de los usuarios, incluso cuando buscan información en fuentes independientes. Así fue como el régimen venezolano puso en marcha una campaña que busca intervenir en esos espacios: “no alcanza con tener medios propios si no entras en las plataformas donde circula la información”, explicó a Infobae Adrián González, director de la ONG.
La red de propaganda digital simula noticieros, utiliza actores y se difunde como publicidad segmentada en YouTube. Logró instalar contenidos favorables a Delcy Rodríguez ante audiencias venezolanas, según la investigación.

El diseño de la campaña responde a una lógica específica: evitar los formatos tradicionales de propaganda y adoptar códigos propios del lenguaje informativo. “La propaganda que parece propaganda no es tan efectiva”, señaló González. En ese sentido, los contenidos se presentan como piezas periodísticas, aunque su circulación depende exclusivamente de inversión publicitaria.
La estrategia también incorpora elementos que buscan reforzar la credibilidad. Los videos incluyen referencias a artículos de medios internacionales y regionales —como Reuters, EFE y The Guardian— y, en algunos casos, contenidos de Infobae utilizados sin autorización. Esa combinación de materiales reales con narrativas seleccionadas forma parte de lo que la organización define como una operación de influencia.
A diferencia de antecedentes recientes, los presentadores no son avatares generados con inteligencia artificial. La investigación identificó a actores contratados para interpretar a conductores de noticieros, con distintos acentos y estilos. El cambio, según González, responde a aprendizajes previos: se construyen noticieros falsos con apariencia creíble para difundir narrativas específicas.
En ese contexto, González detalla cómo se detectó la operación, qué elementos permiten identificarla como una campaña de influencia y cuáles son sus implicancias en el ecosistema informativo venezolano. A continuación, la entrevista completa.
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—¿Cómo surge la investigación sobre esta campaña en YouTube?
—A partir de reportes de nuestra comunidad. Tenemos un chatbot a través del cual recibimos alertas sobre desinformación. A comienzos de mes empezaron a llegar mensajes de usuarios venezolanos que veían anuncios en YouTube que parecían noticieros. También detectamos comentarios en redes sociales de personas que se preguntaban quién estaba detrás. A partir de eso iniciamos el rastreo, identificamos al anunciante y reconstruimos la red de videos. Es un caso que tiene antecedentes: en 2023 ya habíamos detectado estructuras similares vinculadas a operaciones de influencia encubiertas.
—¿Por qué se recurre a este tipo de estrategias en el contexto venezolano?
—Porque buscan desvincular el contenido del aparato estatal. Mientras no se pueda seguir el rastro del financiamiento, no hay forma directa de atribuirlo. Además, la propaganda explícita es menos efectiva: la audiencia sabe que ciertos canales responden al gobierno y simplemente no los consume. En cambio, estas piezas se insertan en espacios donde las personas sí se informan, como YouTube, y funcionan como una contraparte frente a contenidos de medios o periodistas independientes.
—¿Se trata de un intento de incidir en la narrativa informativa?
—Sí. No alcanza con tener medios propios si no se interviene en los espacios donde circula la información. Estas campañas buscan penetrar esas audiencias con contenidos que simulan ser periodísticos, pero responden a una lógica de propaganda.
—A diferencia de otros casos, aquí se utilizan actores reales y no avatares. ¿Por qué?
—Hay un aprendizaje previo. En experiencias anteriores con inteligencia artificial se generó una reacción pública que permitió identificar la operación. Además, hubo restricciones por parte de plataformas tecnológicas. En esta etapa se opta por actores para evitar ese tipo de señales. El resultado es el mismo: se construyen noticieros falsos con apariencia creíble para difundir narrativas específicas. No es necesariamente desinformación en términos estrictos, sino una operación de influencia que selecciona y presenta fragmentos de la realidad de forma parcial.
—¿Cómo encaja esta campaña dentro de las normas de plataformas como YouTube?
—Las operaciones de influencia están diseñadas para moverse en los límites de esas normas. Estos contenidos se presentan como noticieros, no como propaganda política. Solo cuando se analiza el conjunto se puede identificar un patrón. Las plataformas no siempre detectan estos casos sin investigaciones externas. El problema es que las medidas suelen llegar después de que los contenidos ya tuvieron millones de visualizaciones.
—¿Qué se ha podido establecer sobre las empresas involucradas?
—Hay indicios que apuntan a una empresa de comunicación política en Argentina, aunque lo niegan. En nuestro caso encontramos registros de dominios vinculados a esa firma en parte de la red de sitios web asociados. De manera independiente, periodistas identificaron conexiones similares a partir de testimonios. No es la primera vez que empresas de este tipo aparecen en operaciones vinculadas a Venezuela.
—¿Qué rol tuvieron los actores que aparecen en los videos?
—En algunos casos fueron convocados para trabajos de locución sin información completa sobre el destino del material. Una de las participantes explicó que no firmó contrato y que desconocía que se trataba de contenido político. Eso sugiere un uso posterior del material distinto al planteado inicialmente.
—La investigación también menciona una red de sitios web. ¿Qué implica eso?
—No es solo una campaña de videos. Hay una infraestructura más amplia: sitios que simulan medios, cuentas en distintas plataformas, producción de contenidos y pauta publicitaria. Es una operación sostenida en el tiempo, no algo puntual.
—¿Qué magnitud de inversión requiere una estructura así?
—No hay cifras exactas, pero el volumen de visualizaciones implica una inversión de varios millones de dólares en publicidad. A eso se suman costos de producción, contratación de personal y desarrollo de infraestructura digital. Es un despliegue significativo.
—¿Qué se puede esperar a partir de ahora?
—Es probable que aparezcan nuevos testimonios, especialmente de personas que participaron en la producción. Este tipo de investigaciones suele avanzar a medida que surgen más fuentes y evidencias.
Una red de propaganda del régimen de Delcy Rodríguez en YouTube usó actores en Argentina y utilizó sin autorización contenidos de Infobae
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