En el podcast de Good Inside, la psicóloga Becky Kennedy conversó con el médico Christopher Choukalas sobre la depresión posparto en varones a partir de su propia experiencia como padre de mellizas durante los primeros meses de crianza.
El episodio presentó a Kennedy como entrevistadora y a Choukalas como invitado y protagonista de un relato centrado en la ansiedad, el control y el deterioro del vínculo familiar tras el nacimiento de sus hijas.
El comienzo de la paternidad
Choukalas contó que la situación se había vuelto caótica a los seis meses del nacimiento de sus hijas, aunque el desborde había empezado antes. Relató que las niñas habían nacido en plena pandemia de COVID, cuando él trabajaba como médico de terapia intensiva en la Universidad de California y veía “cosas horribles” cada día. A ese cuadro se habían sumado los incendios forestales, mientras su esposa se recuperaba de una cesárea de urgencia y de una hemorragia que la había dejado cerca de la muerte.
PUBLICIDAD
El entrevistado recordó que en ese momento solo intentaba sostenerse y seguir adelante. “Nuestro trabajo es mantener el tren en movimiento”, dijo, en referencia a una forma de actuar marcada por la exigencia de funcionar aun en medio de la crisis.
Durante esos días, se ocupaba de trasladar a las bebés entre la nursery y la unidad de cuidados intensivos, además de colaborar con la alimentación mientras su esposa seguía internada.
El conflicto antes y después del parto
La conversación mostró que las diferencias en la pareja no habían empezado con el nacimiento. Choukalas señaló que, tras cinco años de búsqueda de embarazo y un proceso de fertilización asistida, él quería controles, estudios y ecografías, mientras su esposa buscaba atravesar la gestación con menos intervención médica. Esa tensión, explicó, había anticipado discusiones posteriores sobre la crianza.
PUBLICIDAD
Después del alta, el conflicto se trasladó a la rutina diaria con las bebés. Choukalas admitió que había desarrollado una necesidad excesiva de controlar todo, sobre todo el sueño. Explicó que, si las niñas no dormían, sentía que no podía respirar.
Su esposa interpretaba esa actitud de otra manera: “Yo estaba sacándole hasta la última gota de alegría a la experiencia de ser padres”, dijo él al resumir cómo ella veía su conducta.
El sueño como eje del control
En el episodio, Kennedy le pidió ejemplos concretos de ese comportamiento. Choukalas respondió que todo quedaba subordinado al horario de descanso: la salida, la comida, el cambio de pañales y el regreso a casa. La lógica era rígida y encadenada. Si se alteraba una parte, el resto también quedaba amenazado.
PUBLICIDAD
Esa organización, que a él le daba alivio momentáneo, generaba más tensión en la convivencia. Cuando su esposa decidía quedarse un rato más fuera de casa o extender una caminata, él reaccionaba mal.
“No, no, no, nos vamos a quedar más tiempo afuera. En realidad vamos a dar otra vuelta”, recordó sobre la postura de ella, mientras él entendía ese gesto como una ruptura del orden que necesitaba para tolerar la incertidumbre.
El diagnóstico que abrió una explicación
El giro se produjo cuando una amiga de su esposa sugirió que él podía estar atravesando una depresión posparto masculina. Choukalas relató que ella volvió de una salida con esa idea después de revisar síntomas en internet. Al llegar, le dijo: “Creo que sé qué te pasa”.
PUBLICIDAD
La reacción inicial fue de rechazo. Él pensó: “¿Por qué ahora tiene que haber algo mal conmigo?”. También se preguntó por qué no podía ser simplemente una etapa terrible. Con el tiempo, la posibilidad de ponerle un nombre a lo que vivía empezó a modificar su mirada. “Tal vez no soy solo un padre terrible”, dijo.
Cómo se manifestaba el malestar
A lo largo del intercambio, Choukalas repasó síntomas que, según dijo, habían formado parte de ese período: ataques de pánico, dificultad para conectar con sus hijas, ira, irritabilidad, consumo de alcohol, cigarrillos y conductas de riesgo.
Sobre la ansiedad, explicó que entonces la confundía con responsabilidad parental, aunque en los hechos sufría palpitaciones, sobresaltos físicos y una sensación de alarma constante.
PUBLICIDAD
También describió que, al volver del trabajo, tomaba caminos más largos y sinuosos para manejar a gran velocidad. Durante esos segundos sentía alivio. “Había una especie de liberación”, dijo. Pero ese efecto duraba poco: “La curva se endereza y tu atención vuelve a lo que vas a encontrar en casa”, afirmó.
La terapia y el cambio posterior
Choukalas contó que aceptó buscar ayuda y finalmente encontró un terapeuta con quien pudo empezar a hablar desde un lugar de vulnerabilidad. En esa primera conversación, según recordó, se quebró casi de inmediato. A partir de ese proceso, empezó a vincular su crisis actual con experiencias anteriores de abandono y con una forma de crianza atravesada por el estoicismo y los gritos.
Hacia el final del episodio, describió un presente muy distinto. Dijo que ahora estaba más calmo, que podía relacionarse con sus hijas desde otro lugar y que lograba disfrutar situaciones que antes le resultaban intolerables. “De verdad quiero estar en sus vidas”, afirmó.
PUBLICIDAD