Dormir tarde o madrugar ya no alcanza para describir cómo descansan las personas. Una investigación reciente amplió la perspectiva sobre los ritmos de sueño y cuestionó una de las divisiones más arraigadas de la vida cotidiana: la que separa a los noctámbulos de los madrugadores.
El estudio, publicado en la revista científica Nature Communications, analizó a más de 27.000 adultos y propuso una nueva tipología con cinco categorías de durmientes.
El trabajo aporta evidencia sobre cómo los horarios preferidos para dormir y despertar se asocian con rasgos de personalidad, estilos de vida, salud mental y estructuras cerebrales, y establece un marco más preciso para entender por qué algunas personas se adaptan mejor a determinados ritmos que otras.
5 perfiles de sueño
La investigación fue dirigida por el Departamento de Ingeniería Biomédica de la Universidad McGill en Canadá. El equipo clasificó a los participantes en tres tipos de noctámbulos y dos de madrugadores, utilizando datos sobre hábitos diarios, evaluaciones psicológicas y características neurológicas.
Los investigadores del estudio explicaron que las personas que prefieren trasnochar pueden tener cerebros, estilos de vida y comportamientos de salud muy diferentes. El objetivo de identificar subgrupos fue comprender por qué algunos individuos prosperan con horarios tardíos mientras otros presentan mayores dificultades y por qué despertarse temprano no garantiza bienestar.
1. Noctámbulos de alto rendimiento
Predominan en adultos jóvenes y se caracterizan por tiempos de reacción rápidos y buen desempeño cognitivo. Presentan mayor propensión al riesgo, irritabilidad y dificultades para regular las emociones. A nivel cerebral, muestran aumento de la sustancia gris límbica y frontal y mayor conectividad somatomotora.
2. Noctámbulos enérgicos
Perfil mayoritariamente masculino, asociado a conductas audaces, mayor consumo de alcohol y tabaco y bajo riesgo de depresión. Se vincula con niveles elevados de testosterona, calvicie y problemas prostáticos. Presenta expansión de los ganglios basales y del área visual, con alteraciones mixtas de la sustancia blanca.
3. Noctámbulos vulnerables
Grupo con mayor impacto negativo en la salud, asociado a depresión, sedentarismo, tabaquismo, hipertensión, diabetes y enfermedades cardiovasculares. En el cerebro se observa menor integridad de la sustancia blanca y alteraciones en la conectividad temporobasal.
4. Madrugadores clásicos
Presentan rutinas estables, consumo moderado de alcohol y menos problemas de salud. Tienen menor prevalencia de tabaquismo. A nivel neurológico, muestran mayor volumen frontal y parahipocampal, con patrones opuestos a los noctámbulos de alto rendimiento.
5. Madrugadores con dificultades
Perfil con mayor presencia de mujeres, caracterizado por cansancio persistente y riesgo elevado de depresión. Se asocia con trastornos menstruales y niveles bajos de testosterona. Presenta aumentos subcorticales en hipocampo y amígdala y menor integridad de la sustancia blanca.
Qué define el cronotipo de cada persona
El cronotipo, la preferencia natural por ciertos horarios de sueño y vigilia, depende de varios factores. Según Russell Foster, profesor de neurociencia circadiana en la Universidad de Oxford, intervienen tres elementos principales.
El primero es la genética. Foster señaló a The Times que el reloj biológico interno se determina en gran medida por la herencia y afirmó: “Un solo cambio sutil de aminoácidos puede convertirte en una persona madrugadora o nocturna”. Destacó que los intentos externos por modificar esos patrones suelen enfrentarse a una base biológica sólida.
El segundo factor es la edad. El profesor de neurociuencia explicó que entre los 10 y los 20 años existe una tendencia marcada a acostarse y despertarse más tarde, con un pico durante la pubertad y el final de la adolescencia.
A partir de ese período, el cronotipo se desplaza gradualmente hacia horarios más tempranos, hasta asemejarse en la vejez a los patrones de la infancia.
El tercer elemento es la exposición a la luz, el único factor modificable. La luz natural por la mañana influye de manera directa en el ajuste del reloj interno y puede favorecer despertares más tempranos cuando resulta necesario.
Salud, sociedad y horarios impuestos
El debate sobre si resulta más saludable ser madrugador o noctámbulo suele estar atravesado por datos preocupantes. Estudios previos asociaron el hábito de trasnochar con mayor riesgo de diabetes tipo 2, ciertos tipos de cáncer y una mayor mortalidad.
Otra investigación citada por The Times indicó que quienes se identificaban como noctámbulos presentaban un 10% más de probabilidad de morir durante un período de seis años y medio.
Para Neil Stanley, médico y consultor del sueño, exdirector de investigación del sueño en la Universidad de Surrey, estas asociaciones deben analizarse dentro de un contexto social específico. Sostuvo que cerca del 25% de la población es madrugadora, otro 25% noctámbula y el 50% restante no muestra una inclinación marcada.
Stanley afirmó al medio británico: “no puedes dejar de ser noctámbulo por tu propia voluntad”, aunque reconoció que es posible realizar ajustes menores en la rutina.
Planteó además que muchos de los problemas de salud atribuidos a los noctámbulos surgen porque la sociedad funciona con horarios diseñados para quienes se levantan temprano. Las jornadas laborales y escolares que comienzan a primera hora fuerzan a ese grupo a dormir menos de lo necesario.
En ese contexto, remarcó que un noctámbulo que duerme lo suficiente, mantiene una dieta equilibrada y realiza actividad física regular puede presentar un estado de salud comparable al de un madrugador.
Foster, quien se define como trasnochador, agregó que existen investigaciones que vinculan los horarios tardíos con mayor creatividad e ingresos más altos, desafiando antiguas creencias culturales sobre el valor de madrugar.