Los seres humanos activamos fácilmente el estado de alerta. Cualquier situación (real o imaginaria) que suponga un cierto peligro es suficiente para que nos pongamos en alerta. Nuestro cerebro no distingue entre la realidad y la fantasía y como consecuencia, responde por igual a cualquier pensamiento que tenga un componente peligroso para nuestra supervivencia.
A su vez nuestro cerebro ayuda a que estemos en alerta porque tiene una importante inclinación hacia lo negativo, esa es la forma que tiene de cuidarnos. Va buscando y detectando amenazas de cualquier tipo y va poniendo el acento en lo malo que pueda suceder. Se anticipa a los acontecimientos y busca todo aquello que pueda ser peligroso o negativo. Está continuamente preocupándose por lo malo que pueda pasarnos.
Esto explica porque tenemos tanta facilidad para tomar en cuenta lo negativo antes que lo positivo y porque le otorgamos tanto valor al miedo y a la preocupación.

Nuestra mente no puede dejar de predecir. Es imposible que nuestro pensamiento se mantenga en el aquí y ahora todo el tiempo. Los pensamientos van y vienen, van hacia el pasado en forma de recuerdos, se concentran en el presente o le ponen contenido a nuestro futuro.
La clase de contenido que le ponemos a lo que vendrá, determina el estado emocional presente. Si el contenido es negativo inmediatamente entramos en modo alerta. Esto sucede porque no podemos accionar en el futuro y esa imposibilidad de accionar provoca angustia. No tenemos el control de lo que aún no sucedió y eso hace que quedemos inmóviles y desesperados ante la posibilidad mental de que algo malo nos vaya a suceder.

¿Entonces, cómo hacer para calmarnos si en verdad no sabemos qué es lo que va a suceder? ¿Cómo quedarnos tranquilos si nuestra proyección (ayudada por el sesgo de negatividad de nuestro cerebro) no está planteando un panorama inquietante?
La manera más rápida y efectiva de calmarnos es generando mentalmente más las posibilidades futuras. Cuando pensamos que algo malo nos va a suceder estamos manejando una sola opción futura, un solo panorama, una sola respuesta emocional (miedo) y una sola respuesta física (tensión).

Gracias a nuestro cerebro siempre empezamos por imaginarnos el peor de los escenarios. Comenzamos por el más tortuoso y el que nos genera más miedo. Si agregamos más opciones a nuestro futuro, los niveles de tensión y de alerta van a disminuir.
Pruebe agregando alternativas, es una forma efectiva de reducir los estados de alerta, que, en la mayoría de los casos, son solo el resultado de una forma de proyectar el futuro.
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