
Aunque hace siglos que el Imperio Romano cayó, todavía existen los emperadores. Gente poderosa que con un gesto decide el destino de personas que confían en ellos. Estos emperadores no se presentan en coliseos ni visten togas con bordados de oro, pero desde sus oficinas top, con su ropa impecable digitan y lo que resulta mucho más imperdonable arruinan vidas. Es el caso de Gérald Marie, el todopoderoso director de la agencia de modelos Elite en Francia de los 90. El hombre que impuso supermodelos como Naomi Campbell y Claudia Schiffer. El encantador señor, pareja de Linda Evangelista, una de las bellezas más despampanantes de la época. El tierno monsieur que le aseguraba a las mamás que cuidaría a sus hijas adolescentes. Tan encantador era que pocas prestaban atención cuando algún invisible asistente les advertía: “Prends garde du loup déguisé en agneau”, (”Tené cuidado con ese lobo con piel de cordero”).
En los 90 conseguir una cita con Gérald Marie era un sueño para casi todas las chicas que llegaban a París deseando ser modelos. En esa década, las estrellas no eran las divas del cine como Greta Garbo, Audrey Hepburn o Marilyn Monroe sino las modelos que habían dejado de ser maniquís para convertirse en auténticas diosas globales conocidas solo por nombre de pila: Naomi, Cindy y Linda, la misma que aseguraba que no se levantaba de la cama por menos de diez mil dólares.
Las carreras de las modelos eran impulsadas por dos agencias todopoderosas: Ford y Elite. La primera era estricta y más conservadora. Pero la segunda liderada por John Casablancas decidió mezclar negocios con placer. Según relata la revista Harpers Bazaar su visión de negocio pasaba por explotar la personalidad y sexualidad de las modelos para convertirlas en famosas y así sacarle partido a su lado más comercial, haciendo de ellas las estrellas más famosas y por ende más redituables que actrices y cantantes. Así se gestó un concurso de modelos, Elite Model Look, del que surgieron Cindy Crawford, Claudia Schiffer y Gisele Bündchen, entre otras.

Si en Nueva York, Casablanca comandaba Elite, en París imperaba Gérald Marie. Su influencia en la industria de la moda era conocida y reconocida. Hijo de un administrador de un hospital, se convirtió en el agente más poderoso y bien conectado de Europa. Con solo levantar el teléfono imponía modelos para portadas, desfiles o campañas de moda. No sugería, ordenaba. Digitaba la agenda de las modelos más deseadas: Linda Evangelista, Naomi Campbell, Claudia Schiffer, Helena Christensen.
La fama de Marie como descubridor y potenciador de talentos era innegable. Pero mientras su leyenda como gurú de la moda crecía, comenzaron a circular relatos que advertían sobre este lobo con piel de cordero que depredaba adolescentes.
En los backstages, entre susurros se podía escuchar cómo una modelo le advertía a otra que no aceptara una invitación de Gérald Marie a Montecarlo. Los cruceros de lujo que organizaba para millonarios como Adnan Khashoggi no eran más que cárceles flotantes con ellas como mercancía.
Aunque intentaban no recordarla, nadie olvidaba la historia de Christine Bolster, una modelo estadounidense que fue pareja de Marie. Tenía 14 años y andaba en bicicleta rumbo a su colegio cuando un agente de Elite la vio. La ficharon para la agencia, la ayudaron a ganar un concurso y en cuestión de días estaba en París. Marie, dos décadas mayor, se le acercó y en pocos meses se fue a vivir con él. Su primer encuentro sexual es narrado por Bolster como una violación: “Entré a su oficina y él se me vino encima. No tuve manera de pararlo. Estaba shockeada. Me pareció que no tenía alternativa”.

Marie la convirtió en tapa de las revistas más importantes, pero también la introdujo en un mundo de drogas y promiscuidad. Para resguardar lo que ganaba, la agencia le ofreció abrirle una cuenta en Suiza. Ella aceptó pero cuando quiso retirar el dinero para comprarse una casa, se enteró de que no estaba a su nombre. A los 17, sola y sin posibilidad de comunicarse con sus padres porque la agencia se lo impedía, dijo basta. Volvió a Estados Unidos, abandonó París y nunca más pisó una pasarela.
Bolster no fue la única. El periódico inglés The Guardian logró el testimonio de Wendy Walsh. En 1980, la joven era una bonita canadiense que deseaba ser modelo. Después de intercambios telefónicos, Marie la invitó a viajar con su madre. En su oficina de París se encontraron con este carismático hombre de entonces 30 años. Las invitó a almorzar, aduló a la madre, prometió cuidar a la hija. Dos meses después, en junio de 1980, Walsh se mudó a París. “Era joven, ingenua y me brillaban los ojos”, dice ahora. “No tenía ni un poco de miedo, porque confiaba en que todos los adultos iban a cuidar de mí y a convertirme en una modelo famosa”.
Como relata el periódico británico, Walsh pasó al departamento de nuevos rostros de la agencia y la enviaron a “visitas” con clientes potenciales. Le pedían que fuera a fiestas que le aseguraban ayudarían a su carrera. “Eran viejos y ricos playboys en apartamentos muy glamurosos con grandes cuencos de cocaína. Todos borrachos. No se hacía ningún negocio, no había fotógrafos”, narró.

A las semanas le pidieron que cambiara su color de cabello. Lo hizo. Después le dijeron que Walsh quería reunirse con ella, en su departamento. “Con la sabiduría de un adulto, las reuniones de negocios no tienen lugar en los departamentos a las nueve de la noche”, reflexionó la ahora exmodelo “Pero cuando tienes 18 años y crees en todos los adultos que te rodean, simplemente haces lo que te dicen. Así que fui”.
Marie le sirvió una copa de champán y le ofreció aperitivos. Le dijo que sabía que era católica, y que él también lo era. Entonces, “su mano estaba debajo de mi camiseta y me decía: ‘Eres la única modelo de la agencia con pechos grandes, me encanta’. Todo lo que pensaba era: ‘Si hago enojar a este hombre, nunca volveré a tener trabajo’”.
Walsh intentó detenerlo. “(Yo era) una chica dulce, joven e ingenua que tiene miedo de la gente con poder, que intenta decir que no, pero no sabe cómo”. Sin saber cómo detenerlo se le ocurrió una excusa que pensó lo haría desistir. Le dijo que no estaba tomando la píldora, pero según su relato, Marie no solo no paró sino que le quitó la ropa y la violó analmente. “Me dolió y recuerdo claramente una cosa: enterré mi cara en la almohada y dije ‘No’. Olía al perfume de otra persona”.
Walsh le dijo a The Guardian que cree que parte de la razón por la que Marie pudo abusar de modelos como ella fue la barrera del idioma. “No conocí a ninguna modelo francesa mientras estuve ahí. Nos eligieron específicamente porque no entendíamos el idioma, estaríamos lejos de casa y no sabíamos qué demonios estaba pasando. Él tenía el control total”.

Carré Otis conoció a Marie cuando él estaba casado con Linda Evangelista. Recién llegada a París, la joven, que luego protagonizaría Orquídea salvaje y un complejo matrimonio con Mickey Rourke, fue invitada a instalarse en el departamento que Marie compartía con la supermodelo porque “creía mucho en su potencial”. La dejaron instalarse en el cuarto de su hija, pero cuando Evangelista se iba, Marie la llevaba al baño para compartir cocaína y violarla. Ella tenía solo 17 años, él, 20 más. “Gérald Marie se puso sobre mí, quitando las sábanas de la cama. Antes de que pudiera reaccionar, su cuerpo pegajoso estaba sobre mí y esos asquerosos rizos húmedos suyos caían sobre mi cara. El olor de él me daba ganas de vomitar... Parecía experto en conseguir lo que quería, y en la confusión de mis piernas desnudas y ruegos y llantos, su mano encontró mi boca y la sujetó, tratando de silenciarme”, describió en su biografía Beauty disrupted.
Al cumplir los 18 años, Ottis decidió defenderse de los abusos. Entonces Marie la echó de su casa y le suspendió todos los trabajos. “Cuando eres solamente un niño, realmente lo que haces es sobrevivir, y normalizarlo, o compartimentarlo es la respuesta clásica frente a un trauma… Así que intenté desarrollar mi carrera tratando de dejar a un lado algo que fue completamente horrible y traumático para mí”, diría la modelo muchos años y muchas sanaciones después. En el 2021 fue una de las tres mujeres que presentó una demanda acusando a Marie por violación.

No solo las mujeres se animaron a hablar. El empresario libanés Omar Harfouch, que trabajó en Elite en esa época, atestiguó ante la policía francesa sobre un peligroso juego al que Marie y otros colegas dedicaban su tiempo: competían para ver cuál de ellos mantenía relaciones sexuales con más modelos. Alguno puede argumentar que podían ser relaciones consensuadas, pero se conseguían más puntos cuanto más joven era la víctima. “Y si eran vírgenes, más puntos. Al final de cada semana de la moda cotejaban entre ellos”. Ya no es juego ni consenso; es un delito.
En 1999 parecía que por fin alguien detendría a Marie. Se difundió una investigación de la BBC que lo filmó diciendo que esperaba seducir a las concursantes de Elite Model Look, además de ofrecer a una periodista encubierta dinero a cambio de sexo. Ante la difusión del material, lo suspendieron -pero no despidieron- de la agencia. Marie aseguró en una entrevista: “Estoy destruido… estoy acabado”, pero de desmentir o al menos pedir perdón, nada.
Demostrando que lo justo a veces tiene poco que ver con lo legal, Elite, lejos de investigar los posibles delitos, interpuso una demanda por difamación contra la BBC, alegando que el reportaje estaba “editado de forma deshonesta”. El caso se resolvió, la cadena británica se disculpó y admitió que su representación fue injusta. El video desapareció y se restituyó a Marie, quien siguió dirigiendo Elite Model Look por mucho tiempo más.
Después de años de mala gestión financiera, Elite se vio obligada a declararse en bancarrota en 2004. El contrato de Gérald Marie con la agencia finalizó en diciembre de 2010. Sin embargo, sus contactos con la moda siguieron. Se unió a Oui Management, una agencia parisina cuyas modelos encabezan campañas de Louis Vuitton y portadas de la revista Vogue. Hace unos años se desvinculó pero todavía se lo puede ver en producciones fotográficas.
Casado con una modelo rusa divide su tiempo entre París y su casa en Ibiza, que según un periódico local cuenta con “la mejor bodega de vinos franceses de la isla”. Sigue refutando “con consternación estas acusaciones falsas y difamatorias” y asegura que solo hará declaraciones frente “a las autoridades permanentes”. Al parecer no tiene miedo, ya sabemos que a veces la Justicia no tarda simplemente porque jamás llega.
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