Ryan O'Neal (Foto: Shutterstock)
Ryan O'Neal (Foto: Shutterstock)

En los 70, la famosa frase de Moria Casán “si querés llorar, llorá” podría haber sido cambiada por un “si querés llorar, mirá Love story”. La película contaba la historia del hermoso y millonario Oliver Barrett IV encarnado por el no menos hermoso Ryan O’Neal, que se enamoraba de la bella pero pobre Jenny/Ali MacGraw. Había boda, había oposición del padre rico y una esposa que se moría joven y amada en los brazos de su amado. El argumento simple y algo sensiblero despertaba pasiones entre adolescentes y románticos. El que también despertaba pasiones era Ryan O’Neal que como todo ídolo de los 70 pronto se convirtió en póster para el cuarto y destinatario de miles de suspiros. O’Neal parecía de esos en los que la vida derrocha dones: fama, fortuna, belleza, talento. Sin embargo, como venimos narrando en estas crónicas, las estrellas suelen terminar estrelladas y el actor no fue excepción.

Ryan O’Neal comenzó a ser conocido en la serie televisiva Peyton Place, un éxito entre los años 1964 y 1969. En los 70 alcanzó fama y prestigio por su protagónico en Love Story, fue nominado al Oscar como mejor actor y en Luna de papel y Barry Lyndon. En los 80 su carrera comenzó a declinar. Tan lindo como irascible, seguro pero al límite de la soberbia y poco propenso a realizar concesiones y las necesarias “relaciones públicas”, productores y directores dejaron de convocarlo.

Su vida privada también era compleja Estuvo casado tres veces, la segunda y más conocida con ese ícono que fue Farrah Fawcett. Su primera mujer fue la actriz Joanna Cook Moore. Se casaron a los veinte años más que por amor por una obligación propia de la época: la novia estaba embarazada. Estuvieron tres años juntos y tuvieron dos hijos, Tatum y Griffin. Tiempo después de separarse en 1966, Moore perdió la custodia de sus hijos por consumo crónico de alcohol y drogas. Murió de cáncer de pulmón en 1997.

El romance de Ryan con su segunda esposa, la estrella de Los ángeles de Charlie nació con escándalo. Lee Majors en ese momento marido de Farrah debía viajar a Canadá y le pidió a su entonces amigo Ryan que llevara a cenar a su esposa para que no se sintiera sola. La leyenda cuenta que en esa primera la atracción fue tal que se besaron hasta que les sangraron los labios.

Ryan O'Neal y Farrah Fawcett en 1981 (Foto: Shutterstock)
Ryan O'Neal y Farrah Fawcett en 1981 (Foto: Shutterstock)

Mucho antes que naciera la “Bradangelina”, ellos se convirtieron en una de las parejas más fotografiadas de Hollywood. Hubo peleas, reconciliaciones y muestras de amor en público. Él era adicto a la cocaína y ella padecía depresiones que mitigaba consumiendo alcohol. Fueron padres de Redmond, su único hijo y estuvieron juntos de 1979 hasta 1997. El matrimonio se rompió cuando Farrah, parafraseando a Pampita “vio lo peor que puede ver una mujer”. Es decir encontró a su marido teniendo sexo y sin palta a la vista con la actriz Leslie Stefanson, varios años menor.

Con Leslie, Ryan tuvo a su último hijo, Patrick. Pero la pareja no funcionó porque el actor aseguraba que “no hubo un solo día en el que dejé de amar a Farrah”. Volvieron en 2001 y no se separaron hasta su muerte, el 25 de junio de 2009.

Ryan fue padre de cuatro hijos de tres parejas. Lo que resulta increíble es que los cuatro están unidos no solo por sus lazos de sangre, también por sus vidas atravesadas por adicciones y malas decisiones.

Griffin fue arrestado varias veces por conducir alcoholizado y por tenencia de armas. A los 18 años su consumo descontrolado de alcohol y drogas provocaron una pelea con su padre que terminó cuando este le dio una piña y le hizo saltar dos dientes.

Griffin O'Neal en 1992 (Foto: Grosby Group)
Griffin O'Neal en 1992 (Foto: Grosby Group)

Pero lejos de calmarse, Griffin empeoró. En 1986 conducía una lancha en Annapolis, Maryland, con Gian Carlo, el hijo de Francis Ford Coppola. En una mala maniobra intentó pasar por entre dos embarcaciones unidas por un cable y Gian Carlo murió decapitado.

En el juicio Griffin fue absuelto de homicidio pero condenado por conducción negligente. “Tienes un historial de mentiras, con muy poco respeto hacia los demás”, le dijo el juez cuando supo que el piloto mintió al decir que era Coppola quien conducía. Pese a lo terrible del hecho Griffin todavía lo empeoró. No cumplió con su sentencia de 400 horas de servicio comunitario y pasó 18 meses en la cárcel.

Otro grave incidente entre padre e hijo ocurrió en el año 2007. Ryan llegaba a su casa de Malibú con Farrah cuando su hijo intentó pegarle con un atizador de chimeneas. Según contó el actor en el diario Los Ángeles Times "Yo me agaché, y él golpeó a su propia novia, embarazada, en la cabeza. Me puse nervioso, corrí a mi habitación y tomé mi pistola". El actor disparó y aunque no hubo heridos fue arrestado y luego liberado bajo fianza.

Griffin siguió metiéndose en problemas. Fue detenido por circular alcoholizado con su automóvil, por disparar contra el vehículo de su exnovia y además pasó un tiempo internado en una clínica de desintoxicación. En 2011 fue arrestado por conducir bajo los efectos de la cocaína y en 2012 otra vez fue detenido por cargos de violencia doméstica y comportamiento agresivo. “Ya no tengo ninguna relación; no he hablado con él desde que le disparé. No a él sino a la escalera”, declaró y aclaró el actor.

Griffin O'Neal en el funeral de Farrah Fawcett (Foto: Shutterstock)
Griffin O'Neal en el funeral de Farrah Fawcett (Foto: Shutterstock)

Con Tatum, tampoco le fue mejor. En su biografía, ‘Vida de papel’, la única hija mujer de Ryan cuenta cómo su padre le dio a Melanie Griffith –después de intentar seducirla- unos miles de dólares para que la llevase con ella a París. Tatum tenía12 años y empatizó con su vecina de habitación, Maria Scheneider, que la llevó a varias fiestas sexuales.

La adolescente pronto se hizo adicta a las drogas. Había heredado la belleza de su padre, obtenido un Oscar a los 10 años y andado a los besos con Michael Jackson. En 1986, con 19 años se casó con el tenista John Mc Enroe pero varios intentos de suicidio de Tatum sumado a su adicción a las drogas provocaron no solo el fracaso de la pareja también que perdiera la custodia de sus tres hijos Kevin, Sean y Emily. Adicta a la heroína, la actriz fue arrestada en el 2008 cuando intentaba comprar crack y cocaína. Ante los policías argumentó que estaba “ensayando para una obra”.

Tatum y Ryan hoy no mantienen contacto. Quizá porque nunca pudo perdonarle que cuando era apenas una nena de 10 años y subió a recibir el Oscar ninguno de sus padres estaba presente. Dicen que esa noche en su cuarto embotado de alcohol y ciego de envidia, Ryan golpeó a su hija enojado por no haber recibido él la estatuilla. Cierto o no, jamás lo desmintieron.

Tatum O'Neal (Foto: Shutterstock)
Tatum O'Neal (Foto: Shutterstock)

Tampoco pudo escapar a lo que ya parece maldición Redmond, el hijo que tuvo con Farrah. Desde la adolescencia se hizo adicto a la heroína. En una entrevista en Vanity Fair el actor reconoció que su hijo pasó por 13 centros de rehabilitación: “ Ha tenido una vida terrible” y siguió “Tiene adicciones que no puede controlar; se duerme en la mesa. Nunca ha tenido dinero, nunca ha tenido un coche. Ha estado sin salir a la calle durante un año, porque la policía no paraba de detenerlo”.

En la entrevista narró otro hecho insólito, su hijo estuvo detenido... estando detenido. En la cárcel lo encontraron con heroína en el bolsillo. Sin medias tintas expresó que su hijo era un “pobre estúpido”. “Él no es un matón, no sabe cómo serlo. Solo es un bobo y lo sabe” para terminar asegurando que después de haber pasado por tantos centros de rehabilitación de todo Estados Unidos y México estaba “agradecido de que no tenga VIH".

Unos días antes de la muerte de Farrah, la policía hizo un allanamiento en la casa de Malibú y detuvo al actor junto a su hijo porque encontraron metanfetaminas. “Al llegar la policía a las 4.30 de la madrugada, con Farrah allí, yo no iba a decir: ‘¡Es suya! El sabe que ella se va a morir. Estará en la cárcel y algún guardia se lo comunicará. La enterraremos sin él. Va a ser una mierda, pero ella no lo sabrá nunca”. Fawcet murió unos días después y su hijo, libre bajo fianza pero realizando un programa de rehabilitación, no pudo despedirse personalmente sino a través de una llamada telefónica. Le dijo que la amaba y que estaba muy arrepentido. Un juez lo autorizó a asistir aunque esposado al funeral.

Redmond y Ryan O'Neal Ryan O'Neal en 2008 (Foto: Shutterstock)
Redmond y Ryan O'Neal Ryan O'Neal en 2008 (Foto: Shutterstock)

La muerte de su madre no impidió que se siguiera metiendo en problemas. En 2009 lo detuvieron por pasar un semáforo en rojo y le encontraron drogas en el auto. Para salir de la cárcel necesitaba 25 mil dólares, el problema es que su padre se negaba a pagar la fianza harto de verlo meterse en problemas.

En 2015 y en plena libertad condicional lo encontraron nuevamente consumiendo drogas. En mayo de 2018 y pese a haber heredado la fortuna de su madre calculada en cinco millones de dólares, robó una farmacia de la ciudad de Santa Mónica, amenazó al empleado con un cuchillo y le exigió todo el dinero de la caja. Las autoridades lo detuvieron unas horas después. Días antes, en una pelea le había clavado a un hombre una navaja en la cabeza y a otro lo había herido con un botellazo.

Según Redmon la culpa de todo era de sus padres. “Las drogas no han sido el problema sino el trauma psicológico de mi vida entera, mis experiencias vitales son lo que más me han afectado”, declaraba a Radar Online. Aseguraba que toda su adicción era producto de las peleas de sus padres, que lo echaran de su casa, las sucesivas internaciones en las clínicas y obviamente el seguimiento de la prensa por ser hijo de padres famosos. No aclaró que justamente por ser hijo de padres famosos tuvo posibilidades que la mayoría de la gente no.

Ryan O'Neal con su hijo Patrick en 1987 (Foto: Shutterstock)
Ryan O'Neal con su hijo Patrick en 1987 (Foto: Shutterstock)

De Patrick, el hijo menor, no se sabe mucho. Hasta ahora no tuvo problemas de adicción, arrestos ni denuncias por violento. Según su padre “le va bien, tiene su propio programa en un canal de deportes” pero cuando parecía que diría algo amoroso agregó “pero tampoco me gusta. No es simpático”.

Lejos de la autocompasión, en la entrevista con Vanity Fair, Ryan reconoció que “Soy un padre incompetente. Creo que no estaba destinado a tener hijos. Mis hijos están en la cárcel o deberían estarlo”. Pero cuando parecía que iba a mostrar cierto arrepentimiento o un costado paternal siguió: “Ahora no estoy en contacto ni con Patrick, ni con Tatum ni con Griffin y nunca he sido más feliz”. Ante semejante remate y como dice el paisano dan ganas de decirle “don Ryan, no aclare porque oscurece”.

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