Las razones por las que me fui de Argentina y por ahora no pienso volver

Matías Palacios es periodista. Voló a España hace más de dos años. Buscaba desafíos laborales, pero también una vida en un país previsible "donde las cosas funcionan, los precios no aumentan y que al entrar a tu casa no tenés que mirar atrás por miedo a que algo te pase", dice. Las consultas que hoy le hacen otros argentinos que quieren partir

Matías Palacios es periodista y relator deportivo desde hace más de 20 años. En 2018 dejó el país buscando una mejor calidad de vida
Matías Palacios es periodista y relator deportivo desde hace más de 20 años. En 2018 dejó el país buscando una mejor calidad de vida

No es fácil emigrar, irse del barrio, cambiar de casa, mudarse a otro país. Atreverse a salir de la renombrada zona de confort. Desde que tomé esa decisión escuché y leí frases de todo tipo a partir de que comenté en una entrevista radial - con Luis Novaresio- que me había ido de la Argentina para tratar de vivir mejor.

Elogios y críticas. Odiadores seriales y buena gente se entremezclaron para dejar su punto de vista. Desde recibir un “sos antiargentino” a “lo bien que hiciste en irte”, pasando por el “no te quedaste a pelearla como nosotros, cobarde” o el “no se te ocurra volver porque acá todo está peor”. “Vendepatria” vs “valiente”. Y los clásicos “no vengas porque acá no te necesitamos” y el “¡cómo la viste venir!”.

De todo esto uno no es ni representa esos extremos. Es simplemente alguien que probó algo diferente, que quiso salir del “cómodamente incómodo” (frase que pronuncié hace dos años y que varios me la refirieron en distintas oportunidades) en el que estaba. Alguien que se fue porque a veces se sentía como visitante aún siendo local. Alguien que renunció a dos trabajos firmes para probarse a sí mismo. Y que como tantos argentinos sufrió un asalto y se sintió desprotegido en la calle.

¿Perjudiqué a alguien con la decisión? Creo que no.

Matías Palacios en Cibeles, Madrid
Matías Palacios en Cibeles, Madrid

Soy periodista porque sentí que era lo que quería hacer a mis 5 años, cuando ya jugaba a ser relator de fútbol, tarea que hago desde hace más de dos décadas. Tenía mucho trabajo en Argentina, estuve en los medios más importantes relacionados al fútbol durante toda mi vida laboral, llegué a tener hasta cuatro laburos a la vez... Pero un día sentí que quería vivir en otro lado, de otra manera, sin temores y probar si podía hacer lo mío en un nuevo paisaje. Y acá estoy en Madrid.

Tomar semejante decisión llevó mucho tiempo. Luchas internas, sentimientos encontrados, broncas porque las cosas no son más sencillas en el lugar en el que uno nació. Hasta que finalmente en febrero de 2018 decidimos partir al país que más veces habíamos visitado como turistas: España. En donde me sentía a gusto en cada viaje, comiendo sus platos, transitando sus rutas, charlando con su gente, disfrutando de cierto orden. Allí en donde me había imaginado viviendo a la edad de la jubilación, aunque la Argentina del 2016 y 2017 me aceleró los tiempos.

Junto a su madre en Madrid, cuando ella pudo visitarlo en 2019 antes de la pandemia
Junto a su madre en Madrid, cuando ella pudo visitarlo en 2019 antes de la pandemia

La búsqueda de mejorar la calidad de vida, cambiar de aire y el día a día, sumado a la idea de probar si podía seguir relatando fútbol en otra parte del mundo, fueron razones de peso. Además, vivir en otro país es una experiencia que quería tener y finalmente pensé que hacerlo antes de mis 40 era el momento justo, como también lo era salir de un país que -sentía- preanunciaba un nuevo 2001 que no pensaba sufrir.

Desde aquel momento, no volví, no regresé. Todas las percepciones de mi país son a través de familiares, amigos, conocidos, colegas, de los medios de comunicación y también de gente que no conozco y me escribe por redes sociales para preguntarme “¿cómo está la situación por ahí?”, “¿cómo se hace para instalarse allá?”, “¿Qué documentación necesito?”.

Las consultas que pasaron de ser de un promedio de tres al mes, a una por día. De hecho, en las últimas 24 horas, tres personas me hablaron porque quieren irse del país.

Desesperanzados, cansados, con dolor y tristeza. Preocupados por el futuro de sus hijos. Seguramente también agotados por la cuarentena que es producto de una pandemia mundial (no habría que soslayar esto) que también por acá nos hizo estar casi 100 días encerrados en nuestras casas. Y aunque ahora salimos, con los cuidados necesarios, sabemos que el virus está ahí, latente, que no se ha calmado. Y que la “nueva normalidad” tiene poco de normal.

En la Puerta de Toledo
En la Puerta de Toledo

Ante esas preguntas que me hacen aquellos que sienten ganas, deseo, necesidad de partir, mis primeras palabras son claras. Sin papeles comunitarios, no aconsejo venir. Aquellos que aún están por acá, tras aquella Argentina de 2001, comentan que instalarse en ese entonces era una tarea mucho más fácil. Hoy sin una documentación europea, es muy complicado, imposible diría. Porque sin documentos te quedás afuera del sistema, porque no tendrías cobertura social, porque el estado difícilmente pueda reconocerte para darte una ayuda ante un país que se para laboralmente por completo por el coronavirus.

Converso mucho con esos argentinos que ya estaban por España y con aquellos que llegaron en los últimos dos años. Todos coinciden en que las enormes diferencias de vida entre Argentina y España, en lo cotidiano, pasan porque encontramos previsibilidad, que las cosas funcionan, que los precios no aumentan, que la vida y el ritmo es más tranquilo, que cuando estás por entrar a tu casa no tenés que mirar atrás por miedo a que te pase algo. Que si tenés hijos los podés dejar que anden solos por la calle, o en bicicleta, aquellas cosas que hicimos nosotros de chicos y que sabemos que es imposible de vivir en muchos lugares. O que pueden tener un teléfono celular y no se lo van robar en cualquier esquina cuando regresan del colegio.

Durante su trabajo en España, junto a sus colegas
Durante su trabajo en España, junto a sus colegas

El pasado lunes, Luis Novaresio volvió a preguntarme al aire si pensaba en regresar y dije “momentáneamente no”. Quizás algún día lo haga, o no. No lo sé. Lo que sí tengo claro es que alguien que emprende un cambio de vida y familiar semejante, tan grande, no puede estar pensando en romper todo y volver en poco más de dos años.

Si ocurre lo de la vuelta, ojalá que sea porque mis amigos y familiares viven mejor y me hayan dado mensajes de optimismo. Lo cual en la cíclica Argentina que entra y sale de un pozo cada 10 años, tal vez sea posible.

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