Martina Gonella -23 años, nacida en Río Cuarto, Córdoba- estaba por vivir una experiencia única y que había deseado durante mucho tiempo: un intercambio de su facultad por seis meses a Málaga, España. “Me estaba por recibir de Comunicadora, por ende, irme a estudiar a otro país me volaba la cabeza”, cuenta emocionada.
Antes del viaje decidió hacerse estudios médicos para asegurar que estaba todo bien. Joven, nunca le había dado demasiada importancia al tema de la salud. No sabe por qué esta vez accedió fácil a realizarse el chequeo.
“No me pregunten por qué me hice los exámenes, fue algo que decidí sin encontrar una razón específica, porque antes nunca había tenido tiempo para hacerlos. El mismo día que me los hice, me llamaron para avisarme que en habían dado bajas las plaquetas. Entonces, comencé a realizar exámenes más específicos. Y me diagnosticaron PTI: Púrpura Trombocitopénica Inmunitaria”, detalla con tristeza.
¿Qué significaba ese nombre que nunca había escuchado? EL PTI es un trastorno del sistema inmune donde éste desconoce las plaquetas del paciente y las destruye. En muchas ocasiones los pacientes no tienen síntomas y se manifiesta principalmente con moretones en la piel que aparecen de manera repentina.
En shock por la noticia, Martina tuvo que cancelar su viaje y comenzar un tratamiento con corticoides. “Ni la primera ni la segunda línea de tratamientos funcionaron, así que tuvimos que optar por una tercera línea que fue quimioterapia. Esta última fue la que hizo que siga estable hasta hoy en día”, explica frente a Infobae.
“La quimio fue lo peor psicológicamente, no tanto desde lo físico. Me la hice durante cuatro semanas, una vez cada siete días. Estaba entre 4 y 5 horas con el tratamiento... Mi mamá fue la que siempre me acompañó. A mi papá le hacía muy mal verme durante las quimios, ya que su madre tuvo cáncer de mama y le traía malos recuerdos. Las horas eran interminables... La primera vez dejaron que mi mamá se quedara en la sala conmigo. Lloré las 5 horas seguidas del dolor. Después, las otras veces debí ingresar sola ya que estaba en la sala de quimio aislada”, cuenta.
“Nunca dudé en que iba a salir todo bien, pero era difícil porque tenía que dedicarle mucho tiempo a algo que nunca había estado en mis planes. Jamás me había pasado algo respecto a la salud. Pero, como dice la frase: ‘Siempre después de una tormenta, sale el sol’”.
Ante tanto sufrimiento, Martina decidió escribir todo lo que le pasaba en un blog. “Fue mi escape, mi forma de expresarme y comunicar todo lo que estaba viviendo. Tenía mucha energía acumulada adentro y necesitaba explotarla por algún lado. Fue la única manera de que el tiempo pasara mas rápido y poder salir adelante”, explica la joven. Ademas, empezó a sacar fotos de su vida, descubrió la pasión por la imagen, y comenzó a generar contenido audiovisual que logró vender a distintas marcas comerciales. “De alguna manera, salió el sol. Descubrí qué cosas me apasionaban”, subraya.
¿Y qué pasó con la pandemia al pertenecer a un grupo de riesgo? “Al tener defensas bajas por mi enfermedad, hace 70 días que no pongo un pie fuera de mi casa. Lo único que hago es poner foco en lo que soy buena y en cómo mejorar cada vez más mi material. Logré confiar más en mí y tener la mente en paz. Los momentos malos tienen que servir para enseñarnos algo. Y creo que yo aprendí", finaliza Martina.
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