El descanso entre series suele reducirse para acortar la sesión o aumentar la sensación de esfuerzo. Sin embargo, las pausas de dos a tres minutos pueden favorecer una mayor ganancia de músculo al permitir que se mantengan la carga y el número de repeticiones en los ejercicios más exigentes.
La idea de que entrenar con descansos mínimos produce mejores resultados se instaló durante décadas en los gimnasios. El argumento se apoyaba en estudios de los años 90 que registraron aumentos transitorios de hormona del crecimiento y testosterona después de rutinas con pausas cortas. La interpretación fue directa: menos tiempo sentado equivalía a más estímulo para hipertrofia.
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Según GQ, investigaciones posteriores cuestionaron esa relación. El grupo del investigador Stuart Phillips, de la Universidad McMaster, observó a comienzos de la década de 2010 que esos aumentos hormonales inmediatos no anticipaban el crecimiento muscular alcanzado con el paso de las semanas. Según recogió GQ, los cambios momentáneos en sangre no bastan para determinar la adaptación del músculo.
Un estudio comparó un minuto de descanso contra tres
Una de las pruebas directas sobre este asunto fue publicada en 2016 por Brad Schoenfeld en el Journal of Strength and Conditioning Research, revela GQ. El trabajo reunió a 21 hombres jóvenes que ya tenían experiencia con el entrenamiento de fuerza y los dividió en dos grupos durante ocho semanas.
Ambos realizaron la misma planificación: tres sesiones semanales, siete ejercicios por jornada y tres series de entre ocho y 12 repeticiones hasta el fallo muscular. La única diferencia fue la duración de la pausa entre series. Un grupo descansó un minuto y el otro esperó tres minutos antes de volver a levantar.
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Los participantes que tuvieron pausas más largas lograron mayores progresos de fuerza en sentadilla y press de banca. También registraron un aumento superior en el tamaño de los músculos del muslo. En el tríceps, la diferencia siguió la misma dirección, aunque no alcanzó la misma claridad que en las piernas.
Un metaanálisis bayesiano de 2024 citado por GQ, elaborado por Singer y otros investigadores, añadió matices a esos resultados. Su conclusión fue que descansar más de un minuto aporta una ventaja reducida pero sostenida para la hipertrofia muscular. A partir de aproximadamente un minuto y medio, las diferencias entre pausas más extensas son más difíciles de separar.
La recuperación permite sostener el volumen de entrenamiento
La explicación principal está en el rendimiento. Después de una serie cerca del fallo, el organismo requiere tiempo para reponer parte de la fosfocreatina utilizada y disminuir la fatiga periférica. Si la siguiente serie comienza antes de esa recuperación, resulta más difícil repetir el mismo número de movimientos o mantener la carga.
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En un press de banca con 80 kilos, por ejemplo, una persona podría completar 10, siete y cinco repeticiones al descansar un minuto entre esfuerzos. Eso suma 22 repeticiones. Con una pausa de tres minutos, una secuencia posible sería de 10, nueve y ocho repeticiones: cinco repeticiones más con el mismo peso.
Ese total acumulado importa porque el volumen de trabajo es uno de los factores vinculados al desarrollo de masa muscular. Un descanso demasiado breve puede limitarlo serie tras serie, incluso cuando la sesión genera cansancio, pulsaciones elevadas y sudor.
La percepción de agotamiento no siempre coincide con un estímulo mayor para el músculo. Las pausas cortas elevan la exigencia cardiovascular y respiratoria, pero esa fatiga general puede impedir que el grupo muscular objetivo trabaje con la calidad necesaria en los siguientes intentos.
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Los ejercicios pesados requieren pausas más largas
La duración conveniente del descanso depende del tipo de movimiento y de la cantidad de masa muscular involucrada. En ejercicios multiarticulares pesados, como sentadilla, peso muerto, press de banca, remo con barra o dominadas con carga adicional, la recomendación habitual se ubica entre dos y tres minutos.
En sentadillas y peso muerto, que exigen a gran parte del cuerpo y generan una fatiga elevada, las pausas pueden extenderse hasta cuatro minutos. Esperar ese tiempo no implica perder intensidad, sino preservar la capacidad de ejecutar bien la próxima serie.
En movimientos compuestos realizados en máquinas —como prensa de piernas, jalón al pecho o press de pecho— unos dos minutos suelen ser suficientes. Para ejercicios de aislamiento, entre ellos curl de bíceps, elevaciones laterales, extensiones de tríceps o trabajo de gemelos, el intervalo puede reducirse a 60 o 90 segundos porque la recuperación requerida suele ser más localizada.
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Quienes disponen de poco tiempo pueden recurrir a series alternadas de músculos antagonistas. Por ejemplo, una serie de press para pecho puede combinarse con otra de remo para espalda. Mientras un grupo muscular trabaja, el otro recupera parte de su capacidad. Esta organización permite reducir la duración total sin recortar de forma directa las pausas necesarias.
El cronómetro evita que la sesión se convierta en una carrera
Aplicar el mismo descanso a todos los ejercicios es uno de los errores frecuentes. Una sentadilla pesada y un curl de bíceps no demandan la misma recuperación. También es habitual calcular las pausas de forma imprecisa: lo que parece un descanso de dos minutos puede terminar cerca de un minuto por distracciones o apuro.
Usar un temporizador permite ajustar el entrenamiento al objetivo. El extremo contrario tampoco ofrece ventajas claras. Permanecer cinco, seis u ocho minutos sin actividad entre series puede enfriar el cuerpo, romper la concentración y extender la rutina sin una mejora proporcional del rendimiento.
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Reducir los descansos de semana en semana tampoco constituye, por sí solo, una progresión. Si ese cambio baja las repeticiones o obliga a quitar peso, el volumen total se resiente. Progresar en fuerza e hipertrofia requiere sostener o aumentar el trabajo efectivo, no solamente completar la rutina en menos tiempo.
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