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Distimia: qué es el trastorno depresivo persistente que puede pasar inadvertido durante años

El psiquiatra y neurólogo Enrique De Rosa explicó en Infobae a la Tarde cómo se manifiesta la distimia, qué la diferencia de la depresión mayor y por qué la falta de energía, el pesimismo y la dificultad para proyectarse pueden naturalizarse durante años

Enrique De Rosa explicó que la distimia se diferencia de la depresión mayor por su cronicidad y por un inicio menos brusco
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La distimia, actualmente denominada trastorno depresivo persistente, puede instalarse de manera silenciosa y prolongarse durante años sin que la persona llegue a identificar que atraviesa un problema de salud mental. A diferencia de un episodio depresivo mayor, que suele presentar un inicio más marcado, su principal característica es precisamente la persistencia: el malestar se vuelve parte de la vida cotidiana hasta el punto de que quien lo atraviesa puede llegar a considerarlo una forma normal de vivir.

El psiquiatra y neurólogo Enrique De Rosa analizó el tema en Infobae a la Tarde, luego de que Momo revelara públicamente que había sido diagnosticado con distimia. Durante la charla, el especialista explicó cuáles son sus principales características y advirtió sobre un fenómeno que puede dificultar su detección: la capacidad de las personas para acostumbrarse al malestar.

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De Rosa recurrió a una imagen para explicar esa diferencia. “La carga no es una bolsa de 50 kilos durante media hora, sino una bolsa de 5 kilos durante 20 años”, graficó. El problema, explicó, no necesariamente aparece como una crisis evidente, sino como una disminución sostenida de la energía, del funcionamiento cotidiano y de la capacidad para proyectarse.

(Infobae en Vivo)
De Rosa señaló que preocupa el diagnóstico de distimia en gente joven y rechazó las explicaciones reduccionistas que atribuyen la depresión solo a neurotransmisores (Infobae en Vivo)

Una depresión que puede volverse parte de la vida cotidiana

Al explicar qué distingue a la distimia de otras formas de depresión, De Rosa rechazó la idea de que se trate simplemente de una versión más leve del mismo cuadro. “No es una forma leve de depresión, ni una instancia previa; la base es un estado depresivo persistente”, señaló. En ese sentido, remarcó que el principal riesgo no está solamente en la intensidad de los síntomas, sino en su duración y en la posibilidad de que terminen naturalizándose.

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Por más que parezca leve, no lo es, sino que es crónica”, sostuvo el especialista. Esa cronicidad puede llevar a que una persona se acostumbre a vivir con “baja energía, bajo nivel cognitivo, con ideas a veces pesimistas, sin poder proyectar”. Para De Rosa, allí aparece una de las principales dificultades: cuando el malestar se mantiene durante mucho tiempo, puede dejar de ser percibido como algo que requiere atención.

La diferencia con la depresión mayor, explicó, también está vinculada con la forma en que se presentan los cuadros. “Mientras que la depresión, lo que llamamos depresión mayor, es un episodio tratable y que tiene un comienzo más o menos brusco, en la distimia el gran problema es la cronicidad, es el tiempo”, afirmó.

Por eso, algunos signos pueden pasar inadvertidos durante años. La falta de energía, el desgano, el pesimismo o determinadas manifestaciones físicas pueden aparecer sin alcanzar una intensidad que lleve inmediatamente a consultar. De Rosa mencionó, entre otras señales, cefaleas, trastornos del sueño y distintas somatizaciones que pueden acompañar un estado de malestar sostenido.

El riesgo, entonces, es que la persona termine incorporando esos síntomas a su propia identidad. “La gente empieza a acostumbrarse a ella”, resumió el psiquiatra.

Hombre con ropa oscura sentado en el borde de una cama sin hacer, con las manos en la cabeza y el rostro oculto, iluminado por luz lateral de una ventana.
La falta de energía, el pesimismo, el desgano y la dificultad para proyectarse son síntomas de la distimia que pueden sostenerse en el tiempo (Imagen Ilustrativa Infobae)

El éxito no funciona como una barrera contra el malestar

La exposición pública del diagnóstico de Momo también abrió otro interrogante: ¿cómo puede una persona atravesar un cuadro de este tipo cuando, desde afuera, su vida parece exitosa?

Para De Rosa, una de las claves está en revisar la asociación automática entre éxito y bienestar. “Somos una sociedad que impulsa tanto al éxito, sobre todo a la persona joven, que termina produciendo cuadros de agotamiento”, planteó.

El especialista apuntó especialmente contra una expectativa cada vez más instalada: la idea de que alcanzar determinados objetivos —dinero, reconocimiento, popularidad o éxito profesional— necesariamente traerá felicidad. “La fantasía de que si tengo más éxito, llámese lo que sea, voy a ser feliz. Ergo, mi vida no es feliz porque todavía no tengo éxito. Es una paradoja terrible en la cual están encerradas, particularmente, la gente joven”, explicó.

En ese contexto, las redes sociales pueden profundizar la distancia entre la vida real y la imagen que se construye de ella. Para De Rosa, no se trata de abandonar esos espacios, sino de conservar la capacidad de distinguir entre la representación y la realidad. “Cuidar mi salud mental hoy es fundamental. Hoy estar, por ejemplo, a no caer atrapado por la fantasía de las redes, lo cual no quiere decir no participar en redes, significa no perder la conciencia de realidad”, sostuvo.

La visibilización de estos diagnósticos por parte de figuras públicas, en cambio, puede contribuir a reducir el estigma. De Rosa consideró que está desapareciendo progresivamente la idea de que atravesar un problema de salud mental equivale a un fracaso personal. “Nada, tengo un problema y lo tengo que resolver, y es el mismo problema que les puede pasar a ustedes”, planteó como una forma diferente de abordar estos padecimientos.

(Imagen Ilustrativa Infobae)
La distimia también puede incluir cefaleas, trastornos del sueño y somatizaciones que acompañan un estado depresivo persistente (Imagen Ilustrativa Infobae)

Por qué preocupa que aparezca cada vez más temprano

Otro de los puntos que destacó el especialista fue la edad de las personas que llegan a recibir este tipo de diagnóstico. Según explicó, tradicionalmente la distimia tendía a identificarse en etapas más avanzadas de la vida, mientras que hoy observa cuadros en personas jóvenes.

Lo que sorprende y preocupa es que se hagan diagnósticos de distimia en gente joven, porque lo que uno veía era un diagnóstico que se establecía en gente eventualmente pasando los 40”, señaló. Para De Rosa, el fenómeno obliga a mirar también las condiciones sociales en las que transcurre la vida de las nuevas generaciones y la dificultad creciente para construir expectativas de futuro.

Nos habla mal de nuestra sociedad, de cómo se ha armado el mundo, que hoy una persona joven esté con estos cuadros de agotamiento, de ya no tener ganas, de falta de energía”, sostuvo.

En esa línea, el psiquiatra vinculó la dificultad para proyectarse con una mayor vulnerabilidad durante la juventud. “La infancia y la juventud, que hace unos años eran áreas felices, hoy lamentablemente no se reflejan. Son áreas muy vulnerables en las cuales la incapacidad para proyectarse da que tengamos una recrudescencia en cuadros”, afirmó.

jóvenes adolescentes utilizan el celular, siendo una adicción incontenible, hiperconectividad - (Imagen Ilustrativa Infobae)
Las redes sociales pueden profundizar la distancia entre imagen y realidad, y complicar el cuidado de la salud mental en los jóvenes (Imagen Ilustrativa Infobae)

Una mirada más amplia sobre la salud mental

De Rosa también cuestionó las explicaciones reduccionistas sobre el origen de la depresión. En particular, advirtió contra la idea de entender estos trastornos únicamente a partir de una alteración de determinados neurotransmisores. “La teoría de los neurotransmisores y de ahí la serotonina básica, desde el año 89 está totalmente descartada. La depresión es un cuadro mucho más amplio que una baja o alta de un neurotransmisor”, afirmó.

Su planteo apunta a una concepción multifactorial de la salud mental, en la que intervienen distintos elementos personales, biológicos y ambientales. En ese marco, la prevención y la consulta adquieren relevancia antes de que el malestar se convierta en una condición que la persona simplemente incorpora a su rutina.

La distimia puede no interrumpir por completo la vida cotidiana. Precisamente por eso puede ser difícil de reconocer. Una persona puede continuar trabajando, estudiando, relacionándose y cumpliendo con sus responsabilidades mientras convive durante años con una sensación persistente de desgano, baja energía o pesimismo.

Para De Rosa, reconocer ese malestar como un problema y no como un rasgo de personalidad es un primer paso para poder abordarlo. La cuestión, en definitiva, no es solamente cuánto pesa el malestar en un momento determinado, sino cuánto tiempo lleva acompañando a una persona sin que haya podido ponerle un nombre ni buscar ayuda.

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