¿El otoño te deja sin energía? Lo que revela la ciencia sobre la fatiga estacional

La disminución de luz solar y las bajas temperaturas afectan el ánimo y el descanso. Cuáles son los síntomas y qué recomiendan los expertos para recuperar las ganas en esta época del año

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El descenso de horas de luz solar en otoño altera el ánimo y el sueño en gran parte de la población (Imagen Ilustrativa Infobae)

La alarma suena cuando el cielo aún está oscuro y la energía parece haberse evaporado durante la noche. El otoño trae consigo más que hojas secas: muchas personas experimentan una fatiga persistente, apatía y cambios notorios en el ánimo y el sueño apenas disminuyen las horas de luz solar. Esta transformación, lejos de ser solo una sensación pasajera, tiene una explicación biológica que afecta a millones cada año.

Astenia otoñal: el cansancio que llega con el cambio de estación

La llegada del otoño provoca una reducción de la luz natural, lo que altera el funcionamiento de sistemas fundamentales en el organismo.

Según explicó Liliana Acuña, psicóloga de Boreal Salud, el cuerpo humano está preparado para responder a la luz natural por lo que “cuando las horas de sol disminuyen, pueden producirse cambios físicos y emocionales que muchas veces pasan desapercibidos o se naturalizan”.

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Entre los síntomas más comunes de la astenia otoñal se encuentran la fatiga, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, el aumento del apetito por alimentos ricos en carbohidratos y alteraciones en el sueño.

Muchas personas notan también una sensación general de desgano y una baja en la motivación para realizar actividades cotidianas. En algunos casos, estos síntomas pueden intensificarse y afectar la vida diaria, dando lugar al Trastorno Afectivo Estacional (TAE), una condición reconocida por organismos internacionales de salud mental.

La astenia otoñal se manifiesta con cansancio persistente, irritabilidad y dificultad para concentrarse (Imagen Ilustrativa Infobae)

El reloj interno y la biología de la luz

La menor exposición al sol tiene repercusiones directas sobre la producción de serotonina y melatonina, hormonas que regulan el estado de ánimo y el sueño, respectivamente. Además, la luz natural es clave para mantener alineado el ritmo circadiano, el reloj biológico que sincroniza múltiples funciones del cuerpo cada día.

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Según un informe de Northwestern Medicine, el cerebro interpreta la luz como señal para estar despiertos y activos. Cuando los días se acortan, el organismo recibe señales contradictorias, lo que provoca una sensación de lentitud, somnolencia y malestar anímico.

La doctora Phyllis C. Zee, jefa de Medicina del Sueño en Northwestern Medicine, detalló que el cuerpo -incluidos todos sus órganos- está alineado para adaptarse al entorno: “Todo se coordina a través del marcapasos principal, ubicado en el núcleo supraquiasmático del cerebro”.

Dolor físico, sueño y emociones: una cadena conectada

El impacto del otoño no se limita al ánimo. Los cambios de estación pueden influir sobre la percepción del dolor, la calidad del sueño y hasta en la aparición de síntomas físicos como dolores musculares y de cabeza.

Un análisis de la clínica Regenerative Institute of Newport Beach indicó que “la reducción de la luz solar desordena la liberación de melatonina y el cortisol, lo que explica por qué el dolor y la fatiga suelen ir de la mano en los meses más fríos”.

La reducción de luz natural impacta en la producción de serotonina y melatonina, hormonas clave para el bienestar (Imagen Ilustrativa Infobae)

Las personas con enfermedades crónicas suelen reportar un aumento de la rigidez y de los brotes de dolor durante el otoño e invierno. El ciclo sueño-dolor se vuelve más evidente: dormir mal incrementa la sensibilidad al dolor y el dolor interfiere con el descanso, perpetuando el malestar.

Durante el invierno, los brotes de dolor aumentan entre 30 y 40%. Además, la actividad física disminuye debido al frío y la menor exposición al aire libre, lo que agrava la sensación de agotamiento y afecta el bienestar general.

Estrategias para enfrentar la astenia otoñal

Aunque los síntomas de la astenia otoñal no suelen ser graves y tienden a desaparecer en unas semanas, pueden alterar la calidad de vida. En una nota previa para Infobae, la doctora Stella Maris Cuevas, médica otorrinolaringóloga, señaló que “este trastorno se manifiesta con síntomas como fatiga corporal, dolor muscular, irascibilidad y tendencia a la hipotensión, lo que provoca desgano, junto con dolor de cabeza”.

El ritmo circadiano se desajusta ante la menor exposición solar, provocando sensación de lentitud y somnolencia (Imagen Ilustrativa Infobae)

Para abordar estos síntomas, los especialistas recomiendan mantener horarios regulares de sueño, aprovechar las horas de luz natural, realizar actividad física y sostener espacios de socialización. En los casos más intensos, se puede indicar psicoterapia, acompañamiento médico o tratamientos como la fototerapia, que utiliza luz artificial para compensar la falta de sol.

La educación en higiene del sueño, la regularidad en las comidas y el ejercicio diario ayudan a restablecer el equilibrio del ritmo circadiano y a mejorar tanto el ánimo como la percepción del dolor. Si los síntomas persisten o interfieren en la vida cotidiana, los profesionales sugieren consultar con un médico para descartar otras causas y recibir un tratamiento adecuado.

Los especialistas coinciden en que detectar a tiempo los síntomas de la astenia otoñal y entender que los cambios estacionales afectan la salud física y emocional es clave para prevenir complicaciones. La combinación de menos luz, temperaturas más bajas y rutinas más sedentarias exige atención para evitar que el malestar se prolongue durante los meses fríos.

Muchas veces los síntomas se minimizan porque se consideran normales de esta época, pero cuando persisten o afectan la calidad de vida es importante consultar con profesionales. Existen herramientas y tratamientos eficaces para atravesar este período de manera saludable.