Pocos rituales posteriores al entrenamiento tienen tanta aceptación como el masaje tras el ejercicio físico, una práctica extendida tanto entre deportistas profesionales como en el ámbito amateur. Aunque suele asociarse al bienestar y la relajación muscular, la evidencia científica disponible, según The New York Times, matiza sus efectos reales y señala que los beneficios objetivos son limitados.
Diversos estudios coinciden en que el masaje, pese a ser percibido como placentero, produce un impacto fisiológico modesto en la recuperación muscular tras la actividad física. Un meta-análisis citado por The New York Times, que revisó 29 estudios con 1.012 participantes, encontró mejoras leves en la flexibilidad y en la percepción del dolor muscular, pero no en la fatiga ni en el rendimiento físico.
El mayor beneficio del masaje estaría vinculado al bienestar psicológico y la reducción del estrés, más que a una mejora cuantificable en la función muscular.
Según la profesora Shona Halson, experta en ciencias del ejercicio en la Australian Catholic University, el atractivo principal del masaje radica en la sensación inmediata de bienestar personal. Esta práctica está presente en maratones, gimnasios y centros de alto rendimiento, donde equipos de élite incorporan terapeutas especializados y las carreras populares cuentan con puestos de masaje.
Qué impacto tiene el masaje sobre la recuperación muscular
Existe la creencia generalizada de que el masaje mejora el flujo sanguíneo y elimina el ácido láctico, históricamente vinculado al dolor muscular tras el ejercicio intenso. Sin embargo, Halson advierte que “la evidencia simplemente no existe” para sostener estos efectos.
En ese sentido, la comunidad científica ha descartado al ácido láctico como causante de las molestias post-ejercicio, ya que el cuerpo lo elimina de forma natural sin requerir intervenciones externas.
Para quienes entrenan con regularidad, la circulación sanguínea suele ser óptima, por lo que la manipulación manual aporta escaso impacto fisiológico, según la profesora. El médico Martin D. Hoffman, investigador retirado de la Universidad de California, Davis, agrega que el masaje no elimina productos de desecho acumulados en los músculos, ya que estos procesos dependen de mecanismos bioquímicos independientes de la presión manual.
Según Timothy Chico, cardiólogo de la Universidad de Sheffield y autor principal del estudio, el meta-análisis de 2020, citado por The New York Times, concluyó: “No hallamos mucha evidencia de que el masaje sea útil”.
Aunque algunos especialistas reconocen que ciertos beneficios pueden ser difíciles de medir, la mejoría percibida tras un masaje no siempre se refleja en pruebas de laboratorio.
El efecto psicológico y la percepción de alivio
El impacto más relevante del masaje, de acuerdo con varios expertos, se produce a nivel mental. Hoffman dirigió en 2015 un estudio con 72 corredores que completaron la Western States Endurance Run, donde compararon masaje tradicional y botas neumáticas de compresión. Ambos métodos ofrecieron un alivio inmediato en el dolor y el cansancio, aunque este efecto solo tuvo una duración de unas horas.
Otras revisiones sobre masaje deportivo llegan a conclusiones similares: no se observa un beneficio fisiológico claro y sostenido, pero sí una sensación momentánea de alivio. Existen trabajos que sugieren que la vibración cutánea, como la que producen las pistolas de masaje, puede disminuir el dolor a través de mecanismos vinculados al sistema nervioso central.
Los especialistas subrayan que el masaje contribuye a relajar tensiones y reducir el estrés acumulado tras el ejercicio o las exigencias cotidianas. The New York Times destaca que la principal fortaleza de esta práctica reside en su capacidad para restaurar la energía emocional.
La visión de la ciencia y el lugar del masaje en la cultura deportiva
El consenso entre los expertos es que el masaje no constituye una solución milagrosa para la recuperación muscular. Tim Roberts, vicepresidente de ciencia e innovación en Therabody, señala: “El masaje no es magia”.
Y añade que no existe un método secreto para potenciar la recuperación mediante pistolas de masaje, ya que estos dispositivos solo colaboran con procesos naturales del organismo.
La mayoría de las estrategias post-ejercicio contribuyen principalmente a la relajación, mientras el cuerpo se repara por mecanismos propios. Para quienes practican deporte, conocer estos matices permite ajustar expectativas y comprender que el atractivo del masaje reside, sobre todo, en la sensación de satisfacción y bienestar, incluso si los efectos fisiológicos mensurables son modestos.
A pesar de las limitaciones científicas sobre la recuperación muscular, el masaje mantiene un lugar central en la cultura atlética. Halson subraya que para muchos atletas, estos momentos de atención personalizada sirven para desahogarse mentalmente y reforzar la motivación, elementos clave para la constancia y el éxito a largo plazo.
Sentirse más ligero, relajado y optimista luego de una sesión es motivo suficiente para que numerosos deportistas lo incluyan en su rutina. Aunque la ciencia no respalde plenamente los objetivos de “eliminar toxinas” o acelerar la recuperación muscular, el aporte al bienestar integral es difícil de igualar con otros métodos.
El valor real del masaje parece residir en su capacidad para aportar significado y disfrute al proceso de recuperación. La percepción personal de mejoría puede ser tan relevante como cualquier parámetro físico medido en laboratorio, consolidando al masaje como una práctica legítima y vigente dentro de las estrategias de recuperación deportiva.