
En el punto álgido de la pandemia, las personas de todo el mundo limpiaban y esterilizaban sus compras para protegerse del COVID-19. Resulta que ahora sabemos que hacerlo puede no haber sido del todo inútil.
Las últimas investigaciones señalaron que el virus puede vivir en las superficies de ciertos alimentos durante una semana entera, como mostró un nuevo estudio realizado por la Universidad de Southampton y encargado por la Agencia de Normas Alimentarias (FSA, por sus siglas en inglés) del Reino Unido.
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Los investigadores depositaron el virus a propósito en productos y envases como verduras, productos de panadería y bebidas enlatadas, para observar cuánto tiempo podía vivir el coronavirus en sus superficies.
La cantidad de virus depositada en los productos se eligió en función de una estimación de la cantidad de virus que probablemente caería en los productos a través de las gotitas respiratorias, por ejemplo, si alguien estornudara o tosiera cerca de ellos.
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La FSA concluyó que la proporción de alimentos o envases de alimentos con contaminación por COVID-19 en sus superficies “es extremadamente baja, pero no insignificante”.
Cuando se probó a diferentes temperaturas y niveles de humedad, basados en los métodos de almacenamiento habituales para determinados productos de alimentación, el virus pudo vivir en estos cinco productos:
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1. Brócoli: hasta cinco días.
2. Queso: de varios días a una semana.
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3. Carne refrigerada: de varios días a una semana.
4. Superficies de plástico, incluidas botellas de plástico: de tres días a una semana.
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5. Pimientos frescos refrigerados: hasta una semana.
Cómo consumir estos alimentos de forma segura

Afortunadamente, las superficies de la mayoría de los alimentos registraron un descenso importante de los niveles del virus en las primeras 24 horas, incluidas las manzanas, los dulces de panadería y las latas de aluminio. Así que no es necesario recurrir a prácticas de desinfección intensivas como en 2020.
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Aun así, los expertos sugieren procedimientos estándar de compra en el supermercado, como lavar los productos frescos y limpiarse bien las manos antes de preparar y consumir alimentos.

Los experimentos realizados tienen, por necesidad, importantes limitaciones. El virus que se inoculó directamente en las distintas superficies estaba contenido en líquidos utilizados en el laboratorio que ofrecen fluidez y estabilidad a las partículas víricas, mientras que en la vida real los virus están contenidos en la saliva. Esto es importante porque el medio en el que el virus está suspendido contribuye a la supervivencia del virus.
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Del mismo modo, el tamaño de las gotitas es muy variable, mientras que en este estudio se utilizó un tamaño de “gotita” intermedio. Quizás lo más importante es que no sabemos qué cantidad de virus infeccioso se necesita en una superficie para que se produzca la transmisión.

Sabemos por estudios anteriores a esta pandemia que los virus respiratorios pueden transmitirse, aunque raramente, a través de esta vía de contacto superficial (también conocida como “fomite”). Cerca del inicio de la pandemia, no sabíamos hasta qué punto era probable que la transmisión del SARS-CoV-2 se produjera por esta vía, por lo que se nos aconsejó que limpiáramos los alimentos para reducir el riesgo de transmisión.
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Sin embargo, rápidamente aparecieron pruebas epidemiológicas que demostraban que la transmisión por fómites era poco frecuente. Dejamos de limpiar las compras y no ocurrió nada dramático.
“El público puede estar interesado en el hallazgo de que el virus puede persistir en un estado infeccioso, en los alimentos y las superficies de envasado de alimentos, durante varios días bajo ciertas condiciones comunes”, escribió la FSA. Y concluyó: “Existe la posibilidad de transmisión a través de alimentos contaminados si éstos están en contacto directo con la boca y las membranas mucosas”.
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